Frases inspiradoras para empezar el año

brindis

El cambio de año suele ser época de fiestas, regalos y diversión, pero también es un fantástico momento de reflexión en el que tomar consciencia de aspectos importantes de nuestra vida.  El último post de este año lo dedico a compartir con vosotros algunas frases célebres y otras que no lo son tanto, que he ido recopilando a lo largo del año y  que a todos, en algún momento de nuestro día a día,  nos pueden servir de inspiración:

  • Lo importante en la vida es saber justamente qué es lo verdaderamente importante.
  • El secreto del cambio está en no luchar contra lo viejo sino en construir lo nuevo.
  • Vigila lo que piensas: las creencias tienen el poder de crear y el poder de destruir.
  • Tanto si crees que puedes como si crees que no puedes, estás en lo cierto.
  • Nuestras excusas jamás deberían ser mayores que nuestros sueños.
  • El único fracaso verdadero en la vida es no aprender de ella.
  • Incluso el árbol más grande en su día también fue semilla.
  • La satisfacción de las cosas no se encuentra en el resultado que obtenemos de ellas sino en la cantidad de nosotros mismos que ponemos en ellas.
  • Cuanto más claro tengas el “qué” y el “para qué”, más fácil y eficaz se volverá el “cómo”.
  • Siempre queda un poco de perfume en las manos que ofrecen flores.
  • Como nos trate la gente es asunto suyo. Como reaccionemos nosotros a ello es asunto nuestro.
  • Si haces algo noble y nadie se da cuenta, piensa que el amanecer es hermoso y la mayor parte de la gente duerme todavía.
  • Al final somos lo que decidimos ser cada día.
  • Muchas veces, que la realidad sea distinta solamente depende de cambiar nuestro punto de vista.
  • Educar la mente sin educar el corazón no es educar en absoluto.
  • Las palabras convencen, pero es el ejemplo el que arrastra.
  • Donde quiera que vayas, no importa el tiempo que haga. Siempre trae contigo tu propio sol.
  • Hay dos maneras de vivir la vida: contar los días sin disfrutar del momento o intentar hacer de cada día un momento especial. Nosotros decidimos.
  • La única manera de encontrarse, es perdiéndose primero. No hay crecimiento posible sin salir de la zona de confort.
  • El reconocimiento más valioso que podemos conseguir en esta vida es el de ser buenas personas.
  • El mayor error del ser humano es intentar sacarse de la cabeza aquello que no ha salido primero del corazón.
  • Muchas veces las cosas que nos parecen más urgentes, no necesariamente son las más importantes.
  • Si aprendemos a confiar en nosotros mismos, por muy largo que sea el camino, siempre estaremos en casa.
  • Aquello a lo que le dedicas tu tiempo, es donde inviertes tu vida.
  • La mayor mentira que puedes decirte a ti mismo en dos palabras: NO PUEDO.
  • Una SONRISA SINCERA es la distancia más corta entre dos personas.

Y mi frase preferida…

Sólo existen dos días en el año en que no se puede hacer nada. Uno se llama ayer y otro mañana. Por lo tanto hoy es el día ideal para AMAR, CRECER, HACER y principalmente VIVIR.
– Dalai Lama.

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Las ranitas en la nata

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Atravesando el ecuador del mes de agosto, somos muchas las personas que dedicamos estos días para disfrutar de vacaciones. Unos días en los que disponemos de más tiempo libre para hacer aquellas cosas que más nos gustan: viajar, ir a la playa, a la montaña o sencillamente descansar disfrutando de nuestro hogar. Sea cual sea la opción que tú eliges, seguro que también encuentras un momento para leer y para reflexionar sobre tus objetivos, sobre tus sueños, o sobre cualquier otro aspecto la vida en general.

Si es así, seguro que este post te va a gustar. En él recupero un cuento de Jorge Bucay que leí hace años. La historia es bien simple, pero seguro que te dará mucho que pensar, pues como se suele decir:  “ Los cuentos sirven para dormir a los niños y también para despertar a los adultos”.

Había una vez dos ranas que cayeron en  un recipiente de nata.
Inmediatamente se dieron cuenta de que se hundían: era imposible nadar o flotar demasiado tiempo en esa masa espesa como arenas movedizas. Al principio, las dos ranas patalearon en la nata para llegar al borde del recipiente. Pero era inútil; sólo conseguían chapotear en el mismo lugar y hundirse. Sentían que cada vez era más difícil salir a la superficie y respirar.

Una de ellas dijo en voz alta: – “No puedo más. Es imposible salir de aquí. En esta materia no se puede nadar. Ya que voy a morir, no veo por qué prolongar este sufrimiento. No entiendo qué sentido tiene morir agotada por un esfuerzo estéril”.

Dicho esto, dejó de patalear y se hundió con rapidez, siendo literalmente tragada por el espeso líquido blanco.

La otra rana, más persistente o quizás más tozuda se dijo: – “¡No hay manera! Nada se puede hacer para avanzar en esta cosa. Sin embargo, aunque se acerque la muerte, prefiero luchar hasta mí último aliento. No quiero morir ni un segundo antes de que llegue mi hora”.

Siguió pataleando y chapoteando siempre en el mismo lugar, sin avanzar ni un centímetro, durante horas y horas. Y de pronto, de tanto patalear y batir las ancas, agitar y patalear, la nata se convirtió en mantequilla.

Sorprendida, la rana dio un salto y, patinando, llegó hasta el borde del recipiente. Desde allí, pudo regresar a casa croando alegremente.

Las ranitas en la nata
en el libro, Déjame que te cuente, de Jorge Bucay

¿Quién no se ha sentido alguna vez abatido, vencido por las adversidades y sin fuerzas para continuar? Todos nosotros, en algún momento u otro de nuestra vida hemos sido ranas dentro de un recipiente de nata.

Tirar la toalla, sucumbir ante las circunstancias, es tanto como darse por vencido y hundirse. En ocasiones, esta actitud derrotista la asumimos incluso antes de intentarlo.  Es demasiado difícil, no lo voy a conseguir, no soy capaz, no puedo hacerlo....son sólo algunos ejemplos de las muchas excusas que utilizamos y que tienen un denominador común: el miedo.

Sentir miedo no es malo. Gracias al miedo evitamos correr peligros y nos protegemos de sufrir daños. Sin la emoción del miedo, seríamos temerarios, imprudentes y en más de una ocasión podríamos en peligro nuestra propia vida. Sin embargo, si ese mismo miedo es desproporcionado y nos paraliza o simplemente es infundado, más basado en el desconocimiento y la propia inseguridad que en hechos objetivos, entonces no sólo deja de ser útil, sino que además se vuelve dañino.

“No es malo tener miedo, lo malo es dejar que domine nuestra vida”

Experiencias negativas anteriores también pueden ser la causa de un comportamiento pasivo y poco motivado para superar la situación. “Ya lo intenté otras veces y no sirvió de nada”.
Esta actitud derrotista es lo que se denomina “indefensión aprendida”: como anteriormente nos ha ido mal y hemos sufrido el fracaso, nos defendemos del dolor, evitando un nuevo fracaso y por ello renunciamos a luchar, abandonándonos a la indefensión.

El problema de esta actitud es que nos arrastra a una apatía y una desilusión que, de perdurar en el tiempo, puede conducirnos a una insatisfacción vital, a la tristeza, incluso a una depresión.

Quizás sea cierto y aunque lo intentemos nuevamente no lo consigamos, pero si no lo intentamos nunca sabremos hasta dónde somos capaces de llegar, ¿no crees?.
La única certeza es que si dejamos de esforzarnos, de intentarlo, y , en definitiva, de chapotear como la ranita, es seguro que no conseguiremos salir victoriosos.

“El peor de los fracasos está en no haberlo intentado”

Herramientas para superar los miedos:

1.- Descríbelo: expresa en palabras lo que sientes e intenta concretar al máximo tu temor: miedo al ridículo, miedo al rechazo, desconfianza en las propias capacidades….

2.- Identifica su origen:  malas experiencias anteriores, algún comentario de alguien…

3.-Utiliza la razón: intenta rebatir todos tus miedos con argumentos objetivos y lógicos, una buena forma de hacerlo es respondiendo a la pregunta ¿qué es lo peor que me puede pasar si sale mal?, ¿qué es lo mejor que me puede pasar si me sale bien?

4.- Recurre a tus recuerdos: intenta recordar una ocasión de éxito en tu vida, una vez en la que intentaste algo y lo lograste (conseguir un trabajo, superar un examen, hacer una actividad física…) y recuerda la emoción de satisfacción que sentiste y el bienestar y la autoconfianza de ese momento por haber conseguido tu propósito. Recurre a ese recuerdo cada vez que te sientas vulnerable.

Así que en los momentos difíciles, en esos  en los que estés a punto de tirar la toalla, acuérdate de la historia de las ranitas y continua chapoteando con fuerza,quién sabe si en esta ocasión eres capaz de convertir la nata en mantequilla.

¿Y tú de qué te quejas?

Dr.Wayne Dyer
Dr.Wayne Dyer

“Hay millones de motivos para quejarse y millones de motivos para no hacerlo. Optar por una opción o por otra depende de ti”.
                                                                                                                  (Wayne Dyer)

Si has leído el libro de Wayne Dyer Tus zonas erróneas, esta frase no será nueva para ti. Sea cual sea el caso, es una frase sobre la que vale la pena detenerse a reflexionar aunque ya lo hayas hecho antes:

-¿quién no se ha quejado alguna vez cuando suena el despertador y desea seguir durmiendo un ratito más? ¿quién no se ha quejado porque el agua de la ducha tarda más de la cuenta en salir caliente, porque nos sirven un café que está demasiado frío o demasiado caliente? ¿quién no protesta cuando conduce tras otro coche que circula muy despacio o porque los semáforos se ponen en rojo cuando más prisa tenemos?, ¿y que me dices de la temperatura, alguien sabe cual es la temperatura ideal de una sala?, sea cual sea, siempre habrá alguien a quien no le parecerá bien.

Como dice dice Wayne Dyer, ciertamente, si queremos, tenemos millones de motivos para quejarnos, y si nosotros no lo hacemos seguro que conocemos personas de nuestro entorno que viven situados en la queja constante.

La pregunta es ¿son o somos más felices cuando nos quejamos?, ¿contribuye ello a cambiar la situación que genera la queja?, en ambos casos la respuesta es un rotundo NO.

La pregunta inmediata que se plantea es ¿entonces por qué nos quejamos?, básicamente por dos motivos:

El primero es porque con la queja desviamos nuestra atención sobre lo que sucede y eludimos pensar en nuestra responsabilidad y en lo que podemos hacer nosotros para que ello cambie.

La segunda razón es porque, inconscientemente, la persona que vive en la queja desea obtener la atención de los demás, ni que sea desde la compasión o la lástima.

El precio a pagar por quejarse es que nos incapacita para hacernos cargo de nuestra propia vida y nos genera dependencia de los demás, sin entrar ya en lo desagradable que resulta para los otros la compañía de una persona que vive en la queja constante.

Un ejercicio muy útil para cambiar todo ello, es fijarse cuántas veces al día nos quejamos, sobre qué o quién lo hacemos y cuántas de esas quejas son gratuitas y nos las podríamos haber ahorrado. Un siguiente paso del ejercicio consiste en comprometernos con nosotros mismos a no quejarnos y retarnos a estar 21 días seguidos sin queja.

Cuando son las personas de nuestro  entorno las que se quejan de forma constante, ciertamente nosotros no podemos actuar por ellos, pero sí podemos decidir cómo nos afectan sus quejas y cómo actuamos ante ellas. En vez de hacernos cómplices compadeciéndonos y reforzando su papel de víctima podemos optar por hacer la “técnica del espejo” y mediante sencillas preguntas del tipo “¿qué se te ocurre para cambiar eso?” desviar su atención hacia su propia responsabilidad o, como mínimo, evitar que se queje ante nosotros.

Ante la posibilidad de quejarse o no hacerlo, a partir de ahora ¿con qué opción te quedas tú?

Descubre dónde se sitúan tus pensamientos

Tenzin Gyatso (Dalai Lama)
Tenzin Gyatso (Dalai Lama)

La capacidad de razonar es un rasgo que distingue a los humanos del resto de los animales. Aprovechémosla!!

A través del razonamiento y la reflexión podemos llegar a conocernos mejor y saber cómo nos puede afectar una determinada situación, en definitiva, nos permite coger las riendas de nuestra propia vida.

De entrada puede parecer complicado y la falta de tiempo para dedicarte a ello suele ser el primer argumento que utilizamos para no hacerlo, pero en realidad se trata sólo de una excusa para no enfrentarnos a nosotros mismos y a nuestros fantamas internos.

Razonar a través de la reflexión no es tan complicado. De forma simplificada  se trata de “mirarnos desde afuera” para darnos cuenta, con objetividad, lo que está ocurriendo y cómo nos sentimos. Te aseguro que no es lo mismo estar enfadado sabiendo que lo estás, que estarlo sin ser consciente de ello. Tu comportamiento y la gestión que hagas de tu malestar no será el mismo. Si eres consciente de lo que estás sintiendo en  cada momento tú podrás gestionar tus propias emociones.

Introduce la reflexión como una práctica en tu día a día y descubre como poco a poco te irás sintiendo más seguro e independiente. No podrás evitar tener malos momentos, pero sí podrás superarlos mejor.

¿TE APETECE PROBAR?

“ Sólo existen dos días en el año en que no se puede hacer nada. Uno se llama ayer y otro mañana. Por lo tanto hoy es el día ideal para amar, crecer, hacer y principalmente vivir.”                                                                                                                                                   (Dalai Lama)

-¿Cómo te sientes al leer esta frase?

-¿Cuántos de tus pensamientos se van a tu pasado?

-¿Cuántas veces tu mente fantasea con hipótesis del futuro?

-¿A qué te comprometes contigo mismo para hacer del presente el momento ideal para amar, crecer, hacer y principalmente vivir?