Las cosas siempre se han hecho así.

 

“Se cuenta que un grupo de científicos encerró a cinco monos en una jaula, en cuyo centro colocaron una escalera y, sobre ella, un montón de plátanos. Cuando uno de los monos subía la escalera para coger los plátanos los científicos le tiraban un chorro de agua fría sobre los monos que se habían quedado en el suelo. Tras algunas repeticiones, los monos relacionaron subir la escalera con el chorro de agua, de modo que cuando un mono iba a subir la escalera, los otros se le tiraban encima y la daban una tremenda paliza. Después de haberse repetido varias veces la experiencia, ningún mono se atrevía subir la escalera para alcanzar los plátanos.

En este punto del experimento, los científicos cambiaron a uno de los monos por otro nuevo. Y como se puede imaginar, lo primero que hizo el mono novato nada más ver los plátanos fue subir la escalera para cogerlos. Los otros, rápidamente, se le tiraron encima y le pegaron antes de que saliera el agua fría. Después de varias palizas, el nuevo mono no volvió a intentar subir a la escalera a por los plátanos. Entonces, los científicos substituyeron a un segundo mono y ocurrió lo mismo que con el anterior, con la particularidad que el primer mono sustituido participó con especial entusiasmo en la paliza al nuevo compañero. Los científicos, uno a uno fueron cambiando los cinco monos y con todos ellos se repitió la misma historia.

Al final, los científicos se quedaron con un grupo de cinco monos que, a pesar de no haber recibido nunca una ducha de agua fría, continuaban golpeando a aquél que intentaba subir a la escalera para llegar hasta los plátanos.

Si alguno de los científicos hubiera podido preguntar a los monos por qué pegaban con tanto ímpetu al que subía a por los plátanos, seguramente la respuesta sería: No lo sé. Aquí, las cosas siempre se han hecho así “

Hace ya unos cuantos años que escuché esta historieta por primera vez, pero es de ese tipo de cuentos que, pese al tiempo, uno siempre acaba recordando. Y es que “aquí las cosas siempre se han hecho así” es una frase que se pone en práctica con más frecuencia de lo que nos pensamos, incluso en aquellas pequeñas cosas que carecen de importancia.

Esta mañana, sin ir más lejos, acompañando a mi hijo pequeño a su partido de fútbol , en el coche me ha hecho la gran pregunta: -Mamá, ¿por qué cuando papá y tú vais en el coche casi siempre conduce él?-

Allá donde fueres, haz lo que vieres.

Ya lo dice el refrán y no digo yo que la frase no tenga su parte de razón: vivimos en sociedad y desde pequeños vamos integrando comportamientos y formas de pensar y hacer sin cuestionarnos demasiado el por qué de su motivo. Ello forma parte del proceso de socialización por el que todos pasamos. De hecho, ya de adultos, una de las maneras más rápidas para integrarse a un nuevo grupo, es adoptar sus normas y su manera de hacer, pero ¿somos siempre conscientes del precio que acabamos pagando por ello?,
¿hasta que punto en nuestro día a día incorporamos  comportamientos y patrones heredados?, ¿cuántas veces acabamos comprando o haciendo algo porque simplemente está de moda?, ¿por qué en los trabajos se dan tantas resistencias a los cambios y cuesta tanto innovar en la forma de hacer?….

Como dijo Harún al-Rashid:

El único hombre que puede cambiar de opinión es aquel que tiene una.

Va aquí mi invitación a no renunciar a alcanzar nuestro plátano, a reencontrarnos con nuestro niño interior y no perder la sana costumbre de preguntarnos de vez en cuando el por qué y el para qué de las cosas.

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Descubre quién eres realmente: ideas limitadoras

Autor:personalMENT
Autor:personalMENT

¿Quién eres tú?. Nadie mejor que uno mismo tendría que saber responder a esta pregunta, sin embargo es justamente a uno mismo a quien más le cuesta decir quien es en realidad, ¿hacemos la prueba?: Tómate unos instantes para pensar en quién eres, (si lo deseas puedes ayudarte escribiéndolo en un papel).

Quizás empezar  nos sea fácil: nombre, la edad, profesión, roles que desempeñamos en la vida como padre/madre de, pareja de, activista de,…pero tras ello y tras enunciar algunas de nuestras aficiones y preferencias, la cosa se complica y cada vez se hace más difícil seguir. Es entonces cuando acudimos a las etiquetas del “yo soy”: yo soy tímido, alegre, extrovertido, pesimista, perfeccionista, soñador…

Esas etiquetas con las que nos identificamos nos las atribuimos en algún momento del pasado y , por algun motivo, hemos decidido incorporarlas en nuestra vida para siempre. Lo curioso de todo ello es que justamente las etiquetas que usamos para definirnos son también nuestros principales limitadores.

Aquí tienes algunos ejemplos de frases que usamos muy a menudo en ese sentido limitador:

-Las matemáticas no se me dan bien porque yo soy de letras.

-Me gustaría aprender idiomas pero soy demasiado mayor.

-Soy muy tímido y por eso no voy a fiestas.

-Soy así y no puedo evitarlo.

Seguramente sería más sincero decir:

-Las matemáticas me aburren y por eso no las he estudiado con tanta dedicación.

-Me gustaría saber idiomas pero no estoy dispuesto a emplear el  tempo necesario para estudiarlo.

-No voy a fiestas porque me resulta más cómodo quedarme en casa.

-Soy así porque realmente no quiero cambiar.

La diferencia de usar los primeros ejemplos es que nos eximen de esforzarnos por cambiar. Al escudarnos tras la etiqueta del “yo soy” nos liberamos de la responsabilidad que tenemos con nosotros mismos y con nuestra vida. En definitiva, nos resulta más cómodo perpetuarnos en un comportamiento que ya conocemos, que enfrentarnos al esfuerzo que supone cambiar.

Ahora que ya conoces el poder de las etiquetas sobre tu propio desarrollo y crecimiento, puedes decidir como actuar. Aquí tienes una herramienta que te puede ser de utilidad:

-Escribe una lista con todo lo que creas ser. A continuación separa aquellas cosas que te gustan de aquellas que desearías cambiar.  Céntrate en éstas últimas y elige una de ellas (máximo dos) y durante unos minutos dedícate a pensar todas las cosas que puedes hacer para cambiar eso que no te gusta de ti.

Finalmente escribe en un papel con cuales de esas cosas que puedes hacer para cambiar te comprometes.  Relee ese papel tantas veces como necesites en tu día a día para tenerlo presente.

Ahora que ya has leído este post te atreves a responder ¿quién quieres ser?

Descubre dónde se sitúan tus pensamientos

Tenzin Gyatso (Dalai Lama)
Tenzin Gyatso (Dalai Lama)

La capacidad de razonar es un rasgo que distingue a los humanos del resto de los animales. Aprovechémosla!!

A través del razonamiento y la reflexión podemos llegar a conocernos mejor y saber cómo nos puede afectar una determinada situación, en definitiva, nos permite coger las riendas de nuestra propia vida.

De entrada puede parecer complicado y la falta de tiempo para dedicarte a ello suele ser el primer argumento que utilizamos para no hacerlo, pero en realidad se trata sólo de una excusa para no enfrentarnos a nosotros mismos y a nuestros fantamas internos.

Razonar a través de la reflexión no es tan complicado. De forma simplificada  se trata de “mirarnos desde afuera” para darnos cuenta, con objetividad, lo que está ocurriendo y cómo nos sentimos. Te aseguro que no es lo mismo estar enfadado sabiendo que lo estás, que estarlo sin ser consciente de ello. Tu comportamiento y la gestión que hagas de tu malestar no será el mismo. Si eres consciente de lo que estás sintiendo en  cada momento tú podrás gestionar tus propias emociones.

Introduce la reflexión como una práctica en tu día a día y descubre como poco a poco te irás sintiendo más seguro e independiente. No podrás evitar tener malos momentos, pero sí podrás superarlos mejor.

¿TE APETECE PROBAR?

“ Sólo existen dos días en el año en que no se puede hacer nada. Uno se llama ayer y otro mañana. Por lo tanto hoy es el día ideal para amar, crecer, hacer y principalmente vivir.”                                                                                                                                                   (Dalai Lama)

-¿Cómo te sientes al leer esta frase?

-¿Cuántos de tus pensamientos se van a tu pasado?

-¿Cuántas veces tu mente fantasea con hipótesis del futuro?

-¿A qué te comprometes contigo mismo para hacer del presente el momento ideal para amar, crecer, hacer y principalmente vivir?