Il dolce far niente

 

Empezamos el mes de agosto, el mes por excelencia para hacer vacaciones. Durante esta época del año somos muchas las personas que hacemos un alto en la rutina diaria y dedicamos unos días para hacer una de las cosas que más deseamos: VACACIONES

Si eres de las personas que te propones hacer en vacaciones muchas de esas cosas que durante el resto del año no puedes hacer por falta de tiempo, te recomiendo que incluyas en tu lista practicar Il doce far niente.

Los italianos utilizan la expresión Il dolce piacere di non fare niente, para hacer referencia a la agradable ociosidad de no hacer NADA. Parece fácil ¿verdad? Pues te aseguro que llevarlo a la práctica no lo es tanto.

El ritmo de vida que llevamos  nos empuja a la actividad constante y hace que nos resulte muy difícil no estar activos. Pero no solo nuestro cuerpo se acostumbra a seguir unos horarios, unas rutinas y unos hábitos, nuestra mente también es víctima de este modelo de sociedad en el que el valor o el éxito de una persona se mide por lo ocupada se tenga la agenda. Por eso muchas personas asocian no hacer nada con desaprovechar el tiempo y de ahí que la culpabilidad sea una de las emociones más frecuentes cuando se empiezan las vacaciones sin haber hecho ningún plan.

Menos hacer y  más ser.

Otro de los motivos que nos empuja a llenar todo el tiempo libre es la falta de costumbre de estar con nosotros mismos.  Cuando bajamos la actividad y reducimos los estímulos externos, inevitablemente nos hacemos más conscientes de todo nuestro dialogo interior.

El ritmo estresante del día a día actúa como nube de humo que nos impide prestar atención a lo que interiormente sentimos, pero cuando estamos en quietud nos volvemos espectadores de nuestra propia vida y le damos volumen a todo aquello que durante el resto del año tenemos en nuestro interior silenciado…no es de extrañar que después de las vacaciones muchas personas decidan dar un giro a su vida, cambiar de trabajo o incluso romper con la pareja.

Hay muchas formas de practicar Il dolce fare niente. La cuestión es que cada una encuentre la suya para disfrutar de los pequeños momentos que la vida nos brinda. Algunas sugerencias que te pueden ayudar son:

  • Practica el aquí y el ahora. La mente tiende a anticiparse al futuro o recrearse en el pasado. A través de la respiración consciente o simplemente observando con atención y sin juzgar lo que te rodea conseguirás centrar tu mente en el presente.
  • Evita estar 100% conectado. Las vacaciones son el momento idóneo para atajar el tecnoestrés y poner límites al síndrome del chequeo constante de mensajes.
  • Practica las 3 D: descansar, desconectar y disfrutar.
  • Recuerda que…

La vida es demasiado valiosa como para pasársela haciendo otras cosas.

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FoMO: Adictos a las pantallas

La tecnología  nos mantiene conectados permanentemente con nuestro entorno. Contactar con alguien que vive lejos o saber en tiempo real lo que está pasando en la otra punta del mundo ahora es posible gracias a la tecnología y las redes sociales.

Nadie cuestiona las múltiples ventajas que la tecnología y las redes sociales  aportan a nuestra vida: acceso a la información, conocer personas, entretenimiento, ocio y diversión son solo algunos ejemplos. Lo que antes podía suponer horas incluso días de búsqueda, ahora está a nuestro alcance con un simple clic.

¿ La tecnología y las redes sociales son tan maravillosas como nos las pintan?
Como sucede en la mayoría de las cosas, que sean perjudiciales o beneficiosas no depende tanto de ellas mismas, sino más bien del uso que les acabemos dando. En este sentido, las redes sociales no son un excepción y el mal uso o abuso de ellas puede llegar a tener graves efectos sobre nuestra salud y sobre nuestra felicidad.

FoMO (fear of missing out.) es la palabra inglesa que se utiliza para referirse al “miedo de perderse algo” una nueva forma de ansiedad surgida tras la popularización del móvil y las redes sociales, una necesidad compulsiva de estar conectados. Facecook, twiter, instagram, whatsApp, noticias…es igual, la cuestión es no perderse nada.

El móvil se ha convertido en una pieza imprescindible para salir de casa, tan importante como llevar la cartera o las llaves. Sin él sentimos que nos falta algo, que estamos expuestos, que somos más vulnerables y lo que es peor, sentimos que estamos desconectados. Tal es la importancia que le damos a estar conectados, que priorizamos mirar el móvil a la conversación que podamos tener con la persona que tenemos al lado. En los restaurantes, en el parque, incluso caminando por la calle, cada vez son más las personas que están más pendientes de hacerse un selfie  que de disfrutar de lo que les está pasando en la vida real.

Aunque en un principio esta necesidad compulsa de tener el móvil cerca y consultarlo con frecuencia se da mayormente en personas entre 18 y 33 años, lo cierto es que cada vez el rango de edad es mayor y cada vez hay más casos de adición a las pantallas.

Hoy en día se tratan las adiciones a las redes sociales con la misma medicación que la adicción a la cocaína” (Marian Rojas Estapé)

A partir de los 9-14 empieza la preadolescencia y con ella emociones como la frustración. Por ello es frecuente que los jóvenes en estas edades busquen vías de escape: la comida, la moda, los amigos, el alcohol…y ahora también las redes sociales.

Para muchos jóvenes, es más fácil compartir lo que les pasa con desconocidos en la red que compartir lo que sienten con su círculo más cercano. El problema de ello, a parte de la adicción y el deterioro de las relaciones reales, es la percepción distorsionada de la realidad: en las redes sociales las personas exponen solo aquella parte de su vida que les interesa, aquello que les funciona, que marcha bien, pero nadie cuelga fotos cuando tiene un problema, cuando fracasa, cuando no consigue lo que pretende o cuando se levanta con mala cara y de mal humor.

Con frecuencia en redes sociales se vende una imagen de lo que se desearía ser pero que no siempre se es.

Cuando alguien recibe todo ello y no es capaz de observarlo desde la distancia, es fácil caer en la comparación y sentirse más infeliz y  más frustrado al comparar su vida con la “falsa realidad” que las redes sociales ofrecen.

Consejos para no volverse una víctima del FoMO:

  • Limita el uso de las pantallas. Toma conciencia de cada vez que consultas el móvil y de cuanto tiempo le dedicas al día.
  • Prioriza las relaciones en persona.
  • Potenciar otras aficiones como la lectura, el cine, la música…
  • Estimula el deporte y las actividades en equipo.
  • Estimular la comunicación y el diálogo en tu círculo más cercano de amigos

Tecnología e hijos adolescentes:

  • El poder del ejemplo. Si queremos que nuestros hijos hagan un uso adecuado de las pantallas debemos empezar dando ejemplo. Una buena alternativa es reunirse y redactar un contrato familiar con el código de conducta ante las nuevas tecnologías, que sirva para todos.
  • Establece junto a tus hijos reglas consensuadas para navegar por Internet. Para que las reglas sean asumidas por el adolescente no se deben imponer, sino que hay que lograr un acuerdo mutuo.
  • Habla con tus hijos sobre sus hábitos de uso de Internet. Es esencial conocer y comentar con ellos cómo y para qué usan Internet. Es habitual que los hijos tengan mayor conocimiento de ciertas herramientas o aplicaciones de Internet que los padres. Hay que darles la oportunidad de que sean ellos quienes nos enseñen para qué sirve una determinada aplicación, qué ventajas tiene y cómo se utiliza. Por un lado, explicar las ventajas y usos de una determinada herramienta les obliga a ordenar su pensamiento y analizar aquello de lo que nos quieren convencer. Por otro, creamos un buen clima de confianza y respeto mutuo compartiendo conocimientos y conversación.
  • Deja que naveguen sólo cuándo haya un adulto en casa y  preferiblemente coloca el ordenador en el salón o zona de uso común.
  • Procura conocer los contactos y contraseñas de las cuentas de correo de tus
    hijos, al menos hasta que tengan dieciséis años.
  • Navega y chatea de vez en cuando con tus hijos, así podrás conocer sus hábitos y preferencias y crearás un clima de mayor confianza entre vosotros.
  • Evita que se conecten a Internet por la noche, especialmente a los chats. Se sabe que el 30% de los menores que chatean en Internet recibe algún tipo de provocación (sexual, de sectas o de incitación a conductas peligrosas).
  • Fija objetivos y tiempo para navegar por Internet. Permitirles que pasen conectados un tiempo ilimitado, navegando sin un objetivo fijo, puede producir fácilmente diversos problemas. Establece también un límite de tiempo de la conexión.
  • Utiliza  sistemas de protección  para evitar el acceso a páginas no apropiadas para menores. En la propia red encontrarás páginas en las que puedes descargar estos programas de protección infantil.
  • Ofrece alternativas de ocio y tiempo libre en familia y motivarles para que se impliquen en ellas. Cuanto mejor se lo pasen en familia menos necesidad tendrán de conectarse.

Mens sana in corpore sano

 

¿Alguna vez has intentado hacer régimen o practicar algún deporte regularmente y acabas renunciando a los pocos días?

¿Eres de los que haces listas de buenos propósitos saludables  cada mes de septiembre y en octubre ya te has olvidado de ellos y has vuelto a tu rutina?

Si tu respuesta es afirmativa, este post te interesa pues trata de cómo  puedes ponerte en forma con ayuda de tu mente.

Mens sana in corpore sano
(Décimo Junio Juvenal. S.II d.C)

Todos conocemos de sobra las virtudes de estar en forma, tanto las publicaciones científicas como las de salud y belleza, constantemente hacen referencia los beneficios del bienestar físico para mejorar el bienestar mental. Lo que no se explica con la misma frecuencia es a la inversa. Es decir, cómo la mente puede ayudar a mejorar  el  bienestar físico.

Beneficios de estar en forma físicamente
Estar en forma físicamente mejora la flexibilidad de las articulaciones, mejora  el funcionamiento de órganos como el corazón y los pulmones,  favorece el sistema circulatorio, reduce el estrés y la tensión mental, refuerza nuestra autopercención positiva y aumenta la autoestima.

Beneficios de estar en forma mentalmente
Estar en forma mentalmente permite llevar una dieta más equilibrada y menos compulsiva. En muchas ocasiones no comemos por hambre sino por nervios y ansiedad. Una mente en forma facilita la constancia en la práctica de deporte y en sí de cualquier actividad, nos ayuda al planteamiento de objetivos realistas, adaptados a las circunstancias de cada uno y, por supuesto, también mejora nuestra autopercepción y nuestra autoestima.

¿Cómo utilizar la mente para estar en forma física?
Hacer ejercicio físico 30 minutos al día, sin duda es muy saludable, pero no olvidemos que el día tiene 24 horas!
El resto del tiempo que no practicas activamente un deporte, a través de tu mente también puedes cuidar tu cuerpo y avanzar en el proceso de ponerte en forma, pero ¿cómo?
Aquí comparto contigo algunas ideas a tener en cuenta:

  1.  TOMA CONSCIENCIA DE TU POSTURA:
    Quédate inmóvil por un instante y observa la postura de tu cuerpo. ¿Notas tensión en algún punto?, ¿crees que tu postura es mejorable?.
    Cuando nos sentamos,  cuando trabajamos delante del ordenador, al hablar  por teléfono, cuando cogemos peso o simplemente al caminar, adoptamos un montón de posiciones equivocadas que pese a ser incorrectas y perjudiciales para el cuerpo, la rutina las convierte en normales. Tensar el cuello, arquear la espalda, curvar los hombros hacia delante o permanecer mucho tiempo con las piernas cruzadas  son solamente algunos ejemplos de malos hábitos que a la larga pueden llegar a producir importantes lesiones.Gracias a la toma de consciencia de tu postura puedes corregir estas posiciones corporales erróneas.  Prestando atención a la manera de cómo te mueves, evitando posturas forzadas y relajando los puntos donde detectes tensión innecesaria, no solo conseguirás que tu postura corporal sea más elegante y equilibrada sino que además estarás avanzando en poner tu cuerpo en forma.A partir de ahora ten presente en tu mente las siguientes preguntas:
    ¿Estoy dejando caer mi cabeza hacia un lado?
    ¿Mis hombros están curvados hacia delante?
    ¿Estoy manteniendo durante mucho tiempo la misma posición?
  2.  DIÁLOGO INTERNO POSITIVO:
    No puedo, no soy capaz, no me lo merezco, yo soy así y no puedo cambiar, es imposible…¿cuántas veces nos saboteamos a nosotros mismos con mensajes negativos que lejos de darnos fuerza y motivación para seguir adelante, nos desmoralizan y hacen que cualquier camino sea cuesta arriba?

Lo que crees, creas.

Ten por seguro que si piensas que no puedes hacer algo no podrás hacerlo.  No podrás hacerlo  simplemente porque los pensamientos negativos nos predisponen para el fracaso, incluso antes de intentarlo.
Convivir con esa vocecilla interna que nos dice que no somos lo suficientemente buenos para conseguir lo que nos proponemos hace que todo sea mucho más difícil. Los pensamientos negativos nos hacen reaccionar ante los retos con miedo y estrés. En casos extremos, incluso pueden llegar a producirnos una enfermedad.  Por ello resulta fundamental que si quieres poner en forma tu cuerpo empieces por poner en forma a tu mente y substituyas todos los mensajes negativos que te dices a ti mismo por frases motivadoras.
-Plantéate cada reto como una oportunidad de mejorar y aprender.
-Felicítate por tus logros, aunque sean pequeños.
-Comparte con tu entorno tus pequeñas victorias.
-Háblate a ti mismo con el respeto y afecto con el que hablas a los demás y evita decirte mensajes negativos.

Recuerda que el camino al éxito tiene curvas y está lleno de baches. Cuando tropieces, las fuerzas para seguir adelante las encontrarás en tu mente.

 

¿Eres de los que dejas para mañana lo que puedes hacer hoy? Deja de procastinar.

procrastinar

“Trabajo hecho, no corre prisa.”
“A quién madruga Dios le ayuda”
“No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy”

Todos conocemos frases y refranes sobre la importancia de optimizar el uso del tiempo. A pesar de ello  todos, en algún  momento  u otro, nos hemos dedicado a tareas diferentes de las que inicialmente nos habíamos propuesto. En otras palabras, en algunas ocasiones procastinamos.

¿Cuántas noches antes de acostarte te has propuesto que al día siguiente madrugarías para ir al gimnasio y cuando suena el despertador, lo has apagado y has seguido durmiendo con la falsa promesa de “sólo 5 minutitos más”?.

¿Cuántas veces has empezado a ordenar el escritorio, limpiar la habitación o cualquier otra cosa, con tal de no ponerte a estudiar para un examen?

¿Quién no se ha conectado  alguna vez a Internet para buscar una información puntual y concreta y ha acabado navegando por páginas que no tenían nada que ver con lo que estabas buscando?.

¿Y que me dices de ese informe que lleva días en tu mesa esperando a que hagas una determinada gestión que no acabas de hacer porque “casualmente” acabas haciendo antes otras muchas cosas?

La procastinación, (dejar de hacer aquello que crees que tienes que hacer, por hacer otras cosas distintas) si se hace de forma puntual y aislada no supone mayor problema. La dificultad deriva de hacer de la procastinación un hábito, porque es obvio que si de forma frecuente  no nos dedicamos a hacer aquello que necesitamos o que nos conviene hacer, tarde o temprano  estaremos en aprietos o, por lo menos, bastante lejos de nuestros objetivos y en ambos casos el resultado es el mismo: nos sentimos mal.

Sin embargo, ese malestar no nos sirve de mucho y al cabo de unos cuantos días es muy probable que si eres una persona con tendencia a la procastinación, te acabe sucediendo lo mismo, una vez más.procrastinar2

El post de esta semana va destinado a compartir contigo  algunos trucos para combatir la procastinación. En realidad hay bastantes técnicas que pueden ayudarte a ser constante y firme en tus intenciones, para no acabar haciendo aquello en el realidad no deseas. Se trata pues, que elijas aquellas que más se adapten a ti.

No obstante, independientemente de por cual decidas empezar, siempre hay un primer paso que tienes hacer hacer sí o sí para vencer la inercia a la procastinación. Es algo tan sencillo y a la vez tan complicado como ser sincero con uno mismo al responder a la pregunta: ¿Por qué no lo estoy haciendo?

Muchas veces  postergamos hacer algo, sencillamente porque estamos huyendo de eso, de lo que significa o de lo que nos supone.  En otras ocasiones, la emoción que se oculta tras la procastinación es el miedo: miedo a fallar, a no hacerlo bien, a no cumplir expectativas propias o de terceros…

Muchas veces, la procastinación encuentra su origen en el sencillo hecho que se trata de temas que, en realidad, nos han sido impuestos y que hemos acabado asumiendo como temas nuestros a hacer por no saber decir un “no” a tiempo.

Sea cual sea tu caso,  el saber qué emoción motiva tu comportamiento, te ayudará a entenderte y a encontrar más fácilmente una solución.

Aun así, hay muchas otras herramientas que pueden ayudarte. Algunas de ellas son:

1.-Utiliza la Regla de los Dos Minutos. Esta regla viene a decir algo así como que si estás planificando una acción que se puede hacer en menos de dos minutos, no la planifiques; simplemente hazla.

2.-Escribe en una lista las tareas que deseas hacer y comprométete a hacerlas dentro de un plazo. Anota también todas aquellas cosas que acabas haciendo  y que no habías previsto. Luego dedícale atención  a identificar qué cosas te están “robando” el tiempo ( mirar el móvil, responder whatsApps, consultar los correos,  picar algo de comer entre horas…)

3.-Fragmenta las tareas duras o difíciles. Un buen truco consiste en dividir en minitareas una tarea más compleja y plantearte hacer de una en una.  Muchas veces cuando nos planteamos hacer solo una parte, al final acabamos haciendo todas las demás, porque lo que sucede es que cuando llegas a conectar con la tarea que estás haciendo, el freno mental desaparece y coges inercia para finalizarla.

4.-Consolida rutinas. Aunque las rutinas no son siempre deseables, lo cierto es que interioritzar  hábitos y  rutinas nos puede ayudar a incorporar  determinados comportamientos en nuestro día a día.

5.-Toma decisiones. Muchas veces las tareas quedan pendientes simplemente porque no te apetece tomar una decisión.

6.- Pon en práctica decir “no”. Muchas de las tareas que acabamos posponiendo se deben a que en realidad  son compromisos que hemos asumido por no saber negarnos a tiempo.

7.- Busca tu mejor momento. Hay gente que prefiere madrugar y empezar el día haciendo cosas, otras personas tienen más energía y vitalidad por la tarde o por la noche. Conócete a ti mismo y aprovéchate de ello.

8.-Recompénsate. La idea de celebrar los logros es algo recurrente en este blog. Cuando termines esa tarea que se resiste, premiate con algo que realmente te compense. No es necesario que siempre sea algo material, puedes  optar por un baño relajante, un paseo por el parque, un ratito para escuchar música o cualquier otra actividad que te produzca bienestar.

Y recuerda:

“Aplazar una cosa fácil, hace que sea difícil. Aplazar una cosa difícil hace que sea imposible”. (Goerge Claude Lorimer).

Si te apetece profundizar un poco más, te recomiendo que escuches  a Tim Urban en esta divertida charla TED. (para acceder al vídeo pulsa aquí )

 

El “Síndrome de la rana hervida”: ¿eres de los que saltan o de los que se cuecen?

rana hervida

Imagina por un instante una olla con agua hirviendo, ¿qué crees que sucedería si echases una rana en su interior? . Al primer contacto de su piel con el agua caliente, la rana percibe el peligro e instintivamente salta al exterior. Por el contrario, si el agua está templada y le aumentas la temperatura de forma gradual,  la rana puede llegar a cocerse y morir sin apenas ser consciente de ello, pues para cuando la situación le resulte insoportable, ya estará demasiado aturdida y debilitada para escapar.

Esta metáfora se basa en la historia escrita por Olivier Clerc  y ha servido de ejemplo e inspiración para otros muchos autores para explicar de una forma muy sencilla y amena, el impacto que la falta de visión y de conciencia puede llegar a tener en nuestra vida.

Las personas solemos actuar de forma parecida a la rana de la metáfora. Nos resulta fácil identificar y rechazar una cosa que irrumpe en nuestra vida haciendonos daño, de la misma manera que la rana sabe saltar cuando  toca el agua por primera vez y le quema.

Sin embargo, al igual que ella, somos capaces de aguantar situaciones hasta límites que ni imaginábamos y nos amparamos en múltiples excusas para prolongar situaciones que nos están produciendo un verdadero malestar profundo. En otras palabras, nos acomodamos a determinadas situaciones autoengañándonos y evitando afrontar con determinación y valentía eso que nos daña.

Cuando aguantamos un trabajo mal pagado que no nos motiva y nos estresa, cuando mantenemos una relación sentimental porque simplemente nos hemos acostumbrado a la otra persona, cuando miramos impasibles noticias que, por enésima vez, nos muestran los horrores de las guerras…estamos sufriendo el “Síndrome de la rana cocida” : estamos adquiriendo comportamientos, actitudes y hábitos que nos alejan de nuestros objetivos, nos provocan apatía e insatisfacción, incluso pueden llegar a afectar nuestra salud (dolores de cabeza, contracturas musculares, estrés, depresión, ansiedad…)

¿Por qué no reaccionamos?

El miedo y/o  la comodidad suelen ser los principales motivos. Salir de nuestra zona de confort nos resulta difícil y aunque sepamos que el cambio puede sernos muy beneficioso, la realidad es que en muchas ocasiones nos produce pereza.

(Si quieres saber más sobre cómo salir de la zona de confort y aun no has visto el post anterior “¿Te atreves a sonar?”, este puede ser un buen momento para hacerlo,  apretando aquí).

¿Cómo podemos evitar cocernos en una olla con agua hirviendo?

Ya sabemos que las fórmulas mágicas y las recetas maravillosas no existen. La mejora personal  va acompañada sí o sí de implicación, compromiso y responsabilidad. La mejor manera para evitar cocernos, sin duda es no quererlo, y ser coherente con ello.

Aquí te apunto 4 herramientas que pueden ayudarte a ello:

1.- Trabaja tu autoconciencia:
Conoce tu “yo real”, no aquello que deseas ser sino quien eres en realidad. Repasa tus rutinas, tus hábitos, tus costumbres arraigadas con atención y distingue aquello que haces porque te aporta valor, de aquello que acabas haciendo  por pura inercia.

2.-Pon límites:
Identifica claramente cuales son tus líneas rojas. Aquello que no estás dispuesto a tolerar pase lo que pase. Alinea esos límites a tus valores y una vez los tengas bien definidos, debes mantenerlos sin excusas.

3.- Planifica:
Visualiza qué vida deseas, márcate unos objetivos asumibles a alcanzar y valora si lo que haces te acerca o te aleja de ellos.

4.-Actitud positiva:
Una misma realidad puede verse desde muchas ópticas distintas. En ocasiones nuestro único margen de maniobra es cambiar nuestra actitud y nuestra forma de ver una  situación y sucede que cuando nos tomamos las cosas de otro modo, aun siendo las mismas, el efecto que produce en nosotros es totalmente diferente.

¿Ya sabes de qué olla estás dispuesto a saltar?

 

Hábitos y rutinas (2ª parte)

En el post anterior se explicaba qué son las rutinas  y los hábitos y  qué pueden aportar de positivo y de negativo a nuestras vidas. El post de esta semana se centra en enseñar cómo podemos crearlos o modificarlos.

Lo primero que tenemos que tener en cuenta es que no existen  fórmulas mágicas, ni recetas milagrosas. Cualquier modificación de un hábito implica sí o sí, esfuerzo y constancia.

En muchos lugares se dice que en 21 días ya puedes crear un hábito. En la práctica, crear un hábito puede llevar algo más de tiempo. Según un estudio de la University College London publicado en 2009, la creación de un hábito oscila ente 18 y 254 días, según la persona, siendo el promedio más habitual 66 días.

El segundo elemento que hay que tener presente es que crear o modificar un hábito requiere compromiso y motivación. De nada sirve, por ejemplo, que el médico nos diga que tenemos que perder peso o dejar de fumar, si interiormente no tenemos el convencimiento de que eso tiene que ser así. Si no estamos suficientemente motivados mejor no empezar, pues difícilmente alcanzaremos nuestro objetivo y ello nos provocará mayor frustración y malestar.

El tercer elemento a considerar es que si somos muy ambiciosos y nos proponemos muchos cambios a la vez, lo más probable es que nuestra energía se disperse demasiado y no acabemos alcanzando ninguno de ellos. En este sentido, resulta mucho más efectivo proponerse objetivos realistas y priorizarlos, focalizando nuestro esfuerzo en una sola cosa a la vez. En este caso, la frase ”divide y venderás” da resultado.

Pasos para cambiar o crear un hábito.

1.- Saber qué quieres conseguir: ponle nombre, descríbelo,  exprésalo en palabras. Cuanto más definido lo tengas, más fácil te resultará el resto. Yo, por ejemplo quiero incorporar en mi vida el hábito de beber más agua, pero dicho de esta manera, no me resulta útil por eso debo concretarlo más: quiero beber dos litros de agua al día (lo que equivale a 8 vasos).

2.-Definir una estrategia: o lo que es lo mismo, concretar aquello que haremos para alcanzar nuestro objetivo. Siguiendo con el ejemplo anterior, yo para crearme el hábito de beber más, he empezado a llevar un botellín de agua en el bolso, justo antes de cada comida me lleno un vaso de agua y durante el día me pongo una alarma en el móvil para recordarme que cada 3h he de beber agua. En el caso de querer modificar un hábito ya adquirido, también es importante identificar que situaciones nos pueden llevar a recaer en ese hábito. Por ejemplo, si tenemos la costumbre de fumar un cigarro haciendo la sobremesa después de comer, lo mejor es que después del postre nos levantemos de la mesa y nos desplacemos a otro lugar. También podemos aprovechar para hacer un anclaje con otro hábito, como por ejemplo, substituir el cigarro por una infusión. En este punto puede ser de gran ayuda contar con apoyos en nuestro entorno, personas de nuestra confianza que nos animen, nos reconozcan el esfuerzo y con los que podamos hablar de nuestros avances.

3.-Monitorizar los resultados: Resulta muy útil trabajar un hábito indicando en un calendario nuestros avances, basta con que al finalizar el día marquemos de algún modo si hemos conseguido o no nuestro objetivo. Utilizar un círculo o una cruz puede ser suficiente, pero si lo prefieres también puedes usar colores. En el caso de trabajar con niños suele ser más motivador utilizar pegatinas y dejar que sean ellos quienes las enganchen. Los días que no hayamos podido realizar nuestro propósito vale la pena dedicar unos minutos a reflexionar sobre el motivo y pensar qué haremos para evitar que suceda nuevamente.

4.- Celebrar los logros. Después del esfuerzo bien nos merecemos una recompensa!. Adquirir el propio hábito ya es un gran premio, pero es mejor reforzarlo y no necesariamente tiene que ser con algo material, podemos regalarnos, por ejemplo, un baño relajante con espuma, una frase de autoestima ante el espejo…en el caso de los niños el sincero reconocimiento positivo de los padres ya es una gran recompensa.

Y por último, ten siempre presente la frase de Confucio:

“no importa lo lento que vayas mientras no te detengas” 

Hábitos y rutinas (1a parte)

imagen hamster

“Si piensas que la aventura es peligrosa, prueba la rutina, es mortal”
(Paulo Coelho)

Esta frase del escritor brasileño viene a reforzar la creencia de que una vida rutinaria acaba siendo una vida estable, predecible pero también monótona y aburrida.

En mi opinión, en la mayoría de ocasiones, la realidad suele ser algo más compleja y las cosas no son siempre malas o buenas, sino que más bien, depende del uso o abuso que hagamos de ellas.

El post de esta semana, junto al de la semana que viene, está dedicado a los hábitos y las rutinas, a conocer los pros y  contras que aportan a nuestra vida, cómo se crean y cómo se modifican para alcanzar el objetivo compartido que tenemos todos los que seguimos y hacemos posible este blog: “ser la mejor versión de nosotros mismos”.

¿Qué son rutinas y hábitos?

Las rutinas son aquellas actividades que realizamos de forma regular y periódica en nuestra vida.

Los hábitos son los modos de actuar que aprendemos o adquirimos para poder satisfacer nuestras rutinas.

Ejemplos simples de todo ello serían tener el hábito de lavarse los dientes después de comer, para satisfacer nuestra rutina de higiene personal diaria  o ir al gimnasio por las mañanas para estar en forma.

¿En qué nos pueden ayudar las rutinas y los hábitos?

  • Seguridad. Seguir una rutina y tener un hábito nos aporta seguridad y confianza, en tanto que podemos prever con antelación lo que pasará. Con ello creamos una zona de confort a nuestro alrededor . Un confort que no quiere decir, ni mucho menos, que nos tenga que gustar, sino que nos es cómodo en tanto que nos es conocido. Un ejemplo positivo de esto es introducir rutinas y hábitos de estudio, de higiene, de sueño, de alimentación …en los niños para que crezcan y se desarrollen en un entorno seguro y confiable que les ayude a fortalecer su autoestima. Ejemplos negativos podrían ser fumarse un cigarro después de comer o usar el coche en horas punta para desplazarse en trayectos cortos por la ciudad.
  • Ahorro de energía. La novedad nos resulta estimulante pero también requiere un sobresfuerzo mental para entenderla, asimilarla y/o adaptarnos a ella. Las rutinas  y los hábitos permiten al cerebro liberar parte de esa energía para poder aplicarla a otras cosas. Así, por ejemplo, cuando caminamos por una ruta que conocemos, seguramente iremos pensando en nuestras cosas, mientras que si caminamos por primera vez hacía un lugar, nuestra atención se focalizará plenamente en encontrar bien la dirección.
  • Facilita las relaciones sociales. Conocer las rutinas y los hábitos de un grupo nos ayuda a integrarnos en él, algo sumamente útil en determinadas ocasiones, como por ejemplo, cuando empezamos a trabajar en un lugar nuevo.

¿En qué nos perjudican las rutinas y los hábitos?

Hay una frase del médico y escritor José Ingenieros que responde a esta pregunta:

“La rutina es el hábito de renunciar a pensar.”

Seguir hábitos y rutinas limita la creatividad, reduce la capacidad de innovación y de crítica constructiva y succiona nuestro entusiasmo, lo que puede llevarnos a una tremendo estado de insatisfacción personal, desánimo  y apatía.

En el siguiente post podrás saber cómo se crea un hábito y como puedes modificarlo.

Durante estos días, te invito a que vayas identificando las principales rutinas que sigues en tu vida y que pienses por unos instantes, qué te aportan de positivo y de negativo cada una de ellas.