¿Sabes en qué espejo te miras?

¿Has ido alguna vez a un parque de atracciones?, ¿alguna vez te has mirado en esos espejos que deforman la imagen?. A todos nos hace gracia vernos  reflejados más altos, más bajos, más gordos, más flacos, aun cuando la imagen que vemos esté completamente deforme. ¿Sabes por qué? porque todos tenemos muy presente que la imagen que proyecta el espejo no es como nosotros somos en realidad.

En el día a día, también sucede algo parecido. Continuamente estamos recibiendo feedback de los demás: una sonrisa o un gesto serio, un elogio o una crítica, un agradecimiento o un reproche…pero a diferencia de lo que pasa cuando nos miramos en los espejos de feria, muy a menudo olvidamos que los mensajes que recibimos de los demás responden a su propia visión de la vida, a su propio estado anímico, a sus propias experiencias y expectativas  y que nosotros no necesariamente somos aquello que nos dicen ser.

Si la visión que tenemos de nosotros mismos se basa única y exclusivamente en lo que recibimos de los demás, la imagen que tengamos de nosotros será como la de los espejos deformes de los parques de atracciones.

¿Te das cuenta del daño que eso puede hacer en tu autoestima?

Está claro que no podemos evitar muchas de las situaciones que vivimos en nuestro día a día. No siempre podremos cambiar de jefe, de compañeros de trabajo, de vecinos. No siempre podremos comprar lo que más nos gusta o que se enamore de nosotros quien nosotros queramos, pero lo que sí podemos es decidir cómo todo ello impactará en nuestra vida. Lo que sí podemos decidir es cómo todo ello influirá en nosotros y, en definitiva, podemos decidir cómo nos queremos sentir.

Ni todo lo que pensamos de nosotros es cierto, ni todo lo que nos dicen los demás es verdad.

Tener en cuenta esta distinción entre las creencias (propias o agenas) y la realidad, nos puede ayudar a tomar perspectiva en las situaciones difíciles.

Pero lo que realmente nos ayudará a salir airosos ante cualquier ataque que pueda vulnerar nuestra autoestima es inspirar nuestra conducta y nuestros pensamientos en unos valores cuidadosamente meditados, seleccionados e interiozados.

 ¿Conoces cuáles son tus valores?

Identificarlos es relativamente sencillo, basta con que cojas una hoja de papel y escribas en ella todos los valores que vengan a tu cabeza: solidaridad, confianza, superación, esfuerzo… a continuación reele la lista y descarta la mitad de ellos. De los que te queden, haz una priorización y valoralos del 1 al 10.

Ahora viene la parte menos fácil, intenta recordar en tu vida cuantas veces actúas en base a los dos o tres principios que mejor has puntuado.

Si la respuesta es “casi siempre”, enhorabuena !! porque actúas en coherencia contigo mismo.

Si la respuesta es “menos de lo que me gustaría”, no pasa nada, cada día que empieza es una nueva oportunidad para intentarlo.

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El Jardín del Cambio

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“Cuando un cultivador planta una semilla de bambú, por más que la riegue, no brotará hacia el exterior hasta pasados 7 años. A partir de ese momento su crecimiento es asombroso, pues en tan solo seis semanas es capaz de alcanzar hasta 30 metros de altura.

¿Qué ha ocurrido durante todo ese tiempo? Sencillamente la planta de bambú ha desarrollado profundas raíces que le han permitido crecer tan alto. En su proceso de maduración, cada uno de nosotros tenemos un crecimiento único. Al igual que sucede en la naturaleza, los ritmos de crecimiento no son los mismos para todos, por ello no debemos preocuparnos especialmente por llegar a la meta, lo importante e imprescindible es vivir el camino en el crecimiento personal y defirenciador de cada uno”.

Este es solo uno de los muchos fragmentos deliciosos que he leído en el libro El Jardín del Cambio. Un libro de sencillas palabras pero de profundo contenido, a través de las que su autora, Cristina García, nos invita a conectar con nuestro interior y nos ayuda a reflexionar y generar nuestro propio cambio.

El método KAI KAh (gestión del cambio a través de preguntas) ofrece una sencilla pero efectiva guía para alcanzar un mayor conocimiento de uno mismo de una manera dinámica y alentadora,  inspirándose en los valores y la cultura japonesa.

A través de un matafórico paseo por un jardín japonés, a medida que avanzas en la lectura vas aprendiendo múltiples curiosidades de la cultura nipona y lo que es más importante, vas adquiriendo múltiples herramientas para vivir conscientemente, con autoestima, seguridad, con sueños de futuro, siendo la mejor versión de uno mismo.

¿Quieres saber más sobre este libro o sobre su autora? Accede a más información en este enlace.

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