5 tips para una comunicación asertiva

Todos, el alguna ocasión, hemos lavado una sartén. Si la empezamos a lavar justo después de usarla, lo más probable es que aun esté caliente y nos quememos. Por el contrario, si decidimos esperar a que esté fría para hacerlo, corremos el riego a que la suciedad se endurezca demasiado y nos cueste más limpiarla. Partiendo de esto, podríamos decir que el mejor momento para lavar una sartén es cuando está lo suficientemente fría para no quemarnos pero no lo bastante para que los restos de comida se peguen, fácil ¿verdad?.

Pues bien, este sencillo consejo para lavar sartenes es igual de útil y efectivo para nuestras conversaciones , especialmente para aquellas que se producen en un entorno de conflicto.

No basta con decir una cosa correcta en el lugar correcto, es mejor todavía no decir algo incorrecto en un  momento tentador. (Benjamin Franklin)

¿Cuántas veces en el fragor de una discusión  hemos dicho algo de lo que después nos hemos arrepentido? intentar hablar con alguien cuando nuestras emociones están en un punto de alta intensidad es como intentar lavar la sartén justo después de usarla. Por el contrario, callarnos y no expresar aquello que nos disgusta, retener internamente lo que nos molesta y no expresar lo que nos enfada, quizás evite el enfrentamiento, pero a la larga nos acaba distanciando de la otra persona, hasta el punto de enquistar el conflicto de tal manera que luego cueste mucho que desaparezca, al igual que nos pasa con los restos de comida cuando la sartén está demasiado seca.

Se dice que una persona se comunica de manera asertiva cuando es capaz de  expresar su punto de vista de un modo claro y de  forma  respetuosa hacia la otra persona.

Así pues, la técnica de limpiar la sartén, es decir, elegir el momento adecuado para hablar con alguien, es un tip que nos puede ser útil para comunicarnos de manera asertiva. Otros 4 tips que también nos pueden ayudar son:

  1. Dejar de oír y empezar a escuchar. Aunque puedan parecer lo mismo, escuchar es mucho más profundo porque implica aceptar que la otra persona tiene algo que contarnos. Cuando escuchamos atentamente damos la confianza al otro para que se exprese y de esta manera nuestras respuestas también estarán más alineadas a la conversación.

    Hablar sin escuchar puede llevarnos a una conversación de besugos, en la que las personas más que dialogar, hacen monólogos.

  2. Nuestro cuerpo habla. Si las palabras comunican, los gestos aun lo hacen más. Las expresiones de la cara, la gesticulación, las posturas corporales…dicen mucho de nosotros, por ello es importante mirar a los ojos, evitar posturas corporales desafiantes, chulescas o intimidatorias y no negar con la cabeza cuando la otra persona nos hable.
  3. Hablar desde el “yo” y sin juzgar. Cuando acusamos a la otra persona es fácil que ésta se ponga a la defensiva, sin embargo si somos capaces de expresar lo que queramos desde como nos sentimos, será mucho más fácil que la otra persona nos entienda. No es lo mismo decir ” yo me he sentido despreciada” que decir “tú me has despreciado”. Estamos hablando de lo mismo, pero al poner la atención en nuestra emoción, en decir como nos sentimos, es más fácil generar empatía.
  4. De lo general a lo concreto. Las generalizaciones no suelen ser buenas compañeras y menos en una discusión, por ello es recomendable evitar el uso de expresiones del tipo “es que nunca…”, “es que siempre…”,  “todo el mundo…”, “nadie….” y centrar nuestra energía en el hecho en concreto. ” no estoy de acuerdo con esta situación…”, “en este momento yo me siento…”

Antes de iniciar una conversación importante conviene recordar que…

El carácter de una persona puede conocerse por los adjetivos que usa habitualmente en sus conversaciones.(Mark Twain)

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FoMO: Adictos a las pantallas

La tecnología  nos mantiene conectados permanentemente con nuestro entorno. Contactar con alguien que vive lejos o saber en tiempo real lo que está pasando en la otra punta del mundo ahora es posible gracias a la tecnología y las redes sociales.

Nadie cuestiona las múltiples ventajas que la tecnología y las redes sociales  aportan a nuestra vida: acceso a la información, conocer personas, entretenimiento, ocio y diversión son solo algunos ejemplos. Lo que antes podía suponer horas incluso días de búsqueda, ahora está a nuestro alcance con un simple clic.

¿ La tecnología y las redes sociales son tan maravillosas como nos las pintan?
Como sucede en la mayoría de las cosas, que sean perjudiciales o beneficiosas no depende tanto de ellas mismas, sino más bien del uso que les acabemos dando. En este sentido, las redes sociales no son un excepción y el mal uso o abuso de ellas puede llegar a tener graves efectos sobre nuestra salud y sobre nuestra felicidad.

FoMO (fear of missing out.) es la palabra inglesa que se utiliza para referirse al “miedo de perderse algo” una nueva forma de ansiedad surgida tras la popularización del móvil y las redes sociales, una necesidad compulsiva de estar conectados. Facecook, twiter, instagram, whatsApp, noticias…es igual, la cuestión es no perderse nada.

El móvil se ha convertido en una pieza imprescindible para salir de casa, tan importante como llevar la cartera o las llaves. Sin él sentimos que nos falta algo, que estamos expuestos, que somos más vulnerables y lo que es peor, sentimos que estamos desconectados. Tal es la importancia que le damos a estar conectados, que priorizamos mirar el móvil a la conversación que podamos tener con la persona que tenemos al lado. En los restaurantes, en el parque, incluso caminando por la calle, cada vez son más las personas que están más pendientes de hacerse un selfie  que de disfrutar de lo que les está pasando en la vida real.

Aunque en un principio esta necesidad compulsa de tener el móvil cerca y consultarlo con frecuencia se da mayormente en personas entre 18 y 33 años, lo cierto es que cada vez el rango de edad es mayor y cada vez hay más casos de adición a las pantallas.

Hoy en día se tratan las adiciones a las redes sociales con la misma medicación que la adicción a la cocaína” (Marian Rojas Estapé)

A partir de los 9-14 empieza la preadolescencia y con ella emociones como la frustración. Por ello es frecuente que los jóvenes en estas edades busquen vías de escape: la comida, la moda, los amigos, el alcohol…y ahora también las redes sociales.

Para muchos jóvenes, es más fácil compartir lo que les pasa con desconocidos en la red que compartir lo que sienten con su círculo más cercano. El problema de ello, a parte de la adicción y el deterioro de las relaciones reales, es la percepción distorsionada de la realidad: en las redes sociales las personas exponen solo aquella parte de su vida que les interesa, aquello que les funciona, que marcha bien, pero nadie cuelga fotos cuando tiene un problema, cuando fracasa, cuando no consigue lo que pretende o cuando se levanta con mala cara y de mal humor.

Con frecuencia en redes sociales se vende una imagen de lo que se desearía ser pero que no siempre se es.

Cuando alguien recibe todo ello y no es capaz de observarlo desde la distancia, es fácil caer en la comparación y sentirse más infeliz y  más frustrado al comparar su vida con la “falsa realidad” que las redes sociales ofrecen.

Consejos para no volverse una víctima del FoMO:

  • Limita el uso de las pantallas. Toma conciencia de cada vez que consultas el móvil y de cuanto tiempo le dedicas al día.
  • Prioriza las relaciones en persona.
  • Potenciar otras aficiones como la lectura, el cine, la música…
  • Estimula el deporte y las actividades en equipo.
  • Estimular la comunicación y el diálogo en tu círculo más cercano de amigos

Tecnología e hijos adolescentes:

  • El poder del ejemplo. Si queremos que nuestros hijos hagan un uso adecuado de las pantallas debemos empezar dando ejemplo. Una buena alternativa es reunirse y redactar un contrato familiar con el código de conducta ante las nuevas tecnologías, que sirva para todos.
  • Establece junto a tus hijos reglas consensuadas para navegar por Internet. Para que las reglas sean asumidas por el adolescente no se deben imponer, sino que hay que lograr un acuerdo mutuo.
  • Habla con tus hijos sobre sus hábitos de uso de Internet. Es esencial conocer y comentar con ellos cómo y para qué usan Internet. Es habitual que los hijos tengan mayor conocimiento de ciertas herramientas o aplicaciones de Internet que los padres. Hay que darles la oportunidad de que sean ellos quienes nos enseñen para qué sirve una determinada aplicación, qué ventajas tiene y cómo se utiliza. Por un lado, explicar las ventajas y usos de una determinada herramienta les obliga a ordenar su pensamiento y analizar aquello de lo que nos quieren convencer. Por otro, creamos un buen clima de confianza y respeto mutuo compartiendo conocimientos y conversación.
  • Deja que naveguen sólo cuándo haya un adulto en casa y  preferiblemente coloca el ordenador en el salón o zona de uso común.
  • Procura conocer los contactos y contraseñas de las cuentas de correo de tus
    hijos, al menos hasta que tengan dieciséis años.
  • Navega y chatea de vez en cuando con tus hijos, así podrás conocer sus hábitos y preferencias y crearás un clima de mayor confianza entre vosotros.
  • Evita que se conecten a Internet por la noche, especialmente a los chats. Se sabe que el 30% de los menores que chatean en Internet recibe algún tipo de provocación (sexual, de sectas o de incitación a conductas peligrosas).
  • Fija objetivos y tiempo para navegar por Internet. Permitirles que pasen conectados un tiempo ilimitado, navegando sin un objetivo fijo, puede producir fácilmente diversos problemas. Establece también un límite de tiempo de la conexión.
  • Utiliza  sistemas de protección  para evitar el acceso a páginas no apropiadas para menores. En la propia red encontrarás páginas en las que puedes descargar estos programas de protección infantil.
  • Ofrece alternativas de ocio y tiempo libre en familia y motivarles para que se impliquen en ellas. Cuanto mejor se lo pasen en familia menos necesidad tendrán de conectarse.

¿Sabes cómo te comunicas?

imagen comunicacion

¿Alguna vez has tenido la sensación que algunas personas no te entienden y con otras, sin embargo, la comunicación fluye de una manera natural?.

Ya sea de manera consciente o inconsciente, en cualquier contacto con otra persona, constantemente estamos enviando y recibiendo información, incluso cuando no deseamos hacerlo, lanzamos información que puede ser percibida por los otros: cuando hablamos, cuando estamos en silencio, nuestros gestos, nuestros movimientos, el tono de nuestra voz…dicen mucho de lo que sentimos y de lo que estamos pensando.

“Es imposible no comunicarse, nos comunicamos aunque no queramos”

No obstante, ello no quiere decir que siempre comunicamos lo que deseamos, ni que los demás reciban exactamente lo que nosotros queremos comunicar: entre lo que yo quiero decir y lo que digo, lo que tú percibes, lo que comprendes, lo que retienes y lo que contestas, se produce un complejo proceso en el que intervienen muchos factores que desvirtúan el mensaje inicial.

Uno de estos factores tiene que ver con nuestros propios sentidos: vista, oído, olfato, gusto y tacto. Todas las personas utilizamos estos sentidos para comunicarnos y para percibir el entorno que nos rodea, no obstante no todos los usamos del mismo modo. Según la PNL (Programación Neurolingüística), las personas tendemos a tener un sentido predominante:

Si nuestro sentido predominante es la vista somos más visuales. Si es el oído el sentido principal, hablamos de una preferencia auditiva y  si los sentidos dominantes son el olfato,gusto o  tacto hablamos de un predominio de la cinestesia.

Así, por ejemplo, tras una cena en un restaurante, la persona más visual recordará fácilmente la decoración, la iluminación, la presentación de los platos, una persona más auditiva recordará mejor el sonido ambiente, si había o no música de fondo, algún comentario del camarero… y una persona más cinestésica recordará los olores y el gusto de la comida, si la silla era cómoda, si la temperatura era la adecuada…

Desarrollar nuestras  habilidades comunicativas ha sido y sigue siendo objeto de estudio e interés para muchas disciplinas como la educación, el márketing o la política, pero sobre todo, tiene especial interés en todo lo relacionado con el crecimiento personal, pues a través de una buena comunicación podemos incidir positivamente en todas las relaciones de nuestra vida, ya sean familiares, sentimentales, profesionales…

Utilizar esta sencilla herramienta con nosotros mismos nos permite conocernos mejor y optimizar nuestras potencialidades. Utilizarla con las personas con las que nos relacionamos, también nos facilitará mucho la comunicación, pues podremos adaptar nuestro mensaje a su sentido predominante, para que nos entiendan mejor.

Un ejemplo de la utilidad hacia nosotros mismos es a la hora de estudiar: si sabemos que somos más visuales, estudiaremos mejor escribiendo un resumen, haciendo un esquema o dibujando una infografía. Si somos más auditivos lo mejor es leer en voz alta, que alguien nos lo explique o escuchando una grabación. Si somos predominantemente cinestésicos lo mejor es experimentar, llevar a la práctica aquello que aprendemos.

Un ejemplo de utilidad hacia los otros es, por ejemplo cuando presentamos una idea a nuestro jefe. Si nuestro jefe prefiere lo  visual, lo mejor es prepararle una presentación de la idea (power point, dossier con gráficos, imágenes…), si se inclina hacia lo auditivo, lo más práctico es que se la podamos explicar directamente nosotros mismos y si es más cinestésico, tendremos que asegurarnos en elegir un momento y un lugar en el que se sienta cómodo, y tranquilo .

Pon en práctica…

Si te ha parecido útil el contenido de este post y te apetece ponerlo en práctica, aquí tienes algunas ayudas para que puedas hacerlo. Lo primero a tener en cuenta, es que no existen los tipos puros, esto es, no hay una persona puramente visual, puramente auditiva y puramente cinestésica, todos utilizamos todos los sentidos y esto variará según las circunstancias, aunque como ya se ha dicho anteriormente, hay una tendencia a que predomine uno de los tres tipos en cada uno de nosotros.

¿Cómo reconocer a un visual?

visualSuelen ser personas observadoras, captan el detalle y muchos de los pequeños aspectos que a otras personas se les pasan por alto. Cuando hablas con ellas, buscan el contacto visual. Suelen ser ordenadas y organizadas. Utilizan frases del tipo: tal y como yo lo veo,  desde mi punto de vista,  no lo veo claro, ¿cómo lo enfocamos?, veamos eso …

¿Cómo reconocer a un auditivo?

auditivo

Suelen ser buenos conversadores, les gusta escuchar  y cuando lo hacen inclinan la cabeza para un lado. No necesitan el contacto visual para estar atentos a una conversación. Son más sensibles a los ruidos y les gusta tener sonido de fondo mientras hacen otras cosas, ya sea música, la tv, la radio..Suelen usar frases del tipo: eso suena bien, hablemos de ello, dime…

¿Cómo reconocer a un cinestésico?

cinestesico

Son personas a las que la proximidad física no les incomoda, incluso algunas pueden tener tendencia a tocar a los demás mientras hablan. Gesticulan y suelen ser muy expresivas y espontáneas con poca tendencia a planificar. Les gusta experimentar por ellos mismos las cosas y ponerlas  en práctica. Utilizan frases del tipo: me da malas vibraciones, no me ha sentado bien, me da repelús,  tengo la impresión…

Recuerda que prestar atención al modo en cómo nos comunicamos es importante, pues

” Los enemigos más encarnizados de nuestras ideas son aquellos que no las entienden”.
(Albert Einstein)