La niña que arregló el mundo

 

Dicen que los cuentos sirven para dormir a los niños y también para despertar a los adultos, así que ahí va uno de ellos:

Un científico, que vivía preocupado con los problemas del mundo, estaba empeñado en encontrar la forma de minorizarlos, por eso pasaba días y días en su despacho en busca de respuestas para sus dudas.
Cierto día, su hija de 7 años quiso ayudarlo pero el científico, nervioso por la interrupción, le pidió a la niña que fuese a jugar a otro lado.
Viendo que era imposible sacarla, el padre pensó en algo que pudiese distraer su atención así que cogió una vieja revista en donde había la imagen del mapa del mundo y con unas tijeras recortó el mapa en varios pedazos y junto con un rollo de cinta se lo entregó a su hija diciendo: “como te gustan los rompecabezas, te voy a dar el mundo todo roto para que lo repares sin ayuda de nadie”.
Entonces calculó que a la pequeña le llevaría días componer el mapa, pero no fue así. Pasadas algunas horas, escuchó la voz de la niña que lo llamaba con entusiasmo:
“Papá, papá, ya hice todo, conseguí terminarlo”.
Al principio el padre no creyó lo que la niña le decía pues pensó que sería imposible que a su edad hubiera conseguido recomponer un mapa que jamás había visto antes, pero para su sorpresa, todos los pedazos habían sido colocados correctamente.
El padre, asombrado preguntó a la niña cómo lo había hecho, a lo que la niña respondió:
Papá, yo no sabía cómo era el mundo, pero cuando sacaste el mapa de la revista para recortarlo, vi que del otro lado estaba la figura de un hombre. Así que di vuelta los recortes y comencé a recomponer al hombre, que sí sabía cómo era. Cuando conseguí arreglar al hombre, di vuelta a la hoja y vi que había arreglado al mundo.

  (Cristian Urzúa Pérez)

Esta sencilla historia  nos sirve para recordar una de las principales máximas del crecimiento personal: “El trabajo personal empieza y termina en uno mismo”.

Esperar que sean los demás los que cambien o confiar que el destino nos depare algo distinto, es tanto como renunciar a ser protagonistas de nuestra propia vida. El crecimiento personal nos invita a responsabilizarnos de nosotros mismos y de nuestras reacción ante lo que nos pasa. Y cuanto más se avanza en este camino, con más claridad se va comprendiendo que nuestra forma de proceder influye poderosamente en las circunstancias que nos rodean.
Ya lo decía Gandhi:

Sé el cambio que quieres ver en el mundo.

Vivir instalados en la queja, la resignación o la apatía, no nos servirá para sentirnos mejor, al contrario, las personas victimistas no solo sufren más sino que además, con el tiempo, pueden llegar a ser tóxicas para las personas con las que conviven habitualmente.

Piensa globalmente, actúa localmente (Patrick Geddes)

Si piensas en todas las cosas que no marchan bien y que se deberían mejorar lo más seguro es que te acabes sintiendo una persona abrumada, frustrada o impotente para conseguir grandes cambios, pero sin en vez de centrar tu atención en los problemas, intentas identificar qué cosas dependen de ti, que está en tu mano cambiar, en qué medida puedes contribuir a que las cosas mejoren, no solo te sentirás empoderada sino que pronto descubrirás el poder que ejercen las pequeñas acciones en el entorno más inmediato. Como nos enseña el cuento de hoy, para mejorar el entorno que nos rodea debemos empezar por sanarnos a nosotros mismos.

Ponte a prueba
Durante los próximos días obsérvate a ti y a las personas que te rodean y date cuenta de que expresiones predominan a tu alrededor (gratitud, queja, proacción, victimismo…). En este sencillo ejercicio no se trata de juzgar a nadie sino de tomar conciencia neutra de la posición desde la que nos relacionamos, por ejemplo: ¿eres de las personas que se quejan porque se acaban las vacaciones o de las que das gracias por haber disfrutado de unos días de descanso?.
Por cada vez que caigas en la queja o el victimismo piensa una acción que esté en tu mano para cambiar esta situación y un motivo por el que puedes sentir agradecimiento.

¿Aceptas el reto? 😉

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Mejora tus resultados entrenando tu atención

imagen mindfulness

En las sociedades occidentales no sólo hay cierta obsesión por el control del tiempo sino que además muchas veces pretendemos  obtener el máximo rendimiento de él. Eso nos lleva a tener agendas imposibles de cumplir a no ser que hagamos varias cosas a la vez.  Hablar por el móvil mientras se va conduciendo,  revisar el correo electrónico mientras se camina por la calle o contestar whatshapp aun estando en una reunión o en compañía de amigos o de la pareja, son sólo algunos de los muchos ejemplos de multitareas que llevamos a cabo o que observamos en los demás con cierta naturalidad.

Las tecnologías son, sin duda grandes facilitadoras para mejorar la gestión del tiempo, no obstante el uso o, mejor dicho, el mal uso, que hacemos de ellas nos llevan a una situación inversa de cierto estrés. ¿Te has parado a pensar alguna vez  cuanto tiempo se necesita para mantener facebooks, blogs, twitters, whatshapps y cuentas de correo?

El ideal del Superman o Superwoman capaz de llevar una casa, tener una familia, educar a unos hijos, tener una carrera profesional y además tener tiempo para ir al gimnasio y para estar con los amigos o simplemente divertirse, nos conduce, erróneamente, a pensar que nuestro cerebro está preparado para hacer varias cosas a la vez. Algo que está demostrado ser completamente falso. Es verdad que podemos hacer cosas de forma simultanea, pero nuestra capacidad de atención en cada una de ellas es menor, de manera que  los resultados no son igual de buenos y las posibilidades de cometer errores se incrementan exponencialmente.

Pero la pérdida de eficiencia y el estrés no son las únicas consecuencias negativas de la falta de atención. Lo verdaderamente grave es que viviendo de ese modo perdemos la consciencia de nuestra propia vida, perdemos la oportunidad de disfrutar del aquí y el ahora, mientras que los días, las semanas y los meses van pasando e forma inexorable.

Existen herramientas como el Mindfulness  o el Focusing o  el Flow que nos pueden ayudar a mejorar nuestra consciencia. Aquí tienes algunos ejercicios muy sencillos que también te puden ser de utilidad para mejorar tu atención:

1.- Define tus metas. Hacemos muchas cosas, pero ¿realmente todas son importantes y necesarias? Tener claro qué queremos alcanzar, a dónde queremos llegar, nos servirá de brújula cuando nos dispersemos.

2.- Durante unos minutos al día centra tu atención en algo, como por ejemplo tu respiración e intenta contar las veces que inspiras durante ese tiempo. Cada vez que notes que tu mente se va a otros pensamientos, recondúcela nuevamente a tu respiración y empieza a contar de nuevo.

3.- Coge un pequeño objeto y escucha tu cuerpo. Tienes cinco sentidos: vista, olfato, oído, gusto y tacto. Dedica dos minutos a cada uno de ellos y durante ese ratito céntrate en aquella información que cada uno te aporta:  qué estás viendo, qué formas, qué colores, qué luminosidad, qué fragancia, qué sonidos, qué sabor viene a tu boca, qué temperatura, qué textura…vas percibiendo.

4.- Haz alguna tarea que te saque de tu zona de confort. Aquello que ya dominamos y que sabemos hacer fácilmente nos permite desviar la mente a otros pensamientos. Cada vez que hacemos algo por primera vez o que nos resulta difícil o nos supone un reto, nos obliga a concentrarnos y a estar más atentos. Un ejercicio sencillo puede ser leer un pequeño texto al revés, desde el final hasta el principio.

5.- Limpia tu casa. Quizás este ejercicio no te parezca muy divertido pero  está demostrado que el desorden también puede ser un estresor. Cuando limpiamos físicamente, ordenamos un armario o nos deshacemos de cosas que no usamos, mentalmente también  hacemos una descarga que nos sirve para superar cosas del pasado y que vamos acumulando mentalmente.

Con todos estos sencillos ejercicios estás reforzando el circuito neuronal que el cerebro utiliza para estar en atención, si los practicas de forma habitual tus resultados mejorarán visiblemente.

Como dice Daniel Goleman en su libro Focus:

“La atención es un músculo que debemos ejercitar diariamente”