¿Eres de los que dejas para mañana lo que puedes hacer hoy? Deja de procastinar.

procrastinar

«Trabajo hecho, no corre prisa.»
«A quién madruga Dios le ayuda»
«No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy»

Todos conocemos frases y refranes sobre la importancia de optimizar el uso del tiempo. A pesar de ello  todos, en algún  momento  u otro, nos hemos dedicado a tareas diferentes de las que inicialmente nos habíamos propuesto. En otras palabras, en algunas ocasiones procastinamos.

¿Cuántas noches antes de acostarte te has propuesto que al día siguiente madrugarías para ir al gimnasio y cuando suena el despertador, lo has apagado y has seguido durmiendo con la falsa promesa de “sólo 5 minutitos más”?.

¿Cuántas veces has empezado a ordenar el escritorio, limpiar la habitación o cualquier otra cosa, con tal de no ponerte a estudiar para un examen?

¿Quién no se ha conectado  alguna vez a Internet para buscar una información puntual y concreta y ha acabado navegando por páginas que no tenían nada que ver con lo que estabas buscando?.

¿Y que me dices de ese informe que lleva días en tu mesa esperando a que hagas una determinada gestión que no acabas de hacer porque «casualmente» acabas haciendo antes otras muchas cosas?

La procastinación, (dejar de hacer aquello que crees que tienes que hacer, por hacer otras cosas distintas) si se hace de forma puntual y aislada no supone mayor problema. La dificultad deriva de hacer de la procastinación un hábito, porque es obvio que si de forma frecuente  no nos dedicamos a hacer aquello que necesitamos o que nos conviene hacer, tarde o temprano  estaremos en aprietos o, por lo menos, bastante lejos de nuestros objetivos y en ambos casos el resultado es el mismo: nos sentimos mal.

Sin embargo, ese malestar no nos sirve de mucho y al cabo de unos cuantos días es muy probable que si eres una persona con tendencia a la procastinación, te acabe sucediendo lo mismo, una vez más.procrastinar2

El post de esta semana va destinado a compartir contigo  algunos trucos para combatir la procastinación. En realidad hay bastantes técnicas que pueden ayudarte a ser constante y firme en tus intenciones, para no acabar haciendo aquello en el realidad no deseas. Se trata pues, que elijas aquellas que más se adapten a ti.

No obstante, independientemente de por cual decidas empezar, siempre hay un primer paso que tienes hacer hacer sí o sí para vencer la inercia a la procastinación. Es algo tan sencillo y a la vez tan complicado como ser sincero con uno mismo al responder a la pregunta: ¿Por qué no lo estoy haciendo?

Muchas veces  postergamos hacer algo, sencillamente porque estamos huyendo de eso, de lo que significa o de lo que nos supone.  En otras ocasiones, la emoción que se oculta tras la procastinación es el miedo: miedo a fallar, a no hacerlo bien, a no cumplir expectativas propias o de terceros…

Muchas veces, la procastinación encuentra su origen en el sencillo hecho que se trata de temas que, en realidad, nos han sido impuestos y que hemos acabado asumiendo como temas nuestros a hacer por no saber decir un “no” a tiempo.

Sea cual sea tu caso,  el saber qué emoción motiva tu comportamiento, te ayudará a entenderte y a encontrar más fácilmente una solución.

Aun así, hay muchas otras herramientas que pueden ayudarte. Algunas de ellas son:

1.-Utiliza la Regla de los Dos Minutos. Esta regla viene a decir algo así como que si estás planificando una acción que se puede hacer en menos de dos minutos, no la planifiques; simplemente hazla.

2.-Escribe en una lista las tareas que deseas hacer y comprométete a hacerlas dentro de un plazo. Anota también todas aquellas cosas que acabas haciendo  y que no habías previsto. Luego dedícale atención  a identificar qué cosas te están “robando” el tiempo ( mirar el móvil, responder whatsApps, consultar los correos,  picar algo de comer entre horas…)

3.-Fragmenta las tareas duras o difíciles. Un buen truco consiste en dividir en minitareas una tarea más compleja y plantearte hacer de una en una.  Muchas veces cuando nos planteamos hacer solo una parte, al final acabamos haciendo todas las demás, porque lo que sucede es que cuando llegas a conectar con la tarea que estás haciendo, el freno mental desaparece y coges inercia para finalizarla.

4.-Consolida rutinas. Aunque las rutinas no son siempre deseables, lo cierto es que interioritzar  hábitos y  rutinas nos puede ayudar a incorporar  determinados comportamientos en nuestro día a día.

5.-Toma decisiones. Muchas veces las tareas quedan pendientes simplemente porque no te apetece tomar una decisión.

6.- Pon en práctica decir “no”. Muchas de las tareas que acabamos posponiendo se deben a que en realidad  son compromisos que hemos asumido por no saber negarnos a tiempo.

7.- Busca tu mejor momento. Hay gente que prefiere madrugar y empezar el día haciendo cosas, otras personas tienen más energía y vitalidad por la tarde o por la noche. Conócete a ti mismo y aprovéchate de ello.

8.-Recompénsate. La idea de celebrar los logros es algo recurrente en este blog. Cuando termines esa tarea que se resiste, premiate con algo que realmente te compense. No es necesario que siempre sea algo material, puedes  optar por un baño relajante, un paseo por el parque, un ratito para escuchar música o cualquier otra actividad que te produzca bienestar.

Y recuerda:

«Aplazar una cosa fácil, hace que sea difícil. Aplazar una cosa difícil hace que sea imposible”. (Goerge Claude Lorimer).

Si te apetece profundizar un poco más, te recomiendo que escuches  a Tim Urban en esta divertida charla TED. (para acceder al vídeo pulsa aquí )

 

El «Síndrome de la rana hervida»: ¿eres de los que saltan o de los que se cuecen?

rana hervida

Imagina por un instante una olla con agua hirviendo, ¿qué crees que sucedería si echases una rana en su interior? . Al primer contacto de su piel con el agua caliente, la rana percibe el peligro e instintivamente salta al exterior. Por el contrario, si el agua está templada y le aumentas la temperatura de forma gradual,  la rana puede llegar a cocerse y morir sin apenas ser consciente de ello, pues para cuando la situación le resulte insoportable, ya estará demasiado aturdida y debilitada para escapar.

Esta metáfora se basa en la historia escrita por Olivier Clerc  y ha servido de ejemplo e inspiración para otros muchos autores para explicar de una forma muy sencilla y amena, el impacto que la falta de visión y de conciencia puede llegar a tener en nuestra vida.

Las personas solemos actuar de forma parecida a la rana de la metáfora. Nos resulta fácil identificar y rechazar una cosa que irrumpe en nuestra vida haciendonos daño, de la misma manera que la rana sabe saltar cuando  toca el agua por primera vez y le quema.

Sin embargo, al igual que ella, somos capaces de aguantar situaciones hasta límites que ni imaginábamos y nos amparamos en múltiples excusas para prolongar situaciones que nos están produciendo un verdadero malestar profundo. En otras palabras, nos acomodamos a determinadas situaciones autoengañándonos y evitando afrontar con determinación y valentía eso que nos daña.

Cuando aguantamos un trabajo mal pagado que no nos motiva y nos estresa, cuando mantenemos una relación sentimental porque simplemente nos hemos acostumbrado a la otra persona, cuando miramos impasibles noticias que, por enésima vez, nos muestran los horrores de las guerras…estamos sufriendo el «Síndrome de la rana cocida» : estamos adquiriendo comportamientos, actitudes y hábitos que nos alejan de nuestros objetivos, nos provocan apatía e insatisfacción, incluso pueden llegar a afectar nuestra salud (dolores de cabeza, contracturas musculares, estrés, depresión, ansiedad…)

¿Por qué no reaccionamos?

El miedo y/o  la comodidad suelen ser los principales motivos. Salir de nuestra zona de confort nos resulta difícil y aunque sepamos que el cambio puede sernos muy beneficioso, la realidad es que en muchas ocasiones nos produce pereza.

(Si quieres saber más sobre cómo salir de la zona de confort y aun no has visto el post anterior “¿Te atreves a sonar?”, este puede ser un buen momento para hacerlo,  apretando aquí).

¿Cómo podemos evitar cocernos en una olla con agua hirviendo?

Ya sabemos que las fórmulas mágicas y las recetas maravillosas no existen. La mejora personal  va acompañada sí o sí de implicación, compromiso y responsabilidad. La mejor manera para evitar cocernos, sin duda es no quererlo, y ser coherente con ello.

Aquí te apunto 4 herramientas que pueden ayudarte a ello:

1.- Trabaja tu autoconciencia:
Conoce tu “yo real”, no aquello que deseas ser sino quien eres en realidad. Repasa tus rutinas, tus hábitos, tus costumbres arraigadas con atención y distingue aquello que haces porque te aporta valor, de aquello que acabas haciendo  por pura inercia.

2.-Pon límites:
Identifica claramente cuales son tus líneas rojas. Aquello que no estás dispuesto a tolerar pase lo que pase. Alinea esos límites a tus valores y una vez los tengas bien definidos, debes mantenerlos sin excusas.

3.- Planifica:
Visualiza qué vida deseas, márcate unos objetivos asumibles a alcanzar y valora si lo que haces te acerca o te aleja de ellos.

4.-Actitud positiva:
Una misma realidad puede verse desde muchas ópticas distintas. En ocasiones nuestro único margen de maniobra es cambiar nuestra actitud y nuestra forma de ver una  situación y sucede que cuando nos tomamos las cosas de otro modo, aun siendo las mismas, el efecto que produce en nosotros es totalmente diferente.

¿Ya sabes de qué olla estás dispuesto a saltar?

 

¿Te atreves a soñar?: Sal de tu zona de confort

pedir deseo

«Solo una cosa vuelve un sueño imposible: el miedo a fracasar»
(Paulo Coelho)

Muchas veces esperamos que nos pase algo que nos cambie la vida para poder hacer aquello que en realidad deseamos hacer, pero la mayoría de los casos, los días, los meses, los años van pasando,…y esa supuesta cosa nunca llega a suceder.

Lo peor de todo no es que no suceda nada, lo verdaderamente grave es que si lo hubiéramos intentado, si hubiéramos tomado alguna iniciativa más allá de permanecer en la eterna espera, seguro que las cosas serían diferentes.

Nuestros miedos, nuestras dudas, las creencias limitadoras que nos hemos ido construyendo a lo largo de la vida y la falta de apoyo del entorno, son solo algunos ejemplos de los muchos factores que nos frenan y nos hacen permanecer en una zona de confort, entendiendo por ésta no la zona de comodidad y bienestar en la que desearíamos estar, sino la zona que nos resulta cómoda por el mero hecho que es la zona que conocemos (hábitos, rutinas, costumbres) y que hace que vivamos la vida “por inercia”.

El post de esta quincena lo dedico a compartir con vosotros un vídeo que ya hace tiempo que corre por la red, pero que vale la pena visualizarlo de vez en cuando para tener siempre presente que somos más LIBRES de lo que pensamos y aunque sean muchos los condicionantes que influyan en nuestra vida, al final la decisión última de cómo estos nos afecten depende de NOSOTROS. Así pues……. ¿te atreves a soñar?

Para ver el vídeo clica aquí

 

El dilema de Wendy: la otra cara de la moneda

dilema de wendy

En el post anterior hablé del Síndrome de Peter Pan, en alusión al trastorno descrito por el psicólogo norteamericano Dan Keley para referirse a las personas que  han quedado ancladas en su infancia y que evitan  cualquier tipo de rol adulto. Algo que, sin duda alguna, acaba afectando tanto al propio desarrollo personal como  a las posibles  relaciones con otras personas.

Pero ese no es el único trastorno que alude a personajes del cuento. El mismo Dan Keley, se inspiró en el personaje de Wendy para describir otro tipo de desorden: el síndrome de Wendy (o el dilema de Wendy, aludiendo al título del libro que él mismo escribió para explicarlo).

CARACTERÍSTICAS

Al igual que la Wendy del cuento, las personas que sufren este trastorno suelen ejercer un papel de cuidadoras de  las personas de su entorno, hasta el punto de acabar asumiendo en muchas ocasiones, la responsabilidad de todo, incluso de aquello que no es de su responsabilidad.

Aunque el Síndrome de Wendy también puede darse en hombres, mayormente lo sufren las mujeres y se caracteriza por una necesidad absoluta de satisfacer a los otros, de sentirse imprescindible y de proteger y cuidar a los demás.

Pero lo que a priori puede parecer una demostración de afecto y cariño, en realidad se trata de amor mal entendido, consecuencia de la propia inseguridad provocada por una baja autoestima.

El temor, a menudo inconsciente, al rechazo, a la soledad o al abandono, deriva en evitar el conflicto, en una sobreprotección de los demás y en acabar ejerciendo de madre/padre en todas las relaciones. La insatisfacción derivada de no tener metas y objetivos propios lleva, además, a intentar suplir ese vacío volcándose en atender y cuidar a los demás para sentirse útiles.

Pero a diferencia de lo que pasa con el Síndrome de Peter Pan, el Síndrome de Wendy  resulta más complejo de detectar porque socialmente durante muchas generaciones se ha reforzado ese  tipo de comportamiento en las mujeres. Aunque cada vez menos, aun hoy en día nuestra sociedad sigue atribuyendo a las mujeres el  rol de madre cuidadora y protectora que por amor se entrega con resignación y sacrificio a los demás.

CAUSAS

Una vez más la infancia juega un papel fundamental en la salud emocional de las personas. Aunque no es ni mucho menos la causa única que determina nuestro nivel de autoestima,  lo cierto es que lo que vivimos durante los primeros años de vida  establece los cimientos sobre los cuales vamos construyendo nuestra personalidad.

La personas con el síndrome de Wendy pueden haberse visto obligadas a madurar antes de tiempo y a asumir responsabilidades desde temprana edad. También se ha dado el caso de personas que siendo niños se sintieron desprotegidos y para compensar esas necesidades, de adultos intentan evitar a los demás sus propias carencias internas.

CONSECUENCIAS

Al igual que sucede en el cuento entre Peter Pan y Wendy,  en muchas ocasiones, en la vida real ambos síndromes se retroalimentan, tanto en las relaciones de pareja como en las filiales: normalmente detrás de un hijo “Peter Pan” hay unos padres “Wendy”.

ATENCIÓN

Darse cuenta que  hay un problema ya nos acerca a la solución. Pero tomar conciencia, aunque es imprescindible, por si solo no es suficiente. Cualquier cambio requiere acción y esa acción no puede ser puntual o esporádica sino que debe integrarse en el día a día, como una rutina o un hábito. Por ello, lo ideal siempre es empezar por pequeñas cosas, a poder ser concretas, tangibles, precisas.

En el caso de las personas sobreprotectoras, lo que resulta muy útil es darse cuenta que querer a alguien implica confianza en la otra persona y en sus capacidades, por ello aprender a delegar es una muestra de confianza, respeto y amor.

También puede resultar muy útil practicar el decir “no” cuando se quiere decir “no” y decir “sí” cuando se quiere decir “sí”, hasta llegar al punto de poder hacerlo sin sentimientos de culpa ni remordimientos.

El desarrollo de las habilidades para saber gestionar los conflictos en vez de evitarlos o negarlos también puede ser de gran utilidad. Y, por supuesto, el acompañamiento  de un buen profesional siempre puede facilitarnos nuestro camino de crecimiento personal y mejora continua.

Síndrome de Peter Pan: atrapados en la infancia

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¿Recuerdas el cuento de Peter Pan y el Capitán Garfio?, en realidad la historia de Peter Pan nació como una obra de teatro escrita del puño del escritor escocés James Mattew Barrie y que se  estrenó en Londres a principios del siglo XX .

La historia, muy resumida, cuenta las aventuras de Peter Pan, un niño que nunca crece y que odia el mundo de los adultos. Siempre va acompañado de su hada (Campanilla), y el polvo de hada que ésta desprende hace que Peter Pan tenga la capacidad de volar libremente . A lo largo de la historia se cuentan  infinidad de aventuras que suceden en el País de Nunca Jamás,  una isla poblada por piratas, indios, hadas y sirenas, en la que Peter Pan vive junto a sus amigos, los Niños Perdidos.

Pero el nombre de Peter Pan va mucho más allá de ser un mero personaje literario. Al psicólogo norteamericano Dan Keley le sirvió de inspiración en los años 80 para dar nombre a un trastorno psicológico: Síndrome de Peter Pan.

Desde entonces  se utiliza este nombre para hacer referencia a esas personas que no saben o no quieren aceptar las responsabilidades asociadas a la edad adulta. Personas que han quedado ancladas en su infancia evitando cualquier tipo de rol adulto, lo que sin duda acaba afectando tanto al propio desarrollo personal, como  a las posibles  relaciones con otras personas.

El síndrome de Peter Pan es más frecuente en hombres que en mujeres, aun así no puede afirmarse que se trate de un síndrome exclusivamente masculino.

CARACTERÍSTICAS

Bajo una apariencia jovial, divertida, seductora e independiente, se oculta una fuerte necesidad de  atención  de otras personas a las que se consideran “más fuertes” y de las que se acaba generando una fuerte dependencia. Paradójicamente, también se produce la incapacidad de comprometerse, de generar estabilidad y confianza.

Las personas que padecen este síndrome se caracterizan, además, por tener una baja autoestima, lo que produce una gran dificultad para encajar las frustraciones y una sensación de insatisfacción vital, pese a los muchos logros que puedan conseguir.

La idealización de la juventud les lleva a no aceptar el paso del tiempo y el envejecimiento propio de la edad, por lo que el culto al cuerpo y a la imagen externa se convierte en una prioridad.

CAUSAS

Aunque no existe un único factor que explique la aparición del Síndrome de Peter Pan, lo cierto es que las vivencias de la infancia juegan un papel importante. La falta de límites, un exceso de permisividad y una fuerte sobreprotección, pueden contribuir a esa idealización de la infancia.

En el otro extremo, infancias muy duras con evidentes faltas de atención y cariño, también pueden provocar un deseo de recuperar en la edad adulta el tiempo perdido durante los primeros años de vida.

Pero las causas no siempre se encuentran en el exterior. Existen determinados rasgos de personalidad, como la tendencia a la evitación o la dependencia emocional, que también favorecen a la aparición de este síndrome.

CONSECUENCIAS

Aunque Peter Pan pudiera vivir en un mundo de fantasía, las personas vivimos en un mundo real. Por ello, quienes padecen el síndrome de Peter Pan experimentan importantes alteraciones emocionales y de conducta: ansiedad, angustia, tristeza e  insatisfacción son sólo algunas de las emociones más frecuentes en estas personas.

En cuanto a sus relaciones, aunque puedan ser muy numerosas, éstas son superficiales e inestables, especialmente con las parejas, con quienes les cuesta crear vínculos de compromiso.

PREVENCIÓN

Todos los padres y madres deseamos lo mejor para nuestros hijos, no obstante ello que quiere decir que evitar las responsabilidades propias de cada edad sea positivo para ellos. Justo al contrario, ayudándolos a afrontar retos asumibles y acompañándolos en la aceptación de las responsabilidades propias de cada edad, se refuerza la autoestima y la autonomía.

Parece pues, que la prevención más efectiva es aquella que basa la educación de los más pequeños de la casa en el amor y el afecto con unas pautas de conducta y valores claros y definidos.

ATENCIÓN

Asumir que se tiene un problema es, sin duda, el primer paso para empezar a solucionarlo. La terapia con un buen profesional puede facilitar el proceso de asumir responsabilidades cotidianas, la toma de decisiones y la resolución de problemas.

Cambiar la forma de interpretar la realidad,  substituyendo poco a poco el victimismo y la queja constante por la propuesta activa de soluciones y alternativas, requiere todo un proceso de entrenamiento y constancia, pero que poco a poco ayuda a aumentar la autoestima, la aceptación y la tolerancia a la frustración.

El elefante encadenado

«Cuando yo era chico me encantaban los circos, y lo que más me gustaba de los circos eran los animales. También a mí como a otros, después me enteré, me llamaba la atención el elefante.

Durante la función, la enorme bestia hacía despliegue de peso, tamaño y fuerza descomunal… pero después de su actuación y hasta un rato antes de volver al escenario, el elefante quedaba sujeto solamente por una cadena que aprisionaba una de sus patas a una pequeña estaca clavada en el suelo. Sin embargo, la estaca era sólo un minúsculo pedazo de madera apenas enterrado unos centímetros en la tierra. Y aunque la cadena era gruesa y poderosa me parecía obvio que ese animal capaz de arrancar un árbol de cuajo con su propia fuerza, podría, con facilidad, arrancar la estaca y huir. El misterio es evidente: ¿Qué lo mantiene entonces? ¿Por qué no huye?

Cuando tenía cinco o seis años, yo todavía confiaba en la sabiduría de los grandes. Pregunté entonces a algún maestro, a algún padre, o a alguna tía por el misterio del elefante. Alguno de ellos me explicó que el elefante no se escapaba porque estaba amaestrado. — Hice entonces la pregunta obvia: — Si está amaestrado ¿por qué lo encadenan? No recuerdo haber recibido ninguna respuesta coherente.

Con el tiempo me olvidé del misterio del elefante y la estaca… y sólo lo recordaba cuando me encontraba con otros que también se habían hecho la misma pregunta. Hace algunos años descubrí que por suerte para mí alguien había sido lo bastante sabio como para encontrar la respuesta: El elefante del circo no escapa porque ha estado atado a una estaca parecida desde que era muy, muy pequeño.

Cerré los ojos y me imaginé al pequeño recién nacido sujeto a la estaca. Estoy seguro de que en aquel momento el elefantito empujó, tiró y sudó tratando de soltarse. Y a pesar de todo su esfuerzo no pudo. La estaca era ciertamente muy fuerte para él. Juraría que se durmió agotado y que al día siguiente volvió a probar, y también al otro y al que le seguía… Hasta que un día, un terrible día para su historia, el animal aceptó su impotencia y se resignó a su destino.

Este elefante enorme y poderoso, que vemos en el circo, no escapa porque cree –pobre— que NO PUEDE. Él tiene registro y recuerdo de su impotencia, de aquella impotencia que sintió poco después de nacer. Y lo peor es que jamás se ha vuelto a cuestionar seriamente ese registro. Jamás… jamás… intentó poner a prueba su fuerza otra vez…»

El Elefante encadenado
En el libro Déjame que te cuente, de Jorge Bucay

Todos y cada uno de nosotros tenemos algo de ese elefante y continuamos atados a estacas imaginarias que sabemos que nos limitan, nos incomodan, nos condicionan y aun así no hacemos nada por liberarnos, pues la creencia del “no puedo, no soy capaz” es más fuerte y nos cohíbe e inhibe de cualquier intento.

Las creencias tienen una importante función en nuestro día a día. Nuestro cerebro funciona en base a estas ideas que vamos interiorizando y que , en definitiva, acaban configurando el mapa que utilizamos para entender e interpretar la realidad y movernos por la vida, de ahí que cada persona vea una misma realidad de modo distinto.

El problema no es pues, tener creencias, sino la naturaleza de ellas, esto es: si estas creencias nos ayudan a vivir mejor y nos aportan bienestar o, por el contrario, nos limitan y nos producen malestar.

Lo interesante de todo esto es que si sabemos que nuestras creencias condicionan nuestros pensamientos y nuestro comportamiento en la vida, podemos afirmar que para cambiar un pensamiento o un comportamiento, tenemos que empezar por modificar la creencia que los motiva. En este punto es donde surge la pregunta del millón: ¿cómo?.

La PNL (Programación Neurolingüística) es una de las herramientas fundamentales que utiliza coaching. La PNL hace posible una metodología de aprendizaje basada en la comunicación, que facilita los cambios y la eliminación de barreras limitadoras, desarrollando nuevos recursos para que las personas lleguen a alcanzar los objetivos que se propongan.

Algunas de las herramientas que utiliza la PNL para trabajar valores, creencias y motivación, son los ejercicios de visualización, los anclajes, las afirmaciones positivas y las palabras clave. En este post y basándome en la PNL, te ofezco algunas herramientas para cambiar tus creencias limitadoras.

¿CÓMO MODIFICAR CREENCIAS LIMITADORAS?

PASO 1: DATE CUENTA
Se trata de eso, de pillar infraganti a tu cerebro para detectar qué creencias tienes. ¿Eres de los que te expresas utilizando palabras como: creo que….confío en que… nada me sale bien…, todo me pasa a mi…me gustaría pero no puedo… yo soy así y no puedo cambiar…Tu forma de expresarte puede ponerte en la pista. Entonces hazte las preguntas: ¿realmente TODO, sin excepción, es como dices?, ¿realmente NADA puede ser diferente?.

PASO 2: BUSCA
Consiste en recordar cómo ese pensamiento ha llegado hasta ahí. Es decir ¿por qué crees eso?, ¿qué te hace pensar que todo te pasa a ti, que nada te sale bien, que no puedes aunque quisieras?, las respuestas pueden venirte de diferentes fuentes: porque te ha pasado otras veces, porque alguien importante para ti te lo ha dicho, porque tus valores así te lo indican…es interesante cuestionarse la fuente: ¿sólo porque lo diga esa persona es cierto? ¿que te haya salido mal algunas veces quiere decir que estadísticamente el 100% de los casos te va a salir mal?

PASO 3: CAMBIA LA CREENCIA
Para cambiar una creencia limitante por una creencia potenciadora tienes que escoger claramente que creencia negativa quieres cambiar. Una vez la tengas clara, piensa qué creencia positiva quieres poner en su lugar. En este punto responde a estas preguntas:

¿Cómo puede mejorar mi vida aplicando la creencia positiva?
¿Cómo podría empeorar mi vida por esa nueva creencia?
¿Qué es lo mejor que te puede pasar si continúas con la vieja creencia?
¿Qué es lo mejor que te puede pasar con la creencia positiva?

PASO 4: CONSOLIDA LA CREENCIA.
Consolidar la creencia es, un poco, como entrenar en el gimnasio, requiere repetición y constancia. Repetirte en voz alta la nueva creencia cada día o escribirla en un papel y tenerlo visible es una buena fórmula de reprogramar el cerebro.

Y ahora que ya has leído este post, ¿ya sabes de que estaca vas a liberarte? 😉

¿Sabes cómo te comunicas?

imagen comunicacion

¿Alguna vez has tenido la sensación que algunas personas no te entienden y con otras, sin embargo, la comunicación fluye de una manera natural?.

Ya sea de manera consciente o inconsciente, en cualquier contacto con otra persona, constantemente estamos enviando y recibiendo información, incluso cuando no deseamos hacerlo, lanzamos información que puede ser percibida por los otros: cuando hablamos, cuando estamos en silencio, nuestros gestos, nuestros movimientos, el tono de nuestra voz…dicen mucho de lo que sentimos y de lo que estamos pensando.

“Es imposible no comunicarse, nos comunicamos aunque no queramos”

No obstante, ello no quiere decir que siempre comunicamos lo que deseamos, ni que los demás reciban exactamente lo que nosotros queremos comunicar: entre lo que yo quiero decir y lo que digo, lo que tú percibes, lo que comprendes, lo que retienes y lo que contestas, se produce un complejo proceso en el que intervienen muchos factores que desvirtúan el mensaje inicial.

Uno de estos factores tiene que ver con nuestros propios sentidos: vista, oído, olfato, gusto y tacto. Todas las personas utilizamos estos sentidos para comunicarnos y para percibir el entorno que nos rodea, no obstante no todos los usamos del mismo modo. Según la PNL (Programación Neurolingüística), las personas tendemos a tener un sentido predominante:

Si nuestro sentido predominante es la vista somos más visuales. Si es el oído el sentido principal, hablamos de una preferencia auditiva y  si los sentidos dominantes son el olfato,gusto o  tacto hablamos de un predominio de la cinestesia.

Así, por ejemplo, tras una cena en un restaurante, la persona más visual recordará fácilmente la decoración, la iluminación, la presentación de los platos, una persona más auditiva recordará mejor el sonido ambiente, si había o no música de fondo, algún comentario del camarero… y una persona más cinestésica recordará los olores y el gusto de la comida, si la silla era cómoda, si la temperatura era la adecuada…

Desarrollar nuestras  habilidades comunicativas ha sido y sigue siendo objeto de estudio e interés para muchas disciplinas como la educación, el márketing o la política, pero sobre todo, tiene especial interés en todo lo relacionado con el crecimiento personal, pues a través de una buena comunicación podemos incidir positivamente en todas las relaciones de nuestra vida, ya sean familiares, sentimentales, profesionales…

Utilizar esta sencilla herramienta con nosotros mismos nos permite conocernos mejor y optimizar nuestras potencialidades. Utilizarla con las personas con las que nos relacionamos, también nos facilitará mucho la comunicación, pues podremos adaptar nuestro mensaje a su sentido predominante, para que nos entiendan mejor.

Un ejemplo de la utilidad hacia nosotros mismos es a la hora de estudiar: si sabemos que somos más visuales, estudiaremos mejor escribiendo un resumen, haciendo un esquema o dibujando una infografía. Si somos más auditivos lo mejor es leer en voz alta, que alguien nos lo explique o escuchando una grabación. Si somos predominantemente cinestésicos lo mejor es experimentar, llevar a la práctica aquello que aprendemos.

Un ejemplo de utilidad hacia los otros es, por ejemplo cuando presentamos una idea a nuestro jefe. Si nuestro jefe prefiere lo  visual, lo mejor es prepararle una presentación de la idea (power point, dossier con gráficos, imágenes…), si se inclina hacia lo auditivo, lo más práctico es que se la podamos explicar directamente nosotros mismos y si es más cinestésico, tendremos que asegurarnos en elegir un momento y un lugar en el que se sienta cómodo, y tranquilo .

Pon en práctica…

Si te ha parecido útil el contenido de este post y te apetece ponerlo en práctica, aquí tienes algunas ayudas para que puedas hacerlo. Lo primero a tener en cuenta, es que no existen los tipos puros, esto es, no hay una persona puramente visual, puramente auditiva y puramente cinestésica, todos utilizamos todos los sentidos y esto variará según las circunstancias, aunque como ya se ha dicho anteriormente, hay una tendencia a que predomine uno de los tres tipos en cada uno de nosotros.

¿Cómo reconocer a un visual?

visualSuelen ser personas observadoras, captan el detalle y muchos de los pequeños aspectos que a otras personas se les pasan por alto. Cuando hablas con ellas, buscan el contacto visual. Suelen ser ordenadas y organizadas. Utilizan frases del tipo: tal y como yo lo veo,  desde mi punto de vista,  no lo veo claro, ¿cómo lo enfocamos?, veamos eso …

¿Cómo reconocer a un auditivo?

auditivo

Suelen ser buenos conversadores, les gusta escuchar  y cuando lo hacen inclinan la cabeza para un lado. No necesitan el contacto visual para estar atentos a una conversación. Son más sensibles a los ruidos y les gusta tener sonido de fondo mientras hacen otras cosas, ya sea música, la tv, la radio..Suelen usar frases del tipo: eso suena bien, hablemos de ello, dime…

¿Cómo reconocer a un cinestésico?

cinestesico

Son personas a las que la proximidad física no les incomoda, incluso algunas pueden tener tendencia a tocar a los demás mientras hablan. Gesticulan y suelen ser muy expresivas y espontáneas con poca tendencia a planificar. Les gusta experimentar por ellos mismos las cosas y ponerlas  en práctica. Utilizan frases del tipo: me da malas vibraciones, no me ha sentado bien, me da repelús,  tengo la impresión…

Recuerda que prestar atención al modo en cómo nos comunicamos es importante, pues

» Los enemigos más encarnizados de nuestras ideas son aquellos que no las entienden».
(Albert Einstein)

 

Hábitos y rutinas (2ª parte)

En el post anterior se explicaba qué son las rutinas  y los hábitos y  qué pueden aportar de positivo y de negativo a nuestras vidas. El post de esta semana se centra en enseñar cómo podemos crearlos o modificarlos.

Lo primero que tenemos que tener en cuenta es que no existen  fórmulas mágicas, ni recetas milagrosas. Cualquier modificación de un hábito implica sí o sí, esfuerzo y constancia.

En muchos lugares se dice que en 21 días ya puedes crear un hábito. En la práctica, crear un hábito puede llevar algo más de tiempo. Según un estudio de la University College London publicado en 2009, la creación de un hábito oscila ente 18 y 254 días, según la persona, siendo el promedio más habitual 66 días.

El segundo elemento que hay que tener presente es que crear o modificar un hábito requiere compromiso y motivación. De nada sirve, por ejemplo, que el médico nos diga que tenemos que perder peso o dejar de fumar, si interiormente no tenemos el convencimiento de que eso tiene que ser así. Si no estamos suficientemente motivados mejor no empezar, pues difícilmente alcanzaremos nuestro objetivo y ello nos provocará mayor frustración y malestar.

El tercer elemento a considerar es que si somos muy ambiciosos y nos proponemos muchos cambios a la vez, lo más probable es que nuestra energía se disperse demasiado y no acabemos alcanzando ninguno de ellos. En este sentido, resulta mucho más efectivo proponerse objetivos realistas y priorizarlos, focalizando nuestro esfuerzo en una sola cosa a la vez. En este caso, la frase ”divide y venderás” da resultado.

Pasos para cambiar o crear un hábito.

1.- Saber qué quieres conseguir: ponle nombre, descríbelo,  exprésalo en palabras. Cuanto más definido lo tengas, más fácil te resultará el resto. Yo, por ejemplo quiero incorporar en mi vida el hábito de beber más agua, pero dicho de esta manera, no me resulta útil por eso debo concretarlo más: quiero beber dos litros de agua al día (lo que equivale a 8 vasos).

2.-Definir una estrategia: o lo que es lo mismo, concretar aquello que haremos para alcanzar nuestro objetivo. Siguiendo con el ejemplo anterior, yo para crearme el hábito de beber más, he empezado a llevar un botellín de agua en el bolso, justo antes de cada comida me lleno un vaso de agua y durante el día me pongo una alarma en el móvil para recordarme que cada 3h he de beber agua. En el caso de querer modificar un hábito ya adquirido, también es importante identificar que situaciones nos pueden llevar a recaer en ese hábito. Por ejemplo, si tenemos la costumbre de fumar un cigarro haciendo la sobremesa después de comer, lo mejor es que después del postre nos levantemos de la mesa y nos desplacemos a otro lugar. También podemos aprovechar para hacer un anclaje con otro hábito, como por ejemplo, substituir el cigarro por una infusión. En este punto puede ser de gran ayuda contar con apoyos en nuestro entorno, personas de nuestra confianza que nos animen, nos reconozcan el esfuerzo y con los que podamos hablar de nuestros avances.

3.-Monitorizar los resultados: Resulta muy útil trabajar un hábito indicando en un calendario nuestros avances, basta con que al finalizar el día marquemos de algún modo si hemos conseguido o no nuestro objetivo. Utilizar un círculo o una cruz puede ser suficiente, pero si lo prefieres también puedes usar colores. En el caso de trabajar con niños suele ser más motivador utilizar pegatinas y dejar que sean ellos quienes las enganchen. Los días que no hayamos podido realizar nuestro propósito vale la pena dedicar unos minutos a reflexionar sobre el motivo y pensar qué haremos para evitar que suceda nuevamente.

4.- Celebrar los logros. Después del esfuerzo bien nos merecemos una recompensa!. Adquirir el propio hábito ya es un gran premio, pero es mejor reforzarlo y no necesariamente tiene que ser con algo material, podemos regalarnos, por ejemplo, un baño relajante con espuma, una frase de autoestima ante el espejo…en el caso de los niños el sincero reconocimiento positivo de los padres ya es una gran recompensa.

Y por último, ten siempre presente la frase de Confucio:

“no importa lo lento que vayas mientras no te detengas” 

Hábitos y rutinas (1a parte)

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“Si piensas que la aventura es peligrosa, prueba la rutina, es mortal”
(Paulo Coelho)

Esta frase del escritor brasileño viene a reforzar la creencia de que una vida rutinaria acaba siendo una vida estable, predecible pero también monótona y aburrida.

En mi opinión, en la mayoría de ocasiones, la realidad suele ser algo más compleja y las cosas no son siempre malas o buenas, sino que más bien, depende del uso o abuso que hagamos de ellas.

El post de esta semana, junto al de la semana que viene, está dedicado a los hábitos y las rutinas, a conocer los pros y  contras que aportan a nuestra vida, cómo se crean y cómo se modifican para alcanzar el objetivo compartido que tenemos todos los que seguimos y hacemos posible este blog: “ser la mejor versión de nosotros mismos”.

¿Qué son rutinas y hábitos?

Las rutinas son aquellas actividades que realizamos de forma regular y periódica en nuestra vida.

Los hábitos son los modos de actuar que aprendemos o adquirimos para poder satisfacer nuestras rutinas.

Ejemplos simples de todo ello serían tener el hábito de lavarse los dientes después de comer, para satisfacer nuestra rutina de higiene personal diaria  o ir al gimnasio por las mañanas para estar en forma.

¿En qué nos pueden ayudar las rutinas y los hábitos?

  • Seguridad. Seguir una rutina y tener un hábito nos aporta seguridad y confianza, en tanto que podemos prever con antelación lo que pasará. Con ello creamos una zona de confort a nuestro alrededor . Un confort que no quiere decir, ni mucho menos, que nos tenga que gustar, sino que nos es cómodo en tanto que nos es conocido. Un ejemplo positivo de esto es introducir rutinas y hábitos de estudio, de higiene, de sueño, de alimentación …en los niños para que crezcan y se desarrollen en un entorno seguro y confiable que les ayude a fortalecer su autoestima. Ejemplos negativos podrían ser fumarse un cigarro después de comer o usar el coche en horas punta para desplazarse en trayectos cortos por la ciudad.
  • Ahorro de energía. La novedad nos resulta estimulante pero también requiere un sobresfuerzo mental para entenderla, asimilarla y/o adaptarnos a ella. Las rutinas  y los hábitos permiten al cerebro liberar parte de esa energía para poder aplicarla a otras cosas. Así, por ejemplo, cuando caminamos por una ruta que conocemos, seguramente iremos pensando en nuestras cosas, mientras que si caminamos por primera vez hacía un lugar, nuestra atención se focalizará plenamente en encontrar bien la dirección.
  • Facilita las relaciones sociales. Conocer las rutinas y los hábitos de un grupo nos ayuda a integrarnos en él, algo sumamente útil en determinadas ocasiones, como por ejemplo, cuando empezamos a trabajar en un lugar nuevo.

¿En qué nos perjudican las rutinas y los hábitos?

Hay una frase del médico y escritor José Ingenieros que responde a esta pregunta:

“La rutina es el hábito de renunciar a pensar.”

Seguir hábitos y rutinas limita la creatividad, reduce la capacidad de innovación y de crítica constructiva y succiona nuestro entusiasmo, lo que puede llevarnos a una tremendo estado de insatisfacción personal, desánimo  y apatía.

En el siguiente post podrás saber cómo se crea un hábito y como puedes modificarlo.

Durante estos días, te invito a que vayas identificando las principales rutinas que sigues en tu vida y que pienses por unos instantes, qué te aportan de positivo y de negativo cada una de ellas.

¿Tienes pensamientos tóxicos?

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Son muchas las dificultades que a menudo nos separan de nuestros objetivos, de nuestras metas, de nuestros propósitos, pero en la mayoría de los casos el principal obstáculo se encuentra en nuestra propia mente.

A nadie se le ocurre tomarse un chupito de cianuro cada mañana al despertar ¿verdad?, sin embargo no nos sorprende escuchar o decir frases del tipo me gustaría pero no es el momento adecuado…no soy lo suficientemente bueno…no servirá para nada…hay muchos mejores que yo…

Todas ellas son frases que forman parte de nuestras creencias limitadoras. Pensamientos tóxicos que contaminan nuestra mente y que acaban interfiriendo en nuestra actitud y en nuestras acciones. Es importante tomar consciencia de ellos e identificarlos cuando se producen, porque si no sabemos gestionarlos adecuadamente, pueden llegar a ser muy dañinos para nuestro bienestar y para nuestro entorno.

“Tanto si piensas que puedes, como si piensas que no puedes, estás en lo cierto”   (Henry Ford)

Ésta es una muy frase muy conocida que evidencia una gran verdad:  en muchas ocasiones el secreto del éxito no está tanto en lo que nos pasa, sino en la manera que tenemos de afrontar aquello que nos sucede.

Comparto contigo algunas herramientas muy útiles para combatir los pensamientos tóxicos:

1.- Habla con tu mente:  la verbalización es una herramienta muy potente para encauzar los pensamientos. Cuando identifiques que estás teniendo un pensamiento negativo ponle un nombre que te sirva para separarlo de ti, tipo “esto es una creencia limitadora, esto es un chupito de cianuro…”

2.-Acepta tus emociones: No bloquees las cosas que sientes, durante el día tendrás emociones negativas y positivas, pero antes de ir a dormir dedica unos minutos para recordar sólo aquellas que han sido positivas.

3.- Cambia de aires: cambiar de actividad, dar un paseo, hacer estiramientos o algún tipo de ejercicio suele ser muy útil para desviar la mente de un pensamiento negativo.

4.-No busques culpables: hacerse la víctima y buscar responsables de tus males no te ayudará a solucionarlos y sí contaminará de negatividad tu mente. Toma las riendas de tu vida.

5.- No te compares con los demás: cada uno es como es y lo que vemos de los demás es sólo una parte de muchas más cosas que no vemos ni sabemos.

6.- Respira: dedica varios minutos al día a hacer respiraciones profundas, con ello ayudarás a oxigenar la sangre, lo que mejorará tu funcionamiento cerebral.

7.- Mímate: mírate por las mañanas en el espejo, piropéate y dite algo bonito. Sonreir genera endorfinas que nos aportaran bienestar.