Transforma tus sueños en objetivos

sueños y objetivos

¿Quién no ha soñado despierto alguna vez?

Todos nosotros en algún momento hemos fantaseado sobre nuestro futuro, imaginando como sería algún aspecto de nuestra vida más adelante: el trabajo, un viaje, nuestra casa, la pareja… Sin embargo, los días van pasando y de repente se convierten en semanas, meses, años …y esos sueños u otros, siguen ahí, acompañándonos todos los días pero sin salir de nuestra mente.

Muchas veces, cuando hablamos de alcanzar esas cosas que deseamos,  sean materiales o no, con frecuencia confundimos sueños, objetivos y metas.

En este post no sólo aprenderás a distinguir cada uno de estos conceptos, sino que además podrás disponer de una pauta que te ayude a definir y alcanzar tus propósitos.

Sueños, propósitos, objetivos y metas
Los sueños suelen ser deseos idealizados y sin fecha de caducidad. Es decir, fantaseamos con alguna idea, recreándonos en la emoción de bienestar que nos producen,  pero no llegamos  a ponerles una fecha en el calendario.

Algunos de estos sueños son más intensos que otros y por eso los convertimos en propósitos. No sólo nos gustaría algo sino que además tenemos la voluntad de conseguirlo. Sin embargo  muchas veces los propósitos acaban siendo un decálogo de buenas intenciones que pocas veces acabamos materializando. ¿Cuántas veces te has propuesto ir más la gimnasio, dejar de fumar o hacer dieta y has acabado igual que estabas?

Tener un propósito es fundamental, pues como decía antes, nos aporta la fuerza de la motivación inicial para empezar, pero por si solo no es suficiente, es aquí donde intervienen los objetivos y las metas.

Los objetivos vendrían a ser los destinos que nos proponemos alcanzar y las metas las etapas concretas a conseguir por el camino. Así, dentro de un objetivo podemos establecer varias metas. Las metas vienen a ser como el plan de ruta que detalla en todo momento qué pasos debemos seguir en el viaje hacia nuestro objetivo o destino.

Duerme con sueños, despierta con objetivos

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A tener cuenta para plantearte bien tus objetivos
DEFINICIÓN
En definir bien el objetivo está gran parte de la clave de su éxito.  Para ello es fundamental que tengas presente que:

  • Tienes que formularlo en términos positivos, no negativos. No es lo mismo tener por objetivo “aprobar el examen” que “no suspender el examen”, “estar delgado” que “no estar gordo”. Puede parecer banal, pero en realidad no lo es, los mensajes positivos son más estimulantes para nuestro cerebro.
  • Tiene que depender sólo de ti. Si el objetivo depende de otros factores fuera de nuestro control no está bien definido. Hacer deporte depende de nosotros, que nos toque la lotería, por mucho que juguemos también depende del azar.
  • El tamaño tiene que ser apropiado. Plantearse objetivos poco realistas sólo provocará que nos frustremos. En todo caso, si el objetivo es muy grande, conviene establecer metas intermedias.
  • Descríbelo con todo detalle. Visualízate alcanzándolo, cómo te sentirás en ese momento, que te dirás a ti mismo cuando lo consigas. Disfruta y recréate en la sensación de bienestar que te produce ese momento, visualízalo, siéntelo, escúchalo.

EVIDENCIAS:
¿Cómo vas a saber cuándo has conseguido tu objetivo? .
Es importante que esos indicadores sean fiables. Siguiendo con el ejemplo de perder peso, un buen indicador sería bajar peso en la báscula o que la ropa quede grande. Un mal indicador sería esperar los comentarios de otras personas. La opinión de los demás obviamente puede ser un indicador, pero lo que propongo es que no sea nuestro  principal indicador de referencia.

CONTEXTO
¿Cuándo, dónde, con quién quieres esto? Puede ser un objetivo profesional, familiar, personal..

CONSECUENCIAS
¿De qué manera ese objetivo afectará al resto de tu vida? Si mi objetivo es comprar un coche caro y potente, tendré que tener en cuenta que también pagaré más caro el seguro, los impuestos, que consumirá más gasolina…

LIMITACIONES INTERNAS
¿Qué emociones internas te impiden conseguir el objetivo? miedo, inseguridad, desconfianza…

RECURSOS DISPONIBLES
¿Qué  recursos necesitas para alcanzar el objetivo?. Si tu objetivo es ir a trabajar a Inglaterra, seguramente un recurso necesario será saber hablar inglés.

PLAN B
¿De cuántas maneras alternativas puedes alcanzar tu objetivo?. Si no lo consigues a la primera no tienes por qué darte ya por vencido. Seguro que hay más vías para llegar al éxito, en este punto se trata de identificarlas.

Recuerda que…

Hoy es el día perfecto para dar el primer paso hacia tus sueños.

 

 

El poder del miedo

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«Las emociones determinan la calidad de nuestra vida y nuestra percepción de bienestar.» Paul Ekman

Las emociones están presentes en todas y cada una de las relaciones  de nuestro día a día. Tanto en aquellas que mantenemos con los demás (amigos, pareja, vecinos,  trabajo..) como en la relación que tenemos con nosotros mismos. Gracias a ellas podemos  actuar de manera apropiada en un momento dado, pero también pueden conducirnos a actuaciones de las que luego nos arrepentimos de todo corazón…¿te ha pasado esto en alguna ocasión?

Hay más de 300 emociones distintas, pero no todas se consideran igual. Tansolo unas pocas (el número exacto difiere según el autor que se tome de referencia), se consideran básicas. Es decir: común en todos los humamos, independientemente de la cultura, la raza o la religión. El miedo, junto a la ira, la tristeza, la alegria, el asco y la sorpresa, es una de ellas.

¿Quién no ha sentido miedo alguna vez? A quien no le han temblado las piernas mientras el  corazón ha empezado a latirle con más fuerza?

No es malo sentir miedo, lo malo es cuando el miedo nos limita en la vida.

El miedo es una de las emociones más intensas que podemos llegar a sentir y que aprendemos a reconocer desde bien pequeños. Injustamente se ha ganado una fama negativa porque nos hace sentir mal, sin embargo sentir miedo no siempre es malo. Al contrario,  en muchas ocasiones gracias al miedo evitamos peligros y tener comportamientos temerarios. ¿Te imaginas que hubiera sido de la especie humana si en la prehistoria nuestros ancestros no hubieran sentido miedo durante la caza de un mamut?

SITUACIONES DE MIEDO

Pero el miedo no solo se activa ante una amenaza física real. En muchas ocasiones sentimos miedo por peligros imaginarios como hablar en público, un examen, una entrevista de trabajo… en ninguno de estos casos  se trata de peligros reales, sin embardo nuestro organismo reacciona del mismo modo, pues es nuestra identidad, nuestra imagen, nuestras creencias y valores lo que está en juego.

REPUESTAS ANTE EL MIEDO

“Cuando tenemos miedo, no podemos hacer casi nada o podemos hacerlo casi todo” Paul Ekman.

Ante una misma situación de miedo, no todos reaccionamos igual, sin embargo todas nuestras reacciones pueden clasificarse en uno de estos 3 tipos de comportamiento:

– Huida. Cuando surge el miedo, la sangre fluye a los músculos de las piernas preparándonos para la huida (de ahí que la cara que quede blanca). Escapar es la opción más frecuente. Sin embargo este huir no siempre tiene que ser literal. Algunas personas también huyen verbalmente cuando responden con evasivas o eluden el contacto visual.

-Ataque.  Muchas veces detrás de la ira se encuentra el miedo, el temor, la sensación de sentirse amenazado. Este ataque puede ser físico pero también verbal: a través de insultos y/o reproches en realidad lo que se pretende es proteger el propio ego.

 – Parálisis: esta opción se encuentra en punto intermedio entre las anteriores y viene a ser una especie de bloqueo emocional que nos dificulta actuar cuando  nos sentimos sobrepasados.

NIVELES DE MIEDO

Terror, horror, pánico, pavor, susto, espanto…son todas emociones primas hermanas del miedo. En realidad, la principal diferencia entre todas ellas está en la intensidad de la emoción.  No es igual de intenso el miedo derivado de la broma de un familiar que nos asusta desprevenidamente, que el miedo que podemos llegar a sentir si un desconocido nos ataca con un cuchillo.

Si la intensidad de la emoción es muy elevada o se prolonga mucho en el tiempo, puede llegar a derivar en un trastorno emocional. En el caso del miedo, los principales trastornos emocionales que se derivan son  fobias, crisis de ansiedad y estrés post traumático.

FORMAS DE AFRONTAR LOS PROPIOS MIEDOS

Si eres de las personas que sientes miedo con frecuencia, a estas alturas del post seguramente te estés preguntando cómo puedes hacerle frente. Comparto contigo algunas herramientas que te pueden ser de utilidad.

1.- Admitir que tienes miedo a algo es el primer paso para empezar a superarlo. Difícilmente se puede cambiar aquello que no existe. ¿No crees?

2.- Conocer la naturaleza de nuestros miedos no hará que estos desaparezcan pero sí nos ayudará a comprenderlos mejor, por ello es útil intentar recordar desde cuándo tenemos miedo a algo y si ese miedo está asociado a algo que nos ha pasado anteriormente.

3.- Respónderte a ti mismo ¿qué es lo peor que me puede pasar? Muchas veces en la respuesta ya nos damos cuenta que en realidad la situación a temer no es para tanto.

4.- No olvides que el miedo es una emoción y que su opuesta es la  confianza. Recordar experiencias en las que nos hemos sentido seguros y confiados y conectar nuevamente con lo que sentíamos y pensábamos en ese momento, nos puede empoderar a superar la situación de miedo presente. Si no tienes ninguna experiencia similar en la que hayas superado el miedo, visualizarte superando esa situación también te puede ayudar.

5.- Superar un miedo no es imposible, pero tampoco es automático, como en casi todo, es la práctica lo que nos lleva al dominio de la técnica.

6.- Y, por supuesto, la ayuda profesional siempre puede facilitarnos el proceso.

Efecto Pigmalión y Efecto Galatea: el poder de las palabras

pigmalion y galatea

Si eres de los que dicen “eso ya lo sabía yo”, “lo veía venir” o “te lo dije” cuando algo sucede, este post te interesa pues, quizás, sin saberlo estés bajo el  efecto Pigmalión o el efecto Galatea.

Todos conocemos el cuento de Pinocho, la historia de una marioneta de madera que cobra vida gracias al fuerte deseo de un hijo  que tenía Gepetto, el carpintero que la talló. Pero no es la única historia en la que la fuerte creencia en algo, hace que ese algo se vuelva realidad. Según cuenta la mitología, Pigmalión buscaba a su mujer ideal. Ante sus dificultades para encontrarla, optó por esculpir a una mujer que reflejara todo cuanto él deseaba: belleza, nobleza, sensibilidad, ternura… cuando terminó, era tan perfecta que se enamoró perdidamente de ella. Viendo el profundo amor que Pigmalión sentía por aquella estatua, Afrodita, la diosa del Amor, dio vida a la escultura. Así nació Galatea.”

Y es justo esta última historia  la que inspiró el nombre del efecto Galatea y el efecto Pigmalión, (o de la profecía autocumplida). Dos conceptos popularizados a partir de los estudios del  el psicólogo americano  Robert Rosenthal realizados en 1968, en los que demostró el gran efecto e influencia que pueden tener las creencias para que sucedan las cosas.

El estudio de Rosenthal consistió en decirle  a los profesores de una escuela el nombre de unos alumnos que supuestamente tenían una capacidad superior al resto. La realidad era que esos nombres habían sido elegidos al azar. Sin embargo, al final el curso, los alumnos supuestamente más inteligentes, realmente habían avanzado más que el resto. La explicación fue sencilla: El profesorado esperaba mejores resultados  y por ello inconscientemente se volcaron más con ellos. La profecía se había cumplido.

El efecto Pigmalión o profecía autocumplida, implica tener una creencia sobre alguien y por el solo hecho de tener esa creencia, acaba sucediendo justamente eso que se cree.

No es cuestión de magia o milagro, más bien se debe al poder que tienen las expectativas respecto a los demás. Veámoslo con un ejemplo:
Si vamos a una entrevista de trabajo y alguien importante para nosotros nos dice previamente que no lo vamos a conseguir y que es muy difícil que nos contraten, es muy posible que inconscientemente nuestra conducta en la entrevista se modifique para que eso sea lo que termine pasando. Del mismo modo, si antes de la entrevista, esa misma persona nos anima y muestra confianza en nosotros, nuestra actitud proyectará más seguridad, lo que puede influir positivamente en la decisión del entrevistador. No es que suceda algo porque fulanito lo ha dicho, sino porque al nosotros creernos que eso va a pasar, nuestro comportamiento, inconscientemente, se dirige a que eso termine pasando.

Veamos otro ejemplo.  nuestro hijo está jugando con el patinete y vemos que se tira por una rampa a más velocidad de la que nos gustaría. Si a media rampa le gritamos “frena, frena, que te vas a caer”, lo más probable es que el niño empiece a sentirse inseguro y se acabe cayendo. De alguna manera, con nuestras palabras estamos contribuyendo a aumentar aun más las posibilidades de que se produzca una caída. Seguramente sería más efectivo no desviar su concentración en medio de la bajada y cuando acabase de bajar, entonces hablar con él y decirle lo que creamos conveniente.

El efecto Galatea tiene que ver con las convicciones que tenemos sobre nuestro propio éxito o fracaso. Cuanto más convencidos estamos de ser capaces de hacer algo, mayor es la probabilidad de lograrlo.

Si yo me siento insegura y vulnerable fácilmente será así como me vean los demás  porque esa será la imagen que proyectaré, aun no queriendo hacerlo. Por contra, si me siento segura y decidida, inconscientemente mi comportamiento y actitud será distinto, lo que hará a su vez que los demás también me vean de un modo diferente.

 

EL PESO DELEFECTO PIGMALIÓN Y EL EFECTO GALATEA EN LOS NIÑOS

En el caso de los niños, las creencias y expectativas de los padres, profesores  y mayores de su alrededor son determinantes para el desarrollo de su autoestima. En muchas ocasiones, la imagen que tiene el niño de sí mismo y su comportamiento están directamente ligados a  nuestras expectativas y creencias como padres.

Justo por ello, debemos ser muy cuidadosos con las palabras que utilizamos y con las proyecciones que hacemos en su persona, pues por todos es sabido que los niños absorben cuanto reciben, especialmente los mensajes que provienen del núcleo familiar.  Usar etiquetas con los más peques de la casa, ni que sea en sentido cariñoso, puede acabar condicionándoles el resto de su vida.

Como ya podrás imaginar, el efecto Pigmalión y el efecto Galatea nos pueden apoderar o nos pueden limitar, según sea la creencia en la que se basen. Así, estos efectos se consideran positivos cuando la creencia nos motiva y apodera para alcanzar nuestras metas . Estos mismos efectos se consideran negativos, cuando nos limitan y nos alejan de nuestros objetivos.

Aquí comparto algunas herramientas que te pueden ser útiles para desligarte de los aspectos negativos y beneficiarte de los positivos de estos dos efectos:

  • Toma conciencia de las palabras que usas: Muchas veces nos boicoteamos con mensajes negativos del tipo “no creo que lo consiga, es imposible para mi, no soy capaz”… Las palabras penetran en nuestra psique modificando la percepción que tenemos y, por lo tanto, la realidad en la que vivimos. Cuidar las palabras es clave para crear nuestra percepción de la realidad.
  • Analiza tus creencias limitantes. ¿Por qué crees que no puedes, que algo es imposible para ti o que no eres capaz?, ante tu respuesta vuélvete a preguntar el por qué de ella. Repite esta pregunta hasta que llegues a la raíz de tu creencia, normalmente esto sucede a la cuarta o quinta vez.
  • Visualiza aquello que deseas, no lo que no deseas. Es más fácil que acabes una carrera si te visualizas cruzando la meta que si continuamente estás pensando que no lo vas a a conseguir. Si te encuentras en situaciones cuyo final puedes predecir de manera negativa, intenta pensar que nada está determinado, que podría salir bien y que tienes el potencial para resolverlo.
  • Busca y atesora experiencias positivas que te ayuden a darte cuenta de todo tu potencial y de la capacidad que tienes para hacer las cosas que quieres.
  • Si tienes hijos evita proyectar tus expectativas sobre ellos y utiliza siempre mensajes positivos: No es lo mismo decir “como sigas sin estudiar vas a suspender” que decir “para aprobar el examen tienes que estudiar”.
  • Cuando alguien te lance un mensaje negativo,  neutralízalo pensando “esa es solo su opinión”. De esta manera evitarás que condicione tu comportamiento.

Recuerda la frase de Henry Ford:
«Tanto si crees que puedes como si crees que no puedes, estás en lo cierto»

¿En qué inviertes tu tiempo?: Lo urgente y lo importante (2a parte)

gestión del tiempo

 

¿Te identificas con esta viñeta?

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En el post anterior hablaba de los ladrones del tiempo y de las  negativas consecuencias que ellos tienen en nuestro día a día. Se señalaba el uso, o mejor dicho, el mal uso del teléfono, Internet o la televisión, como algunos de los ladrones del tiempo más frecuentes y comunes, que nos alejan de nuestras metas y objetivos, lo que puede derivar en sensación de impotencia, frustración y malestar.

Pero sin duda, una de las cuestiones que más nos afectan a la hora de usar de forma efectiva nuestro tiempo es confundir las tareas urgentes con las tareas realmente importantes. El objetivo de este post es ayudarte a darte cuenta de la diferencia,  pues lo primero que tenemos que tener presente  que:

Las cosas más urgentes no necesariamente son las cosas más importantes”

Hablamos de urgencia cuando el factor “tiempo” es determinante. Cuanto más limitado sea el tiempo disponible para hacer algo, más urgente es.

Hablamos de algo importante  cuanto más nos acerca a nuestros objetivos.

En base a esto, todas nuestras acciones las podemos acabar clasificando en uno de estos cuadrantes de la matriz de Dwight D. Eisenhower y que ha sido popularizada por S.Covey en su libro “los 7 hábitos de la gente altamente efectiva”.

entrada-28-imagen-3Veamos unos ejemplos de ello:

  • Estás con tu hijo pequeño en el parque y se cae del columpio. Al ayudarle a ponerse en pie, ves que se ha hecho una herida profunda en una ceja. Llevarle al hospital a que le den unos puntos de sutura es URGENTE e IMPORTANTE.
  • Sales con tus amigos a cenar y cuando te propones leer la carta te das cuenta que para ver bien las letras tienes que acercártela un poco más de lo habitual. Tus amigos se dan cuenta y bromean sobre tu edad.  Pedir cita con el oftalmólogo NO ES URGENTE para tener que hacerlo en ese mismo momento, pero SÍ ES IMPORTANTE para evitar tener problemas más serios con la vista.
  • Estas cocinando y justo cuando te dispones a escurrir la verdura suena el teléfono. Atender la llamada ES URGENTE porque si no lo haces la otra persona colgará, pero NO ES IMPORTANTE necesariamente, puede trartarse de telemárqueting, alguien que se ha equivocado…
  • Es domingo por la tarde, está lloviendo y decides quedarte en casa ordenando fotos antiguas que tienes en una caja. Tener las fotos ordenadas puede sernos útil, puede servirnos de entretenimiento pero NO ES URGENTE NI IMPORTANTE.

La mayoría de personas acabamos ocupando nuestro tiempo con tareas urgentes e importantes ( cuadro 1), lo que acaba generando un comportamiento reactivo ante lo que se tiene que hacer en cada momento.
Resulta obvio pensar que las cosas urgentes e importantes deben ser atendidas de forma prioritaria. El problema aparece cuando ocupamos  todo nuestro tiempo con ellas, porque al hacerlo desatendemos otras cosas importantes situadas en el cuadro 2 y que, por no atenderlas, con el tiempo acaban siendo también urgentes, entrando así en un círculo vicioso que no solo nos aleja de nuestros objetivos, sino que además nos produce esa desagradable sensación de no tener nunca tiempo para lo que realmente queremos hacer.

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Otro aspecto a tener en cuenta es que muchas veces situamos en la lista de tareas urgentes e importantes (cuadro 1), tareas que en realidad son urgentes pero no son importantes, al menos no para nosotros (cuadro 3) y acaban dirigiendo nuestro tiempo.
Estar siempre disponible y dispuesto a atender las peticiones de los demás, incluso por delante de nuestras propias necesidades,  puede hacernos sentir queridos, valorados e incluso imprescindibles, pero la realidad es que el no saber decir nunca “no” o “sí, pero en otro momento” es una muestra de falta de autoliderazgo.

Las actividades ni urgentes ni importantes (cuadro 4) pueden parecer las más inofensivas y fáciles de controlar, pero en realidad muchas veces constituyen una distracción que nos aleja de las actividades del cuadro 2. A todos nos ha pasado alguna vez, que teniendo que estudiar para un examen, nos hemos entretenido más de la cuenta ordenando la mesa, haciendo punta a todos los lápices…

Si llegados a este punto te preguntas qué podrías hacer para usar de forma más efectiva tu tiempo, puedes utilizar estas tres herramientas para ayudarte a conseguirlo:

1.- Prioriza: Priorizar tareas es tomar conciencia que no todas tienen el mismo valor. Puede parecer sencillo, pero muchas veces priorizamos sin tener presente los criterios que estamos utilizando para priorizar.
Una buena manera para priorizar bien es tener claro qué objetivo queremos alcanzar y seguidamente preguntarse, cuál de las tareas a realizar es la que más nos acerca a nuestro objetivo.

2.- Delega: ¿Eres de las personas que prefieres hacerlo todo por ti mismo porque es la forma de asegurarte que la tarea se hará pronto y bien?. A muchas personas les cuesta delegar y además son capaces de argumentar  las ventajas de no hacerlo.
En realidad, no obstante, ser reacios a delegar también tiene mucho que ver con la falta de confianza en los demás y con la necesidad de tener el control de todo, lo que no deja de ser un reflejo de la falta de seguridad en uno mismo.
Por ello, ante un cúmulo importante de tareas pendientes, transferir la responsabilidad a otra persona apta y predispuesta, nos permite dedicar nuestras energías a otras actividades también importantes.

“La delegación refuerza la  confianza entre personas y supone una oportunidad de desarrollo tanto para el que delega como para quien asume la delegación”.

3.- Practica el uso del “ahora no”. Para decir SÍ a las prioridades importantes del cuadro 2 , hay que aprender a decir “AHORA NO”, a otras actividades, algunas de ellas en apariencia urgentes. Sin duda no resulta fácil, pero  saber decir “NO” también es necesario.

Recuerda que:
                “Aquello a lo que le dedicas tu tiempo, es donde inviertes tu vida”

¿En qué inviertes tu tiempo?: Ladrones del tiempo (1ª parte)

«Aquello a lo que le dedicas tu tiempo, es donde inviertes tu vida»

Vivimos en sociedades con modernos medios de transporte, avanzadas tecnologías y numerosos electrodomésticos que, en teoría, tendrían que simplificarnos la vida. Sin embargo, afirmaciones del tipo: “me encantaría pero no tengo tiempo”, “no me llegan las horas del día para hacer todo lo que quiero”, “se me pasan los días sin apenas darme cuenta”… son cada vez más frecuentes. ¿No crees que es ilógico?

A poco que pensemos en ello, todos sabemos cosas que no estamos haciendo y que hacerlas de forma regular, supondrían una mejora considerable en nuestras vidas:  más deporte, dieta saludable, dejar de fumar, dedicar más tiempo a nuestras amistades, a nuestra pareja, a nuestra familia, a nosotros mismos… estudiar un idioma, ordenar un armario, archivar adecuadamente documentos…, sin embargo, pese a saberlo  no lo hacemos…¿te has preguntado alguna vez  por qué?

La lista de respuestas posibles puede ser bastante larga, pero en resumen, casi todas las respuestas pueden clasificarse dentro de estas tres categorías:

  • Falta de hábito: empezamos con buena intención pero al poco tiempo dejamos de hacerlo porque no tenemos costumbre y nos olvidamos. (Para saber más sobre la modificación de hábitos puedes acceder a posts anteriores enlazando  aquí.)
  • Falta de voluntad: racionalmente sabemos lo que nos conviene,sí,  pero no nos gusta, nos da pereza el esfuerzo que supone y acabamos abandonando.
  • Falta de tiempo: pese a querer hacerlo, nos resulta muy difícil compatibilizarlo con el resto de actividades en nuestro día a día.

¿Pero realmente es una falta de tiempo?

Se ha hablado mucho sobre cómo mejorar la gestión del tiempo, pero  en realidad no se trata de cómo organizarnos el tiempo para hacer más cosas, sino cómo nos organizamos nosotros para hacer aquello que realmente deseamos o debemos hacer. La diferencia puede parecer sutil, pero en realidad marca un planteamiento radicalmente distinto.

“El desafío no consiste en administrar el tiempo, sino en administrarnos a nosotros mismos” (S. Covey)

En lugar de centrarnos en todas las cosas que tenemos que hacer y en el tiempo que disponemos para ello, se trata de fijarse unos objetivos concretos e identificar que acciones nos van a permitir alcanzarlos.
Así, por ejemplo, si nuestra meta es adelgazar 2kgs, no se trata de intentar añadir “hacer ejercicio” a la lista de cosas ya hacemos durante el día, sino de identificar qué actividades nos ayudan a adelgazar y priorizarlas ante  otras que no nos aportan nada a nuestros objetivos.

¿Crees que es sencillo de decir pero no sabes cómo hacerlo? Mi intención es ponértelo un poco más fácil, por eso este post lo dedico a “los ladrones del tiempo”. ¿Has oído habla de ellos alguna vez?

Todos tenemos claro que se trata de un robo si nos quitan el bolso, el coche o la cartera, pero ¿lo tenemos igual de claro cuando nos quitan el tiempo? .

Durante el día se producen muchas situaciones  que nos van restando  tiempo disponible:  retenciones de tránsito,  llamadas en espera, guardar  turno en el súper… sin embargo el principal ladrón de nuestro tiempo solemos ser nosotros mismos, al boicotearnos con acciones que no nos aportan mucho, pero que al final del día hacen que sintamos que no hemos parado ni un momento y sin embargo no hemos hecho lo que inicialmente pretendíamos. ¿has tenido esa sensación alguna vez?

Justamente ese es el  principal peligro: poco a poco, día tras día, nos vamos  alejando  de nuestros objetivos , de aquello que  queremos conseguir y, en definitiva, de lo que nos motiva cada mañana.

“Los ladrones del tiempo nos hacen ineficaces, desordenados y lo que es peor, aumentan nuestro malestar emocional y el nivel de estrés”

 Cada uno de nosotros tenemos nuestros propios ladrones del tiempo. Estos son solo algunos de los más comunes:

  • Teléfono móvil: ¿Te has parado a pensar alguna vez cuanto tiempo dedicas al día a consultar el móvil?.
    Su uso nos puede simplificar mucho la vida, pero también nos la puede complicar, si lo usamos de forma compulsiva. Mantener largas conversaciones y  contestar al momento los whatsapps y los mails que vamos recibiendo puede llegar a ser muy limitador.
  • Televisión: ¿Eres de los que dicen,” a ver que ponen hoy en la tele”?
    Para muchas personas ver la televisión es sinónimo de sofá y distracción. Aunque es cierto que viendo la tele nuestro cuerpo descansa, mentalmente descansamos más bien poco, eso sin entrar a valorar la calidad de gran parte de la programación.  Ver televisión sin usar un criterio puede robarnos mucho tiempo.
    Internet: Es asombrosa la cantidad de información que tenemos a un “click” de distancia. Hay tantas redes sociales en las que participar, tantas webs que visitar, tantos vídeos que ver, y aplicaciones para descargar… que es facilísimo conectarse para unos minutos y acabar navegando durante horas.
  • Multitareas: ¿Eres de los que llevas a cabo varias cosas a la vez?
    Lo más probable es que te dejes cosas por hacer o, si las haces todas, te lleve más rato. Interrumpir una actividad para intercalar otra y, en definitiva estar atendiendo a dos o más cosas a la vez, producen más cansancio mental, nos vuelve más lentos, aumenta las posibilidades de error y aumenta nuestra sensación de estrés, lo que acaba repercutiendo en nuestro estado de ánimo.

El ejercicio que ahora te propongo es que intentes identificar cuales son tus ladrones del tiempo. Para conseguirlo te puede ser útil tomar nota de las actividades que realizas durante unos días y del tiempo que inviertes en cada una de ellas.

Espero que esta primera parte del post te resulte de utilidad y que te ayude a optimizar tu tiempo.

En la segunda parte compartiré algunas ideas que te podrán ayudar a priorizar y a distinguir entre «importante» y «urgente». Mientras tanto recuerda que…

    “En la Vida, no podemos tener más tiempo del que tenemos,
pero sí podemos aprovecharlo mejor”

Las ranitas en la nata

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Atravesando el ecuador del mes de agosto, somos muchas las personas que dedicamos estos días para disfrutar de vacaciones. Unos días en los que disponemos de más tiempo libre para hacer aquellas cosas que más nos gustan: viajar, ir a la playa, a la montaña o sencillamente descansar disfrutando de nuestro hogar. Sea cual sea la opción que tú eliges, seguro que también encuentras un momento para leer y para reflexionar sobre tus objetivos, sobre tus sueños, o sobre cualquier otro aspecto la vida en general.

Si es así, seguro que este post te va a gustar. En él recupero un cuento de Jorge Bucay que leí hace años. La historia es bien simple, pero seguro que te dará mucho que pensar, pues como se suele decir:  “ Los cuentos sirven para dormir a los niños y también para despertar a los adultos”.

Había una vez dos ranas que cayeron en  un recipiente de nata.
Inmediatamente se dieron cuenta de que se hundían: era imposible nadar o flotar demasiado tiempo en esa masa espesa como arenas movedizas. Al principio, las dos ranas patalearon en la nata para llegar al borde del recipiente. Pero era inútil; sólo conseguían chapotear en el mismo lugar y hundirse. Sentían que cada vez era más difícil salir a la superficie y respirar.

Una de ellas dijo en voz alta: – “No puedo más. Es imposible salir de aquí. En esta materia no se puede nadar. Ya que voy a morir, no veo por qué prolongar este sufrimiento. No entiendo qué sentido tiene morir agotada por un esfuerzo estéril”.

Dicho esto, dejó de patalear y se hundió con rapidez, siendo literalmente tragada por el espeso líquido blanco.

La otra rana, más persistente o quizás más tozuda se dijo: – “¡No hay manera! Nada se puede hacer para avanzar en esta cosa. Sin embargo, aunque se acerque la muerte, prefiero luchar hasta mí último aliento. No quiero morir ni un segundo antes de que llegue mi hora”.

Siguió pataleando y chapoteando siempre en el mismo lugar, sin avanzar ni un centímetro, durante horas y horas. Y de pronto, de tanto patalear y batir las ancas, agitar y patalear, la nata se convirtió en mantequilla.

Sorprendida, la rana dio un salto y, patinando, llegó hasta el borde del recipiente. Desde allí, pudo regresar a casa croando alegremente.

Las ranitas en la nata
en el libro, Déjame que te cuente, de Jorge Bucay

¿Quién no se ha sentido alguna vez abatido, vencido por las adversidades y sin fuerzas para continuar? Todos nosotros, en algún momento u otro de nuestra vida hemos sido ranas dentro de un recipiente de nata.

Tirar la toalla, sucumbir ante las circunstancias, es tanto como darse por vencido y hundirse. En ocasiones, esta actitud derrotista la asumimos incluso antes de intentarlo.  Es demasiado difícil, no lo voy a conseguir, no soy capaz, no puedo hacerlo....son sólo algunos ejemplos de las muchas excusas que utilizamos y que tienen un denominador común: el miedo.

Sentir miedo no es malo. Gracias al miedo evitamos correr peligros y nos protegemos de sufrir daños. Sin la emoción del miedo, seríamos temerarios, imprudentes y en más de una ocasión podríamos en peligro nuestra propia vida. Sin embargo, si ese mismo miedo es desproporcionado y nos paraliza o simplemente es infundado, más basado en el desconocimiento y la propia inseguridad que en hechos objetivos, entonces no sólo deja de ser útil, sino que además se vuelve dañino.

«No es malo tener miedo, lo malo es dejar que domine nuestra vida»

Experiencias negativas anteriores también pueden ser la causa de un comportamiento pasivo y poco motivado para superar la situación. “Ya lo intenté otras veces y no sirvió de nada”.
Esta actitud derrotista es lo que se denomina “indefensión aprendida”: como anteriormente nos ha ido mal y hemos sufrido el fracaso, nos defendemos del dolor, evitando un nuevo fracaso y por ello renunciamos a luchar, abandonándonos a la indefensión.

El problema de esta actitud es que nos arrastra a una apatía y una desilusión que, de perdurar en el tiempo, puede conducirnos a una insatisfacción vital, a la tristeza, incluso a una depresión.

Quizás sea cierto y aunque lo intentemos nuevamente no lo consigamos, pero si no lo intentamos nunca sabremos hasta dónde somos capaces de llegar, ¿no crees?.
La única certeza es que si dejamos de esforzarnos, de intentarlo, y , en definitiva, de chapotear como la ranita, es seguro que no conseguiremos salir victoriosos.

“El peor de los fracasos está en no haberlo intentado”

Herramientas para superar los miedos:

1.- Descríbelo: expresa en palabras lo que sientes e intenta concretar al máximo tu temor: miedo al ridículo, miedo al rechazo, desconfianza en las propias capacidades….

2.- Identifica su origen:  malas experiencias anteriores, algún comentario de alguien…

3.-Utiliza la razón: intenta rebatir todos tus miedos con argumentos objetivos y lógicos, una buena forma de hacerlo es respondiendo a la pregunta ¿qué es lo peor que me puede pasar si sale mal?, ¿qué es lo mejor que me puede pasar si me sale bien?

4.- Recurre a tus recuerdos: intenta recordar una ocasión de éxito en tu vida, una vez en la que intentaste algo y lo lograste (conseguir un trabajo, superar un examen, hacer una actividad física…) y recuerda la emoción de satisfacción que sentiste y el bienestar y la autoconfianza de ese momento por haber conseguido tu propósito. Recurre a ese recuerdo cada vez que te sientas vulnerable.

Así que en los momentos difíciles, en esos  en los que estés a punto de tirar la toalla, acuérdate de la historia de las ranitas y continua chapoteando con fuerza,quién sabe si en esta ocasión eres capaz de convertir la nata en mantequilla.

¿Pensando en las vacaciones? consejos para sacarles el mejor partido.

vacaciones

A las puertas del mes de agosto, son muchas las personas que eligen este mes para hacer las vacaciones de verano. Sea cual sea la época del año en el que las disfrutes e independientemente de si  trabajas, estudias o hagas otras cosas, ten muy presente que las vacaciones son necesarias.

Sea por unos días, semanas o todo el mes, las vacaciones nos permiten cambiar hábitos y rutinas y nos ayudan a descansar y desconectar de los problemas cotidianos.

Disponer de más tiempo para nosotros mismos nos permite realizar aquellas actividades que durante el resto del año hemos ido postergando, pero también son una oportunidad para mantener sano nuestro cerebro, si somos capaces de reducir el estrés, potenciar la creatividad y  liberarnos del reloj, permitiéndonos cierto punto de  improvisación.

En este post comparto contigo algunas reflexiones para ayudarte a aprovechar al máximo tus días de descanso y, en definitiva, para contribuir a mejorar la sensación de bienestar:

  • En primer lugar todos deberíamos tener más presente que  pasar las semanas esperando que llegue el sábado y el domingo, o esperar durante once meses que llegue el mes de vacaciones, no sólo es un desperdicio de nuestro tiempo, sino que además contribuye a idealizar las vacaciones y a generar demasiadas expectativas sobre esos días.

«La vida es demasiado corta como para ser feliz únicamente
unos pocos días al año»

Por ello mi primera reflexión  es que está muy bien hacer vacaciones, desearlas e intentar  aprovecharlas  pero, en la medida de nuestras posibilidades, también debemos intentar trasladar esa actitud al resto del año y ser capaces de encontrar con frecuencia breves espacios de tiempo para el disfrute , el relax y la desconexión.

  • Evita el estrés prevacacional. A todos nos gusta hacer vacaciones y dejarlo todo listo para la vuelta, pero este afán por dejar todo el trabajo listo antes de marcharnos, junto al miedo de dejar algo importante a medias, puede acabar derivando en crispación, estrés y malestar. Un malestar que de llegar a producirse, puede afectarnos durante los primeros días de vacaciones.

Para prevenir llegar a este punto, puedes poner en práctica estos consejos:
1.-Haz una lista con las tareas realmente importantes que debes dejar resueltas   antes de irte e intenta centrarte en ellas, el resto delégalas, teniendo claro quién  hará qué en tu ausencia. Si no puedes delegar, entonces haz otra lista de temas  pendientes.

2.-Intenta dejar todo ordenado: tu casa, tu espacio de trabajo… a través del orden físico también ordenarás tu mente y a la vuelta te resultará más fácil y menos caótico volver a coger el ritmo.

3.-Durante los días de vacaciones está muy bien que planifiques, organices excursiones y actividades… pero también es importante dejar espacio para la improvisación, para relajarse y descansar. Substituir el reloj de pulsera por el reloj biológico (hacer aquello que te pide el cuerpo) es una simple pero efectiva manera de recargar energía.

4.-Substituye las relaciones virtuales por las relaciones en carne y hueso. La tecnología y las redes sociales nos facilitan mucho las relaciones pero también está muy bien poder “desconectarse” de todo ello o, como mínimo, reducir su uso y concentrarlo solamente en un par de momentos al día.

  • No descuides la vuelta a la rutina. Si ajustas los horarios poco a poco y evitas finalizar tus vacaciones de forma abrupta, te será más fácil volver a la cotidianidad.

Y por último, recuerda que:

“La felicidad y el bienestar emocional, más que un deseo
es una determinación personal”.

Independientemente de elegir playa o montaña, viajar al extranjero o quedarse en casa, disfrutar de las vacaciones, y en general de la vida, en la mayoría de ocasiones es cuestión de actitud.

Seguimos en contacto a la vuelta de las vacaciones.

¡Gracias por ser y por estar!

El poder de la gratitud

Se cuenta la historia de un campesino que cansado de la rutina del campo y de tanto trabajo duro, decidió vender su finca. Como sabía que su vecino era un destacado poeta, decidió pedirle el favor que le hiciera el aviso de venta. El poeta accedió gustosamente.

El cartel decía:
“Vendo un pedacito de cielo, adornado con bellas flores y verdes árboles, hermosos prados y un cristalino río con el agua más pura que jamás hayan visto”.

El poeta tuvo que marcharse por un tiempo y a su regreso decidió  visitar a sus nuevos vecinos, pensando que aquel hombre de le había hecho el encargo ya se habría mudado. Su sorpresa fue mayor al ver al campesino trabajando las mismas tierras.

El poeta pregunto: – Amigo, ¿no se iba de la finca? –
El campesino respondió con una sonrisa: – No , mi querido vecino, después de leer el cartel que me hizo, comprendí que tenía el mejor lugar posible para vivir –

Tener sueños, ilusiones, objetivos y expectativas no sólo no es negativo sino que puede ser una fuente de motivación y coraje en nuestro día a día. El problema empieza a surgir cuando focalizamos completamente nuestra atención en eso que no tenemos y que deseamos alcanzar en el futuro y perdemos de vista todo cuanto ya tenemos en el presente.

Una de las primeras cosas que nos enseñan de pequeños es a dar las gracias y cuando somos padres, en más de una ocasión preguntamos a nuestros hijos ¿qué se dice?, cuando se les olvida agradecer al recibir algo. Sin embargo, el verdadero valor de la gratitud va mucho más allá de una mera cuestión de educación o formalismo social, pues está demostrado que sentir gratitud sincera es una fuente de bienestar tanto para quien la da, como para quien la recibe, de ahí la importancia de saber  sentirla, pero también de saber expresarla.

¿Qué es la gratitud?
La gratitud es una emoción, pero a diferencia de otras como el miedo, la alegría, la tristeza o la rabia,  no es una emoción básica, ni se produce de forma instintiva, sino que requiere de unos procesos más complejos de la mente, en los que intervienen el sentimiento de amor y unos valores personales que prioricen la cooperación a la competitividad y en los que se renuncie a una  visión egocéntrica de la vida.

¿En qué nos beneficia sentir gratitud?
Experimentar gratitud no sólo es beneficioso para mejorar nuestras relaciones personales, también tiene un efecto directo sobre nuestra salud.

Cuando estamos agradecidos, estamos más contentos, sonreímos más y, por lo general, somos más amables. Sin duda, todos ellos elementos que contribuyen a que los demás valoren mejor nuestra compañía.

Además,  cuando estamos agradecidos, tenemos mayor tendencia a hacer buenas acciones que, por simple que parezcan, pueden despertar el sentimiento de gratitud en otras personas, contribuyendo así a generar una espiral positiva de bienestar tanto en nosotros como en nuestro entorno . (¿conoces la película Cadena de Favores?” de algún modo se inspira en este concepto. Si aun no la has visto puedes ver el trailer apretando aquí.)

Así mismo, la gratitud, como el resto de emociones positivas, contribuye a reducir el estrés y  la ansiedad, dos elementos altamente dañinos para nuestro sistema cardiovascular.

También mejora nuestra concentración y nuestra efectividad, pues ser conscientes de las cosas buenas que nos ocurren  mejora nuestro estado de ánimo y todos sabemos que con un estado anímico positivo, estamos más abiertos y receptivos y, en consecuencia, optimizamos nuestra capacidad de aprender, de innovar y de tomar decisiones.

¿Cómo podemos cultivar nuestra gratitud?
Para desarrollar en nosotros el hábito de agradecer de forma sentida y sincera, lo primero a tener en cuenta es que  para sentirnos agradecidos no siempre tenemos que esperar que nos llegue algo de fuera. Al igual que le sucedió al campesino de la historia, darse cuenta de todo cuanto ya tenemos, es motivo suficiente para sentir gratitud.

Es justamente este segundo tipo de agradecimiento, el que nace de nosotros mismos al tomar conciencia de todo lo bueno que tenemos en la Vida, el que te propongo desarrollar.  Para ello comparto contigo algunas herramientas que te pueden ser de utilidad:

1.- Ve más despacio y toma conciencia de lo que te rodea. El ritmo frenético del día a día hace que en muchas ocasiones perdamos de vista  personas y cosas que ya están ahí. No esperes a perderlas para darte cuenta de lo importante que son para ti.

2.- Empieza por agradecerte a ti mismo. Si eres de los que en alguna ocasión te quejas por los quilos de más, de lo poco que te gusta tu nariz, tu boca o alguna otra parte de tu imagen, o de la poca destreza que tienes  para hacer algo concreto,  te invito a que desde este mismo instante dejes de hacerlo y empieces a agradecerte todo aquello que sí puedes hacer: caminar, peinarte, asearte, incluso leer este texto sin necesidad de que nadie lo haga por ti.

La gratitud está relacionada con el amor y difícilmente podrás dar amor a los demás si no eres capaz de dártelo a ti mismo.

3.- Da las gracias todos los días: Recién levantado o justo antes de irte a dormir son buenos momentos para hacer un repaso del día y dar las gracias por él. Seguro que encuentras al menos un motivo para agradecer. Si lo haces de forma sincera, notarás como en apenas unos minutos cambia radicalmente tu estado anímico.

4.- Los problemas también son oportunidades para agradecer. Gracias a las situaciones difíciles aprendemos de la experiencia, además son oportunidades para mejorar nuestras competencias y habilidades. Si piensas de esta manera el problema seguirá siento el mismo, pero tu actitud hacía él será distinta y eso te ayudará a superarlo más fácilmente.

5.- Pon a prueba tu barómetro de gratitud. ¿Cuándo fue la última vez que te sentiste agradecido de forma sincera y lo expresaste?. Si estar agradecido es muy positivo, aun es mucho mejor compartirlo con esa persona que ha contribuido a que te sientas así de bien.
De la misma manera que no nos cuesta decir aquello que nos disgusta o nos molesta, también debemos encontrar la manera de decirle a alguien lo mucho que nos gusta una determinada cosa.

No basta con querer a alguien, también hay que demostrarlo y
dar las gracias es una buena manera de hacerlo.

 6.- Tú eres un espejo. Tus acciones dicen más de ti que mil palabras y esto es aun más evidente en el caso de tener niños cerca. Si quieres que tus hijos sepan valorar todas las oportunidades que tienen y las cosas buenas que la vida les ofrece, el mejor modo de enseñarles es con el propio ejemplo.

Ten presente que tener una vida feliz no significa tener una vida perfecta, sino disfrutar al máximo de ella, con todas sus imperfecciones.

¿Eres resiliente? 10 sugerencias para conseguirlo

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Mira esta imagen durante unos instantes. ¿Qué ves?

¿Un punto negro?, ¿un agujero?, ¿quizás un lunar?, son muchas las personas que ante esta imagen es eso  lo que ven, y aunque la respuesta es cierta, es incompleta: además del punto negro, del agujero o del lunar, también hay una amplia superficie blanca que lo rodea. El matiz puede parecer poco trascendente, pero en realidad sí lo es, porque marca claramente la visión que tenemos ante un problema, incluso ante la vida misma.

En  ocasiones la vida nos plantea situaciones difíciles que captan toda nuestra atención:  una enfermedad, un desengaño amoroso, la pérdida de un ser querido, un sueño no cumplido, la pérdida del trabajo, una oportunidad desaprovechada…montones de puntos negros, agujeros o lunares que nos pueden llevar al límite y hacernos cuestionar si realmente tenemos la fuerza necesaria para continuar. En esos momentos, más que en ningún otro, ser capaces también de ver la superficie blanca marca la diferencia.

“Ante una situación difícil tú decides: ser parte del problema o ser parte de la solución”

Poder ver las cosas positivas, incluso en la adversidad, es la clave entre dejarnos vencer y sentirnos fracasados o sobreponernos y salir fortalecidos. Se dice que una persona es resiliente cuando opta por la segunda opción.

¿Qué es la resiliencia?
Existen muchas definiciones, a mí la que más me gusta es la que  la describe como la capacidad de adaptarse a las circunstancias afrontando las dificultades y lo que es más importante, salir reforzado de ellas.

No se trata de negar el dolor, ignorar las emociones, ni de  volverse una persona dura e insensible. Ser resiliente tampoco consiste en instalarse en un mundo de rosas, llevando el optimismo hasta el extremo de no tener consciencia de la realidad.

La resiliencia es pues, la conciencia del malestar emocional que nos genera una situación que nos daña y sacar la fuerza necesaria para seguir adelante, sin perder el timón de nuestra propia vida.

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¿Cómo ser más resiliente?
Al igual que sucede con muchas competencias emocionales, la resiliencia no es un don con el que se nace. Todos podemos desarrollar nuestra propia resiliencia.

«La persona resiliente no nace, se hace».

Aquí tienes 10 sugerencias que te pueden ayudar a conseguirlo:

1.- No pongas todos tus huevos en la misma cesta: focalizar todas nuestras ilusiones y energía en un solo aspecto de la vida (el trabajo, la  pareja, un proyecto…), nos hace más vulnerables, si por el motivo que sea éste falla.

2.- Selecciona tu compañía: tener una amplia red social es muy buen apoyo, especialmente en los momentos difíciles, pero no cualquier compañía resulta beneficiosa. Las personas pesimistas y que viven en la queja constante pueden convertirse en vampiros emocionales.

3.- Desarrolla tu autoconocimiento: conocer tus fortalezas y tus habilidades, tus limitaciones y tus defectos, te permitirán afrontar las dificultades con más objetividad y te permitirá buscar las alternativas con más probabilidad de éxito.

4.- Busca siempre el lado positivo de las cosas:  si eres capaz de ver más allá de lo que te duele o te desmotiva, incluso de las situaciones de crisis puedes extraer algo positivo, y si no lo encuentras, en el peor de los casos, al menos la experiencia te servirá  para el futuro: ¿qué estoy aprendiendo de esto que estoy viviendo?.
Cuando el dolor viene por la pérdida de un ser querido, agradecer el tiempo compartido puede ser una ayuda y  a la vez nos puede servir para aprovechar mejor las relaciones presentes.

5.- Vive en el aquí y el ahora: vivir pensando en el pasado puede ser, según el caso, una fuente de nostalgia, victimismo o culpabilidad. Situarse en el futuro nos provoca incertidumbre y expectativas. Vivir en el presente, disfrutando de los pequeños detalles te hará tomar conciencia de todo lo bueno que nos rodea pese a no darnos cuenta.

6.- Agradece: antes de irte a dormir da gracias por todo lo bueno que te ha sucedido durante el día. A poco que te pares a pensar te darás cuenta de la cantidad de cosas positivas que están ahí, en tu vida.

7.-Desarrolla tu creatividad: difícilmente obtendrás resultados distintos si siempre actúas del mismo modo. Si quieres cambiar una situación lo mejor es pensar que variedad de cosas puedes hacer para conseguirlo.

8.- No pretendas controlarlo todo: está bien tomar las riendas de nuestra vida, pero por más que lo queramos, no todo puede estar bajo nuestro control. Aceptar cierto grado de incertidumbre nos da flexibilidad y reduce la ansiedad y el estrés. Por ello, pon más empeño en el objetivo a alcanzar que en controlar todos los pasos que debes dar par alcanzarlo.

9.- Pide ayuda: si pasas por un momento delicado y crees que lo necesitas, pide ayuda en tu entorno  y/o acude a un buen profesional. La mayor debilidad que tenemos es no reconocer que en determinados momentos podemos serlo.

10.- No dejes nunca de sonreír: en determinadas adversidades, tener sentido del humor puede ser la palanca que nos ayude a dar la vuelta a la situación y  a seguir adelante.

¿ Cómo desarrollar la resiliencia en los más pequeños?

Martin Seligman, uno de los impulsores más importantes de la psicología positiva señaló en una de sus intervenciones que pese a la mejora en el nivel de vida  experimentada en la sociedad americana en las últimas décadas, existe un elevado porcentaje de jóvenes que sufren depresión.

Como padres nos preocupamos por el bienestar de nuestros hijos: buenos alimentos, buena educación, cuidado de la salud, ocio…sin embargo no siempre los preparamos para afrontar la frustración. Desarrollar la resiliencia desde bien pequeño contribuye a tener adultos menos insatisfechos, con más potencial de aprendizaje, más saludables y con mejor autoestima. Para  desarrollar su resiliencia ten presente  estas reflexiones en tu día a día:

1.- No siempre podremos evitar que se caigan, pero sí podemos enseñarles a que se levanten. Una cosa es proteger y otra bien distinta sobreproteger. Confía en ellos.

2.- Ponle nombre a sus emociones. La tristeza, la rabia, el miedo…son emociones que no siempre son fáciles de identificar. Dialogar con ellos, ayudarles a poner nombre a lo que sienten mejorará su autoconocimiento.

3.- ¿Qué puedes aprender de esto?. Muchas veces cuando nuestros hijos nos explican un problema o una mala experiencia, nuestra tendencia es darles una solución e forma rápida. Preguntarles qué es lo que ellos piensan y qué pueden aprender de ello para otra vez, resulta mucho más efectivo.

4.- Tú eres su espejo. Lo que haces dice mucho de ti. Tu forma de afrontar las adversidades será el modelo de referencia de tus hijos.

«No sobreviven las especies más fuertes, sino aquellas que son capaces
de
adaptarse mejor a los cambios».
(Charles Darwin).

¿Eres de los que dejas para mañana lo que puedes hacer hoy? Deja de procastinar.

procrastinar

«Trabajo hecho, no corre prisa.»
«A quién madruga Dios le ayuda»
«No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy»

Todos conocemos frases y refranes sobre la importancia de optimizar el uso del tiempo. A pesar de ello  todos, en algún  momento  u otro, nos hemos dedicado a tareas diferentes de las que inicialmente nos habíamos propuesto. En otras palabras, en algunas ocasiones procastinamos.

¿Cuántas noches antes de acostarte te has propuesto que al día siguiente madrugarías para ir al gimnasio y cuando suena el despertador, lo has apagado y has seguido durmiendo con la falsa promesa de “sólo 5 minutitos más”?.

¿Cuántas veces has empezado a ordenar el escritorio, limpiar la habitación o cualquier otra cosa, con tal de no ponerte a estudiar para un examen?

¿Quién no se ha conectado  alguna vez a Internet para buscar una información puntual y concreta y ha acabado navegando por páginas que no tenían nada que ver con lo que estabas buscando?.

¿Y que me dices de ese informe que lleva días en tu mesa esperando a que hagas una determinada gestión que no acabas de hacer porque «casualmente» acabas haciendo antes otras muchas cosas?

La procastinación, (dejar de hacer aquello que crees que tienes que hacer, por hacer otras cosas distintas) si se hace de forma puntual y aislada no supone mayor problema. La dificultad deriva de hacer de la procastinación un hábito, porque es obvio que si de forma frecuente  no nos dedicamos a hacer aquello que necesitamos o que nos conviene hacer, tarde o temprano  estaremos en aprietos o, por lo menos, bastante lejos de nuestros objetivos y en ambos casos el resultado es el mismo: nos sentimos mal.

Sin embargo, ese malestar no nos sirve de mucho y al cabo de unos cuantos días es muy probable que si eres una persona con tendencia a la procastinación, te acabe sucediendo lo mismo, una vez más.procrastinar2

El post de esta semana va destinado a compartir contigo  algunos trucos para combatir la procastinación. En realidad hay bastantes técnicas que pueden ayudarte a ser constante y firme en tus intenciones, para no acabar haciendo aquello en el realidad no deseas. Se trata pues, que elijas aquellas que más se adapten a ti.

No obstante, independientemente de por cual decidas empezar, siempre hay un primer paso que tienes hacer hacer sí o sí para vencer la inercia a la procastinación. Es algo tan sencillo y a la vez tan complicado como ser sincero con uno mismo al responder a la pregunta: ¿Por qué no lo estoy haciendo?

Muchas veces  postergamos hacer algo, sencillamente porque estamos huyendo de eso, de lo que significa o de lo que nos supone.  En otras ocasiones, la emoción que se oculta tras la procastinación es el miedo: miedo a fallar, a no hacerlo bien, a no cumplir expectativas propias o de terceros…

Muchas veces, la procastinación encuentra su origen en el sencillo hecho que se trata de temas que, en realidad, nos han sido impuestos y que hemos acabado asumiendo como temas nuestros a hacer por no saber decir un “no” a tiempo.

Sea cual sea tu caso,  el saber qué emoción motiva tu comportamiento, te ayudará a entenderte y a encontrar más fácilmente una solución.

Aun así, hay muchas otras herramientas que pueden ayudarte. Algunas de ellas son:

1.-Utiliza la Regla de los Dos Minutos. Esta regla viene a decir algo así como que si estás planificando una acción que se puede hacer en menos de dos minutos, no la planifiques; simplemente hazla.

2.-Escribe en una lista las tareas que deseas hacer y comprométete a hacerlas dentro de un plazo. Anota también todas aquellas cosas que acabas haciendo  y que no habías previsto. Luego dedícale atención  a identificar qué cosas te están “robando” el tiempo ( mirar el móvil, responder whatsApps, consultar los correos,  picar algo de comer entre horas…)

3.-Fragmenta las tareas duras o difíciles. Un buen truco consiste en dividir en minitareas una tarea más compleja y plantearte hacer de una en una.  Muchas veces cuando nos planteamos hacer solo una parte, al final acabamos haciendo todas las demás, porque lo que sucede es que cuando llegas a conectar con la tarea que estás haciendo, el freno mental desaparece y coges inercia para finalizarla.

4.-Consolida rutinas. Aunque las rutinas no son siempre deseables, lo cierto es que interioritzar  hábitos y  rutinas nos puede ayudar a incorporar  determinados comportamientos en nuestro día a día.

5.-Toma decisiones. Muchas veces las tareas quedan pendientes simplemente porque no te apetece tomar una decisión.

6.- Pon en práctica decir “no”. Muchas de las tareas que acabamos posponiendo se deben a que en realidad  son compromisos que hemos asumido por no saber negarnos a tiempo.

7.- Busca tu mejor momento. Hay gente que prefiere madrugar y empezar el día haciendo cosas, otras personas tienen más energía y vitalidad por la tarde o por la noche. Conócete a ti mismo y aprovéchate de ello.

8.-Recompénsate. La idea de celebrar los logros es algo recurrente en este blog. Cuando termines esa tarea que se resiste, premiate con algo que realmente te compense. No es necesario que siempre sea algo material, puedes  optar por un baño relajante, un paseo por el parque, un ratito para escuchar música o cualquier otra actividad que te produzca bienestar.

Y recuerda:

«Aplazar una cosa fácil, hace que sea difícil. Aplazar una cosa difícil hace que sea imposible”. (Goerge Claude Lorimer).

Si te apetece profundizar un poco más, te recomiendo que escuches  a Tim Urban en esta divertida charla TED. (para acceder al vídeo pulsa aquí )