Superar el duelo emocional

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Se acerca la Navidad y las calles y las casas se llenan de alegría y de color, pero para muchas personas la Navidad también es una época difícil porque  en esta época del año se agudiza el dolor por las pérdidas que se han sufrido en la Vida.

Todos en algún momento hemos perdido o perderemos a alguien o algo: la muerte de un ser querido o la ruptura de una pareja son solo un par de ejemplos. La pérdida de un trabajo importante, de una capacidad física, un cambio forzado de país o ciudad… son ejemplos de otras situaciones que nos pueden llevar a vivir un proceso de duelo.

Fases del duelo

El 1969 la psiquiatra Elisabeth Kübler-Ross definió en 5 las fases del duelo:

  1. Negación
    Esta etapa, como su nombre indica, se caracteriza por negar lo sucedido. El no querer reconocer lo que ha pasado es un mecanismo de defensa para evitar enfrentarnos al dolor. Pero no querer ver la realidad no significa que no exista, por ello, tarde o temprano esta etapa finaliza y da paso a la etapa siguiente.
  2. Ira o rabia
    Reconocer lo sucedido como algo irreversible genera frustración y esta emoción al acumularse genera la necesidad de ser descargada, normalmente a través de la rabia y la ira. Buscar culpables o responsables de lo sucedido es la forma más habitual de descargar ese malestar.
  3. Negociación
    Esta etapa se caracteriza por fantasear con la idea de cómo serían las cosas si se hubiera actuado de distinto modo, qué pasaría si las cosas se hubieran hecho de otra manera.
  4. Depresión
    La etapa de depresión se refiere al momento en que emociones como tristeza, apatía, melancolía, vacío…se experimentan con mayor fuerza. No se refiere a depresión en sentido clínico, aunque es cierto que si esta etapa se prolonga en el tiempo sin una buena gestión emocional, puede acabar derivando en un cuadro patológico depresivo. Aislamiento, pérdida de apetito o desinterés por el arreglo personal, son algunos indicadores de esta fase.
  5. Aceptación
    En esta etapa se aprende a vivir con el dolor emocional que ha causado la pérdida y, poco a poco, se va recuperando la capacidad de experimentar alegría,  ilusión, placer o  entusiasmo.

Al finalizar un duelo, la persona no solo puede retomar su vida con normalidad sino que además suele hacerlo con la riqueza del aprendizaje que aporta  la experiencia. Por eso, son muchas las personas que tras superar un duelo saben disfrutar más de la vida, aprovechan en presente, priorizan mejor las cosas realmente importantes, aprenden a relativizar y no preocuparse en exceso y disfrutan y valoran más el valor de lo simple y lo auténtico.

Cinco etapas del duelo según Kübler-Ross

5 recomendaciones para no
quedarse atrapado en una fase del duelo

Pasar un duelo no es agradable y comporta sufrimiento y dolor pero es un proceso totalmente necesario para recuperar la salud emocional. No finalizar el proceso y quedar atrapado en alguna de sus fases es perpetuar el dolor y vivir con sufrimiento. Aunque cada persona es diferente y factores como la edad, el entorno social o los rasgos propios de personalidad influyen notoriamente, sí hay algunas recomendaciones que pueden ser de utilidad para todos:

  1. Expresar
    Consiste en poder sacar al exterior las emociones, los pensamientos. Hablar con alguien de confianza es una buena forma, pero  escribir o incluso hacer alguna actividad física de alta intensidad también puede servir. En el caso de niños, el dibujo es una excelente vía para expresar aquellas emociones que sienten y que no saben expresar con palabras.
  2. Círculo social
    Contar con el apoyo de otras personas queridas y con su complicidad es muy sanador. Compartir el dolor con otras personas es de gran ayuda. Estas personas pueden ser del entorno directo pero también pueden ser personas desconocidas que hayan pasado por una vivencia similar.
  3. Cuidar la salud
    Aunque no se tenga ganas, cuidar la alimentación y el descanso es clave para recuperar el bienestar emocional. Por eso es importante “forzarse” a seguir una rutina de horarios, de alimentación y de higiene.
  4. Símbolos
    Hacer acciones que tengan un valor simbólico pueden ser también de gran ayuda: plantar un árbol, hacer un viaje a un lugar especial, ordenar una caja con recuerdos…cualquier cosa que tenga un valor emocional para la persona le puede ayudar en su sanación.
  5. Ayuda profesional
    La ayuda de un especialista profesional siempre es de gran ayuda, especialmente para afrontar fechas especiales como la Navidad, un aniversario o cualquier momento o situación que nos evoque el recuerdo del motivo que causó el duelo.

Superar un duelo no es olvidar sino aprender a seguir disfrutando de la vida pese al dolor

 

La niña que arregló el mundo

 

Dicen que los cuentos sirven para dormir a los niños y también para despertar a los adultos, así que ahí va uno de ellos:

Un científico, que vivía preocupado con los problemas del mundo, estaba empeñado en encontrar la forma de minorizarlos, por eso pasaba días y días en su despacho en busca de respuestas para sus dudas.
Cierto día, su hija de 7 años quiso ayudarlo pero el científico, nervioso por la interrupción, le pidió a la niña que fuese a jugar a otro lado.
Viendo que era imposible sacarla, el padre pensó en algo que pudiese distraer su atención así que cogió una vieja revista en donde había la imagen del mapa del mundo y con unas tijeras recortó el mapa en varios pedazos y junto con un rollo de cinta se lo entregó a su hija diciendo: “como te gustan los rompecabezas, te voy a dar el mundo todo roto para que lo repares sin ayuda de nadie”.
Entonces calculó que a la pequeña le llevaría días componer el mapa, pero no fue así. Pasadas algunas horas, escuchó la voz de la niña que lo llamaba con entusiasmo:
“Papá, papá, ya hice todo, conseguí terminarlo”.
Al principio el padre no creyó lo que la niña le decía pues pensó que sería imposible que a su edad hubiera conseguido recomponer un mapa que jamás había visto antes, pero para su sorpresa, todos los pedazos habían sido colocados correctamente.
El padre, asombrado preguntó a la niña cómo lo había hecho, a lo que la niña respondió:
Papá, yo no sabía cómo era el mundo, pero cuando sacaste el mapa de la revista para recortarlo, vi que del otro lado estaba la figura de un hombre. Así que di vuelta los recortes y comencé a recomponer al hombre, que sí sabía cómo era. Cuando conseguí arreglar al hombre, di vuelta a la hoja y vi que había arreglado al mundo.

  (Cristian Urzúa Pérez)

Esta sencilla historia  nos sirve para recordar una de las principales máximas del crecimiento personal: “El trabajo personal empieza y termina en uno mismo”.

Esperar que sean los demás los que cambien o confiar que el destino nos depare algo distinto, es tanto como renunciar a ser protagonistas de nuestra propia vida. El crecimiento personal nos invita a responsabilizarnos de nosotros mismos y de nuestras reacción ante lo que nos pasa. Y cuanto más se avanza en este camino, con más claridad se va comprendiendo que nuestra forma de proceder influye poderosamente en las circunstancias que nos rodean.
Ya lo decía Gandhi:

Sé el cambio que quieres ver en el mundo.

Vivir instalados en la queja, la resignación o la apatía, no nos servirá para sentirnos mejor, al contrario, las personas victimistas no solo sufren más sino que además, con el tiempo, pueden llegar a ser tóxicas para las personas con las que conviven habitualmente.

Piensa globalmente, actúa localmente (Patrick Geddes)

Si piensas en todas las cosas que no marchan bien y que se deberían mejorar lo más seguro es que te acabes sintiendo una persona abrumada, frustrada o impotente para conseguir grandes cambios, pero sin en vez de centrar tu atención en los problemas, intentas identificar qué cosas dependen de ti, que está en tu mano cambiar, en qué medida puedes contribuir a que las cosas mejoren, no solo te sentirás empoderada sino que pronto descubrirás el poder que ejercen las pequeñas acciones en el entorno más inmediato. Como nos enseña el cuento de hoy, para mejorar el entorno que nos rodea debemos empezar por sanarnos a nosotros mismos.

Ponte a prueba
Durante los próximos días obsérvate a ti y a las personas que te rodean y date cuenta de que expresiones predominan a tu alrededor (gratitud, queja, proacción, victimismo…). En este sencillo ejercicio no se trata de juzgar a nadie sino de tomar conciencia neutra de la posición desde la que nos relacionamos, por ejemplo: ¿eres de las personas que se quejan porque se acaban las vacaciones o de las que das gracias por haber disfrutado de unos días de descanso?.
Por cada vez que caigas en la queja o el victimismo piensa una acción que esté en tu mano para cambiar esta situación y un motivo por el que puedes sentir agradecimiento.

¿Aceptas el reto? 😉

SOS, ¿qué hacer cuándo los hijos acaban el cole?

Entre el 20 y el 22 de junio, en el hemisferio norte del planeta celebramos el inicio del verano y con él, miles de estudiantes acaban del curso y empiezan las tan deseadas vacaciones de verano.

Pero lo que para ellos es motivo de alegría y diversión, para madres, padres (y en muchos casos también abuelos), supone un gran esfuerzo de energía y planificación, especialmente si se trabaja fuera de casa.

Y es que la conciliación de la vida familiar y la profesional no siempre es fácil y durante casi los tres meses de vacaciones de verano que tienen los peques aun menos, por eso saber qué hacer  con los hijos cuando ya no hay cole, se convierte en todo un reto.

Sea cual sea tu caso y la opción que hayas elegido (casales, campamentos, canguros, quedarte tú con ellos…) conviene tener algunas ideas claras. En este post encontrarás las que me parecen más destacadas:

  1.  Felicita la conducta, no los resultados.
    La recogida de notas es un momento para valorar como ha ido el curso y muchas veces caemos en el error de tener en cuenta únicamente los resultados. Afortunadamente cada vez más las notas no se corresponden únicamente con la puntuación de un examen y también se tienen en cuenta otros factores como la actitud. Más allá de si tu hijo saca un excelente o un aprobado justo, es importante reconocer y valorar su comportamiento, si se ha esforzado y si ha puesto empeño. Una buena nota conseguida con la ley del mínimo esfuerzo no debería tener el mismo reconocimiento que un aprobado hincando codos.
  2. Limita la exposición a las pantallas
    Todos sabemos que las pantallas son un gran reclamo para ellos. Tabletas, móviles, consolas, televisión… pueden llegar a absorberles si no se les limita el tiempo de exposición. Aprovecha la luz del sol y las buenas temperaturas para proponer a tus hijos actividades al aire libre. No sólo les servirá para entretenerse, también para hacer ejercicio y relacionarse con nuevos amigos.
  3. Controla los hidratos
    Los hidratos de carbono, también llamados glúcidos o azúcares, son macronutrientes que tienen como principal función aportar toda la energía necesaria al organismo de manera inmediata, pero como todo en exceso, el abuso es malo. Y aunque el veranito invita a comer más helados y refrescos azucarados, el abuso de azúcar puede tener graves consecuencias en la salud de los peques y no sólo me refiero a sobrepeso. Aprovechemos la dieta mediterránea y saquemos “todo el jugo” a la variedad de frutas de verano, para consumir productos saludables (en Internet encontrarás multitud de recetas).
  4. Evita la anarquía de horarios
    Ya sabemos que en vacaciones los horarios se vuelven más flexibles, pero recuerda que tu hijo sigue en periodo de crecimiento y tanto su cuerpo como su cerebro necesitan horas de sueño, por eso asegúrate que descansa las horas necesarias.
  5. Hazles sentir útiles
    Estar de vacaciones no es sinónimo de no hacer nada, por ello negociar pequeñas tareas diarias no sólo les servirá para entretenerse un rato sino también para contribuir con el funcionamiento de la casa. Comprar el pan, hacer su cama, poner la mesa o ayudar a lavar los platos son tareas que, adaptadas a cada edad, les ayudará a sentirse útiles.
  6. Disfruta de ellos
    ¿Qué es lo más quieres en esta vida?…pues eso, intenta priorizar para encontrar cada día un ratito para disfrutar de tus hijos.

 

5 tips para una comunicación asertiva

Todos, el alguna ocasión, hemos lavado una sartén. Si la empezamos a lavar justo después de usarla, lo más probable es que aun esté caliente y nos quememos. Por el contrario, si decidimos esperar a que esté fría para hacerlo, corremos el riego a que la suciedad se endurezca demasiado y nos cueste más limpiarla. Partiendo de esto, podríamos decir que el mejor momento para lavar una sartén es cuando está lo suficientemente fría para no quemarnos pero no lo bastante para que los restos de comida se peguen, fácil ¿verdad?.

Pues bien, este sencillo consejo para lavar sartenes es igual de útil y efectivo para nuestras conversaciones , especialmente para aquellas que se producen en un entorno de conflicto.

No basta con decir una cosa correcta en el lugar correcto, es mejor todavía no decir algo incorrecto en un  momento tentador. (Benjamin Franklin)

¿Cuántas veces en el fragor de una discusión  hemos dicho algo de lo que después nos hemos arrepentido? intentar hablar con alguien cuando nuestras emociones están en un punto de alta intensidad es como intentar lavar la sartén justo después de usarla. Por el contrario, callarnos y no expresar aquello que nos disgusta, retener internamente lo que nos molesta y no expresar lo que nos enfada, quizás evite el enfrentamiento, pero a la larga nos acaba distanciando de la otra persona, hasta el punto de enquistar el conflicto de tal manera que luego cueste mucho que desaparezca, al igual que nos pasa con los restos de comida cuando la sartén está demasiado seca.

Se dice que una persona se comunica de manera asertiva cuando es capaz de  expresar su punto de vista de un modo claro y de  forma  respetuosa hacia la otra persona.

Así pues, la técnica de limpiar la sartén, es decir, elegir el momento adecuado para hablar con alguien, es un tip que nos puede ser útil para comunicarnos de manera asertiva. Otros 4 tips que también nos pueden ayudar son:

  1. Dejar de oír y empezar a escuchar. Aunque puedan parecer lo mismo, escuchar es mucho más profundo porque implica aceptar que la otra persona tiene algo que contarnos. Cuando escuchamos atentamente damos la confianza al otro para que se exprese y de esta manera nuestras respuestas también estarán más alineadas a la conversación.

    Hablar sin escuchar puede llevarnos a una conversación de besugos, en la que las personas más que dialogar, hacen monólogos.

  2. Nuestro cuerpo habla. Si las palabras comunican, los gestos aun lo hacen más. Las expresiones de la cara, la gesticulación, las posturas corporales…dicen mucho de nosotros, por ello es importante mirar a los ojos, evitar posturas corporales desafiantes, chulescas o intimidatorias y no negar con la cabeza cuando la otra persona nos hable.
  3. Hablar desde el “yo” y sin juzgar. Cuando acusamos a la otra persona es fácil que ésta se ponga a la defensiva, sin embargo si somos capaces de expresar lo que queramos desde como nos sentimos, será mucho más fácil que la otra persona nos entienda. No es lo mismo decir ” yo me he sentido despreciada” que decir “tú me has despreciado”. Estamos hablando de lo mismo, pero al poner la atención en nuestra emoción, en decir como nos sentimos, es más fácil generar empatía.
  4. De lo general a lo concreto. Las generalizaciones no suelen ser buenas compañeras y menos en una discusión, por ello es recomendable evitar el uso de expresiones del tipo “es que nunca…”, “es que siempre…”,  “todo el mundo…”, “nadie….” y centrar nuestra energía en el hecho en concreto. ” no estoy de acuerdo con esta situación…”, “en este momento yo me siento…”

Antes de iniciar una conversación importante conviene recordar que…

El carácter de una persona puede conocerse por los adjetivos que usa habitualmente en sus conversaciones.(Mark Twain)

¿A qué te dedicas?


“Se cuenta que una profesora, sin decir palabra, tomó un bote grande y procedió a llenarlo con pelotas de golf. Después preguntó a los estudiantes si el bote estaba lleno. Los estudiantes estuvieron de acuerdo al decir que sí.

La profesora, sin decir nada, cogió una caja llena de canicas y la vació dentro del bote. Las canicas llenaron los espacios entre las pelotas de golf. Entonces la profesora volvió a preguntar a los estudiantes si el bote estaba lleno y ellos volvieron a decir que sí.

Acto seguido la profesora cogió una caja de arena y la vació dentro del bote , llenando así  todos los espacios vacíos.  Nuevamente preguntó a los alumnos si el bote estaba lleno. En esta ocasión los estudiantes respondieron con un sí unánime.

La profesora rápidamente, vertió una taza de café al contenido del bote y, el líquido se filtró entre la arena. Los estudiantes reían en esta ocasión.

Cuando la risa se fue apagando, la profesora les dijo: “Quiero que os deis cuenta que este bote representa la vida. Las pelotas de golf son las cosas importantes,  aquellas cosas que nos apasionan y que dan sentido a nuestra vida. Las canicas son las otras cosas que nos interesan y la arena es todo el demás,  esas  pequeñas cosas que nos suceden en el día a día. Si ponemos la arena en primer lugar en el bote, no habrá espacio para las canicas y mucho menos para las pelotas de golf.

Un estudiante levantó la mano y preguntó qué representaba el café. La profesora sonrió y le respondió: “¡Qué buena pregunta! Sólo es para demostraros que no importa cuánto ocupada puede parecer vuestra vida, siempre hay lugar para tomar un café con buen amigo.”

Existen muchas versiones de esta misma historia y seguro que muchos ya la conocéis pero he querido recuperarla porque aunque pueda parecer muy simple, el mensaje que nos da es de gran valor.

Aquello a que dedicamos nuestro tiempo es donde invertimos nuestra vida.

¿Cuántas veces nos han preguntado a que nos dedicamos?, es una pregunta frecuente cuando acabamos de conocer a una persona, a la que se suele responder diciendo nuestro trabajo actual o nuestra profesión, sin embargo la pregunta adquiere mucha más profundidad si somos nosotros mismos los que nos la plateamos.

¿A qué me dedico?
¿En qué estoy invirtiendo mi tiempo?
¿Qué cosas deseo hacer y  aun no he hecho por falta de tiempo?
En definitiva, ¿cuántas pelotas de golf, cuántas canicas y cuánta arena hay en mi día a día?

La mejor inversión que una persona puede hacer a lo largo de su vida consiste en invertir en la calidad del tiempo de su propia vida.

Las emociones estéticas y el síndrome de Stendhal

¿Sabes lo que es una emoción  estética?
 Quizás no sepas la definición exacta, pero si alguna vez te has emocionado ante un paisaje bonito o se te ha erizado la piel escuchando una canción, entonces puedes afirmar que has experimentado este tipo de emoción.

Simplificadamente, las emociones estéticas son aquellas que se experimentan ante la belleza, sea cual sea la forma que ésta adopte. Una puesta de sol, una escultura, un cuadro, un rostro, una voz, vivir un momento hermoso, la satisfacción tras finalizar un trabajo bien hecho,…son muchas las ocasiones que nos brindan la oportunidad de sentir emociones estéticas. Pero sin duda alguna, el cine es el principal generador.

Las personas miramos películas para experimentar emociones, aunque no siempre seamos conscientes de ello y emocionarnos con una película es otro claro ejemplo de emoción estética.

– EMOCIONES ESTÉTICAS Y SALUD
Investigaciones en el campo de la bioquímica emocional han observado que la composición química de una lágrima de una emoción estética no es la misma que la de una lágrima de tristeza, ira o dolor. Mientras que la primera contribuye a la defensa del sistema inmunitario, la segunda lo debilita.

La musicoterapia, es un ejemplo de aplicación práctica de los beneficios de la música para la salud, pues gracias a la música podemos activar muchísimas emociones positivas como alegría, entusiasmo, agradecimiento, aceptación, relajación… También hay muchos ejemplos de música utilizada para provocar una emoción: el himno de un equipo, una marcha militar, música religiosa como el Góspel o un mantra en yoga, son solo algunos de ellos. Ya lo dice el refrán:

 Quien canta su mal espanta.

 

-EMOCIONES ESTÉTICAS Y EDUCACIÓN
Aprender experimentando emociones estéticas, es decir, aprender emocionándose y disfrutando con ello, es una forma fantástica de motivar para el aprendizaje. Por eso, que los niños aprendan desde la experiencia, en contacto directo lo que se les enseña, es mucho más efectivo que horas y horas de teoría, pues se sabe que hay una relación directa entre emoción positiva y motivación.  Como decía Benjamin Franklin:

Dime y lo olvido, enséñame y lo recuerdo, involúcrame y lo aprendo.

-EL SÍNDROME DE STENDHAL
Se cuenta que en 1817, cuando el escritor francés H.B. Beyle viajó a Florencia éste se quedó conmocionado por todo el arte en encontró en la ciudad. Este escritor usaba el pseudónimo de Stendhal, de ahí que a finales de 1970, la psiquiatra Graziela Mangherini pusiera ese nombre al trastorno que estudió en muchos turistas que visitaban Florencia y que quedaban impresionados por la belleza de la ciudad. Encontrar tanto arte en tan poco espacio, les provocaba un placer que sobrepasaba el control de la persona, lo que provocaba mareos y malestar.

Aunque hoy en día el síndrome de Stendhal no se considera un trastorno mental, sirve para definir lo que también se conoce como “el mal del viajero” o el “síndrome de Florencia” y que se produce cuando una persona se expone a una gran cantidad de belleza en poco tiempo.

-LAS EMOCIONES ESTÉTICAS Y EL BIENESTAR EMOCIONAL
Ahora que ya sabemos más sobre este tipo de emociones y los beneficios que nos aportan, es hora de introducirlas en nuestro día a día para mejorar nuestro bienestar emocional. Aquí os dejo algunas sugerencias y estaré encantada de leer las vuestras:

  • Encontrar un momento al día para escuchar nuestro cd de canciones favoritas.
  • Cada mañana, cuando salgamos a la calle, dedicar unos instantes para observar el cielo.
  • Apagar todos los aparatos que provocan ruido y disfrutar de un momento de silencio.
  •  Practicar cualquier forma de baile como vía de expresión artística y actividad física.
  • Leer un libro que nos guste.
  •  Prepararnos de vez en cuando nuestro plato favorito para comer.
  • Disfrutar del placer de quitarse los zapatos después de todo un día fuera de casa.
  • Pasear por la naturaleza, ya sea mar o montaña.

Frases inspiradoras para empezar el año

 

El otro día, mientras desayunaba escuché la noticia que, según el Estudio de Consumo Navideño 2018 de Deloitte, los hogares españoles gastarán una media de 601€, entre comida, regalos, viajes y ocio. Lo que supone el 2,7% más que el año pasado, durante las mismas fiestas.

Y aunque la cifra me ha parecido bastante elevada, lo cierto es que no me sorprende teniendo en cuenta que  para supermercados y comercios, cada año las Navidades empiezan antes y la publicidad nos bombardea para que así lo tengamos claro y no lo olvidemos.

Pero esta época del año, además de ser sinónimo de fiestas, celebraciones, consumismo y regalos, también puede ser una excelente oportunidad de introspección, para hacer balance del año que acabamos, para proyectar propósitos para el que año que comienza y, en definitiva, tomar conciencia de aquello que verdaderamente tiene valor para nosotros.

Aquí comparto algunas frases célebres y otras que no lo son tanto, que en un momento dado me han servido para reflexionar y recordar que las cosas más valiosas no son siempre  las que tienen el precio más elevado:

 

• Si no puedes hacer lo que amas, ama lo que sí puedes hacer.

• Quién dedica su tiempo a mejorarse a sí mismo, no tiene tiempo para criticar a los demás. Madre Teresa de Calcuta

• Entre el estímulo y la respuesta hay un espacio. En ese espacio reside la libertad de elegir. Victor Frankl

• Muchas personas no gozan de las pequeñas alegrías, porque esperan la gran felicidad. Pearl S. Buck

• El secreto de la existencia humana no solo está en vivir, sino también en saber para qué se vive. Fiódor Dostoioevski

• Los ojos no sirven de nada para un cerebro ciego. Proverbio árabe

• Para entender a otra persona no hay nada mejor que caminar un tiempo con sus mismos zapatos.

• Lo que no se soluciona pasando página, se soluciona cambiando de libro.

• Lo que niegas te somete, lo que aceptas te transforma. Carl G. Jung

• Muchas personas tienen talento, pero no tantas constancia.

• Aferrarse al odio es como tomarse veneno y esperar que la otra persona muera.

• El primer paso no te lleva adonde quieres ir, pero te saca de donde estás.

• Para ser fuerte no es necesario levantar mucho peso, es suficiente levar el propio cada vez que nos caemos.

• Aquel que le echa la culpa a otros, tiene un camino largo para recorrer. El que que se echa la culpa a sí mismo, ya ha recorrido la mitad del camino. Aquel que no busca culpables, ya ha recorrido el camino entero.

• Las apariencias no engañan. Las que engañan son las expectativas.

• No es lo mismo “mirar” que “ver”. Por eso nuestras relaciones mejoran cuando dejamos de “mirar” a la otra persona y empezamos a “verla”.

• Para no ser mudos, hay que empezar por no ser sordos. Eduardo Galeano

• No corras, vete despacio, que a donde tienes que llegar es a ti mismo. Juan Ramón Jiménez

• El pesimista ve la dificultad en cada oportunidad. El optimista ve la oportunidad en cada dificultad. Winston Churchill

• No es feliz quien más tiene, sino quien menos necesita.

• No te molestes con el pozo que está seco porque no te da agua, mejor pregúntate por qué  sigues insistiendo en sacar agua en donde ya ha quedado claro que no puedes encontrarla.

• Un pájaro posado en un árbol nunca tiene miedo de que la rama se rompa, porque su confianza no está en la rama, sino en sus propias alas.

¿Y tú, tienes alguna frase que te haya sido útil en algún momento de tu vida? si es así, te animo a que la compartas y entre todos hagamos más larga esta lista.