¿Por qué a veces resulta tan difícil perdonar?

¿Quién no ha sentido rabia alguna vez en su vida? La rabia es una emoción negativa porque resulta desagradable, pero no por ello es mala. Todas las emociones tienen su utilidad y su importancia. La rabia por ejemplo, nos ayuda a sobreponernos y a defendernos en caso de agresión. Sin embargo, si esta rabia se prolonga en el tiempo, la sed de venganza puede aparecer como única opción, lo que es un error porque la venganza solo convierte en agresor a la víctima, y no asegura la recuperación del bienestar interior. Las heridas emocionales únicamente pueden sanarse con el perdón.

«La ira es un veneno que uno toma esperando que muera el otro»

— William Shakespeare

La venganza y el resentimiento nos mantienen en un constante estado de alerta. Algo que sostenido en el tiempo, además de hacernos muy infelices, altera nuestros niveles de adrenalina y cortisol, lo que puede llegar a alterar nuestro sistema inmunitario y cardiovascular

Entonces, si la venganza y el rencor son tan dañinos, ¿por qué nos cuesta tanto perdonar?

Porque solemos caer de varios errores nos dificultan perdonar. Los 5 errores más frecuentes son:

1º error: Pensar que para perdonar hay que olvidar.

Es un error frecuente el creer que para perdonar debemos olvidar la ofensa. Peno no necesariamente debe ser así. Perdonar no debería significar que perdamos la memoria, significa renunciar a la venganza y al odio. Significa ser capaces de continuar con nuestra vida más allá del dolor

2º error: Esperar que la otra persona cambie.

No podemos esperar que la otra persona cambie sus acciones o su comportamiento para perdonarla, porque nuestra capacidad de cambio se limita a nosotros mismos. No podemos conseguir que las otras personas actúen como nosotros deseamos, pero sí podemos quitarles el poder que ejercen sobre nosotros. Perdonar no significa necesariamente que tengamos que recuperar la relación con la otra persona. Significa tomar las riendas de nuestras vidas, más allá del comportamiento de los demás.

3º error: Anclarnos en el papel de víctima

Quizás no somos responsables de lo que nos ha sucedido, pero sí de cómo nos sentimos al respecto. Si nos aferramos a culpabilizar a la otra persona de lo que nos pasa y de como nos sentimos, nos anclamos en el papel de víctima y desde ahí es muy difícil perdonar. De nosotros depende trasformar las experiencias negativas en una oportunidad para aprender y crecer y especialmente cuidarnos para que no resulte fácil volver a dañarnos.

4º error: Perdonar solo de palabra.

Aunque pueda parecer una obviedad, el primer paso para perdonar es querer hacerlo de corazón. No se perdona únicamente con las palabras, también hay que estar dispuesto a pasar página. Perdonar tiene una parte racional, pero también tiene una enorme carga emocional. Como coloquialmente se suele decir, hay que perdonar con el corazón.

5º error: Olvidarnos que todos cometemos errores.

Cuando hablamos de perdonar, solemos pensar en los demás y olvidamos que nadie es perfecto y que nosotros también podemos cometer errores, por ello es importante comprender que la acción de perdonar muchas veces debe empezar en nosotros mismos. Mantener un elevado nivel de autoexigencia puede generarnos sentimientos de frustración, ansiedad o enfado con nosotros mismos. No se trata de ser condescendientes con nosotros mismos, sino de no machacarnos cuando fallamos o algo no nos sale bien y dedicar esa energía para poner remedio a lo que hemos hecho y si no lo tiene, pensar en qué podemos hacer para evitar ese error en el futuro.

Nada libera tanto como perdonar. (Ray A. Davis)

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