La Teoría del Espejo

¿Has oído hablar de la teoría del Espejo?
Sin duda es uno de los recursos más utilizados en crecimiento personal, tanto por lo útil que resulta para conocernos a nosotros mismos como para comprender mejor determinados comportamientos de las personas que nos rodean.

Esta teoría surge a mediados del siglo XX de la mano del psicoanalista y psiquiatra francés Jacques Marie Émile Lacan,  tras estudiar el desarrollo psicológico de los niños entre los seis y los diecioso meses. Muy simplificadamente, la teoría del espejo nos viene a decir que aquello que nos disgusta o nos agrada de otra persona en verdad no es otra cosa que un reflejo de nosotros mismos.

Es más fácil ver la paja en el ojo ajeno que la viga en el propio.

Seguro que esta frase popular no te resulta desconocida. Su significado tiene mucho que ver con la teoría del espejo. Todos tenemos un lado oscuro, fantasmas internos, déficits o defectos…reconocer nuestras carencias, aquello que forma parte de nuestra área de mejora, no es difícil pero sí resulta tremendamente desagradable porque enfrentarse a ello duele y molesta…a nadie le gusta hondear en las propias miserias. Por ello, nos es mucho más fácil mirar para otro lado e ignorar todo aquello de nosotros mismos que nos molesta. Pero que no lo veamos no significa que no esté. Por ello, cuando nos relacionamos con alguien con carencias similares, éstas nos molestan porque en realidad están actuando como un espejo de nosotros mismos. De la misma manera, en muchas ocasiones, cuando atribuimos cualidades y bondades a otra persona, en realidad, lo que estamos haciendo es proyectar en ella, esas cualidades y bondades que ya están presentes en nosotros.

Como dijo el filósofo Kant:

“Vemos las cosas, no como son, sino como somos nosotros”.

 

Aplicación de la teoría del espejo en uno mismo
Afrontar el día a día teniendo en cuenta la teoría del espejo nos puede ayudar a plantearnos cosas que quizás hasta el momento no nos hayamos planteado. Lo que nos pasa en la vida muchas veces es un reflejo de lo que  pasa en nuestro interior.
Por ejemplo, una persona que de forma reiterada tiene parejas que no la valoran puede pensar que tiene mala suerte en el amor. Sin embargo si aplica esta teoría puede llegar a darse cuenta que en realidad, estas parejas que siguen un patrón, son un reflejo de su baja autoestima y su dificultad para poner límites.

Aplicar la teoría del espejo en nosotros mismos no se tiene que hacer siempre. Solamente en aquellos casos en que el comportamiento de la otra persona nos genere un auténtico malestar. Así, por ejemplo, si una persona es presumida, puede ser que su comportamiento no nos guste pero no nos genere malestar, en ese caso, no tiene razón de ser aplicar la teoría del espejo, pero sí tendría sentido reflexionar sobre ello, en el caso que ese comportamiento nos disgustase o nos resultara incomodo.

Aplicación de la teoría del espejo con los demás
Todos nosotros en algún momento u otro hemos conocido a alguien, por poner un ejemplo, vanidoso, ostentoso, al que le gusta alardear sin venir a cuento de títulos, cargos o posesiones. Normalmente estas personas suelen resultar antipáticas y ser objeto de crítica.

La teoría del espejo no juzga, no cuestiona, simplemente nos invita a plantearnos qué necesidad hay detrás de esa forma de comportarse, qué carencias o motivaciones internas impulsan a esa persona a actuar de ese modo concreto. De esta manera, podemos llegar a ver a la otra persona desde otro punto de vista, lo que sin duda cambiará la vivencia que tengamos al relacionarnos con ella.

Ahora que ya conoces un poquito más en qué consiste esta teoría, te invito a que sigas explorando sobre ella y que te animes a ponerla en práctica para tomar conciencia de lo que hay detrás de ciertos comportamientos que te generan conflicto….a partir de ahí, solo tú decides si continuas actuando de la misma manera o si te animas a cambiar poco a poco esa actitud, para llegar a ser la mejor versión de ti mismo.

Hay dos maneras de difundir luz…ser la lámpara que la emite o ser el espejo que la refleja.(Edith Wharton)

 

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Il dolce far niente

 

Empezamos el mes de agosto, el mes por excelencia para hacer vacaciones. Durante esta época del año somos muchas las personas que hacemos un alto en la rutina diaria y dedicamos unos días para hacer una de las cosas que más deseamos: VACACIONES

Si eres de las personas que te propones hacer en vacaciones muchas de esas cosas que durante el resto del año no puedes hacer por falta de tiempo, te recomiendo que incluyas en tu lista practicar Il doce far niente.

Los italianos utilizan la expresión Il dolce piacere di non fare niente, para hacer referencia a la agradable ociosidad de no hacer NADA. Parece fácil ¿verdad? Pues te aseguro que llevarlo a la práctica no lo es tanto.

El ritmo de vida que llevamos  nos empuja a la actividad constante y hace que nos resulte muy difícil no estar activos. Pero no solo nuestro cuerpo se acostumbra a seguir unos horarios, unas rutinas y unos hábitos, nuestra mente también es víctima de este modelo de sociedad en el que el valor o el éxito de una persona se mide por lo ocupada se tenga la agenda. Por eso muchas personas asocian no hacer nada con desaprovechar el tiempo y de ahí que la culpabilidad sea una de las emociones más frecuentes cuando se empiezan las vacaciones sin haber hecho ningún plan.

Menos hacer y  más ser.

Otro de los motivos que nos empuja a llenar todo el tiempo libre es la falta de costumbre de estar con nosotros mismos.  Cuando bajamos la actividad y reducimos los estímulos externos, inevitablemente nos hacemos más conscientes de todo nuestro dialogo interior.

El ritmo estresante del día a día actúa como nube de humo que nos impide prestar atención a lo que interiormente sentimos, pero cuando estamos en quietud nos volvemos espectadores de nuestra propia vida y le damos volumen a todo aquello que durante el resto del año tenemos en nuestro interior silenciado…no es de extrañar que después de las vacaciones muchas personas decidan dar un giro a su vida, cambiar de trabajo o incluso romper con la pareja.

Hay muchas formas de practicar Il dolce fare niente. La cuestión es que cada una encuentre la suya para disfrutar de los pequeños momentos que la vida nos brinda. Algunas sugerencias que te pueden ayudar son:

  • Practica el aquí y el ahora. La mente tiende a anticiparse al futuro o recrearse en el pasado. A través de la respiración consciente o simplemente observando con atención y sin juzgar lo que te rodea conseguirás centrar tu mente en el presente.
  • Evita estar 100% conectado. Las vacaciones son el momento idóneo para atajar el tecnoestrés y poner límites al síndrome del chequeo constante de mensajes.
  • Practica las 3 D: descansar, desconectar y disfrutar.
  • Recuerda que…

La vida es demasiado valiosa como para pasársela haciendo otras cosas.