¿Eres resiliente? 10 sugerencias para conseguirlo

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Mira esta imagen durante unos instantes. ¿Qué ves?

¿Un punto negro?, ¿un agujero?, ¿quizás un lunar?, son muchas las personas que ante esta imagen es eso  lo que ven, y aunque la respuesta es cierta, es incompleta: además del punto negro, del agujero o del lunar, también hay una amplia superficie blanca que lo rodea. El matiz puede parecer poco trascendente, pero en realidad sí lo es, porque marca claramente la visión que tenemos ante un problema, incluso ante la vida misma.

En  ocasiones la vida nos plantea situaciones difíciles que captan toda nuestra atención:  una enfermedad, un desengaño amoroso, la pérdida de un ser querido, un sueño no cumplido, la pérdida del trabajo, una oportunidad desaprovechada…montones de puntos negros, agujeros o lunares que nos pueden llevar al límite y hacernos cuestionar si realmente tenemos la fuerza necesaria para continuar. En esos momentos, más que en ningún otro, ser capaces también de ver la superficie blanca marca la diferencia.

“Ante una situación difícil tú decides: ser parte del problema o ser parte de la solución”

Poder ver las cosas positivas, incluso en la adversidad, es la clave entre dejarnos vencer y sentirnos fracasados o sobreponernos y salir fortalecidos. Se dice que una persona es resiliente cuando opta por la segunda opción.

¿Qué es la resiliencia?
Existen muchas definiciones, a mí la que más me gusta es la que  la describe como la capacidad de adaptarse a las circunstancias afrontando las dificultades y lo que es más importante, salir reforzado de ellas.

No se trata de negar el dolor, ignorar las emociones, ni de  volverse una persona dura e insensible. Ser resiliente tampoco consiste en instalarse en un mundo de rosas, llevando el optimismo hasta el extremo de no tener consciencia de la realidad.

La resiliencia es pues, la conciencia del malestar emocional que nos genera una situación que nos daña y sacar la fuerza necesaria para seguir adelante, sin perder el timón de nuestra propia vida.

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¿Cómo ser más resiliente?
Al igual que sucede con muchas competencias emocionales, la resiliencia no es un don con el que se nace. Todos podemos desarrollar nuestra propia resiliencia.

“La persona resiliente no nace, se hace”.

Aquí tienes 10 sugerencias que te pueden ayudar a conseguirlo:

1.- No pongas todos tus huevos en la misma cesta: focalizar todas nuestras ilusiones y energía en un solo aspecto de la vida (el trabajo, la  pareja, un proyecto…), nos hace más vulnerables, si por el motivo que sea éste falla.

2.- Selecciona tu compañía: tener una amplia red social es muy buen apoyo, especialmente en los momentos difíciles, pero no cualquier compañía resulta beneficiosa. Las personas pesimistas y que viven en la queja constante pueden convertirse en vampiros emocionales.

3.- Desarrolla tu autoconocimiento: conocer tus fortalezas y tus habilidades, tus limitaciones y tus defectos, te permitirán afrontar las dificultades con más objetividad y te permitirá buscar las alternativas con más probabilidad de éxito.

4.- Busca siempre el lado positivo de las cosas:  si eres capaz de ver más allá de lo que te duele o te desmotiva, incluso de las situaciones de crisis puedes extraer algo positivo, y si no lo encuentras, en el peor de los casos, al menos la experiencia te servirá  para el futuro: ¿qué estoy aprendiendo de esto que estoy viviendo?.
Cuando el dolor viene por la pérdida de un ser querido, agradecer el tiempo compartido puede ser una ayuda y  a la vez nos puede servir para aprovechar mejor las relaciones presentes.

5.- Vive en el aquí y el ahora: vivir pensando en el pasado puede ser, según el caso, una fuente de nostalgia, victimismo o culpabilidad. Situarse en el futuro nos provoca incertidumbre y expectativas. Vivir en el presente, disfrutando de los pequeños detalles te hará tomar conciencia de todo lo bueno que nos rodea pese a no darnos cuenta.

6.- Agradece: antes de irte a dormir da gracias por todo lo bueno que te ha sucedido durante el día. A poco que te pares a pensar te darás cuenta de la cantidad de cosas positivas que están ahí, en tu vida.

7.-Desarrolla tu creatividad: difícilmente obtendrás resultados distintos si siempre actúas del mismo modo. Si quieres cambiar una situación lo mejor es pensar que variedad de cosas puedes hacer para conseguirlo.

8.- No pretendas controlarlo todo: está bien tomar las riendas de nuestra vida, pero por más que lo queramos, no todo puede estar bajo nuestro control. Aceptar cierto grado de incertidumbre nos da flexibilidad y reduce la ansiedad y el estrés. Por ello, pon más empeño en el objetivo a alcanzar que en controlar todos los pasos que debes dar par alcanzarlo.

9.- Pide ayuda: si pasas por un momento delicado y crees que lo necesitas, pide ayuda en tu entorno  y/o acude a un buen profesional. La mayor debilidad que tenemos es no reconocer que en determinados momentos podemos serlo.

10.- No dejes nunca de sonreír: en determinadas adversidades, tener sentido del humor puede ser la palanca que nos ayude a dar la vuelta a la situación y  a seguir adelante.

¿ Cómo desarrollar la resiliencia en los más pequeños?

Martin Seligman, uno de los impulsores más importantes de la psicología positiva señaló en una de sus intervenciones que pese a la mejora en el nivel de vida  experimentada en la sociedad americana en las últimas décadas, existe un elevado porcentaje de jóvenes que sufren depresión.

Como padres nos preocupamos por el bienestar de nuestros hijos: buenos alimentos, buena educación, cuidado de la salud, ocio…sin embargo no siempre los preparamos para afrontar la frustración. Desarrollar la resiliencia desde bien pequeño contribuye a tener adultos menos insatisfechos, con más potencial de aprendizaje, más saludables y con mejor autoestima. Para  desarrollar su resiliencia ten presente  estas reflexiones en tu día a día:

1.- No siempre podremos evitar que se caigan, pero sí podemos enseñarles a que se levanten. Una cosa es proteger y otra bien distinta sobreproteger. Confía en ellos.

2.- Ponle nombre a sus emociones. La tristeza, la rabia, el miedo…son emociones que no siempre son fáciles de identificar. Dialogar con ellos, ayudarles a poner nombre a lo que sienten mejorará su autoconocimiento.

3.- ¿Qué puedes aprender de esto?. Muchas veces cuando nuestros hijos nos explican un problema o una mala experiencia, nuestra tendencia es darles una solución e forma rápida. Preguntarles qué es lo que ellos piensan y qué pueden aprender de ello para otra vez, resulta mucho más efectivo.

4.- Tú eres su espejo. Lo que haces dice mucho de ti. Tu forma de afrontar las adversidades será el modelo de referencia de tus hijos.

“No sobreviven las especies más fuertes, sino aquellas que son capaces
de
adaptarse mejor a los cambios”.
(Charles Darwin).

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¿Eres de los que dejas para mañana lo que puedes hacer hoy? Deja de procastinar.

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“Trabajo hecho, no corre prisa.”
“A quién madruga Dios le ayuda”
“No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy”

Todos conocemos frases y refranes sobre la importancia de optimizar el uso del tiempo. A pesar de ello  todos, en algún  momento  u otro, nos hemos dedicado a tareas diferentes de las que inicialmente nos habíamos propuesto. En otras palabras, en algunas ocasiones procastinamos.

¿Cuántas noches antes de acostarte te has propuesto que al día siguiente madrugarías para ir al gimnasio y cuando suena el despertador, lo has apagado y has seguido durmiendo con la falsa promesa de “sólo 5 minutitos más”?.

¿Cuántas veces has empezado a ordenar el escritorio, limpiar la habitación o cualquier otra cosa, con tal de no ponerte a estudiar para un examen?

¿Quién no se ha conectado  alguna vez a Internet para buscar una información puntual y concreta y ha acabado navegando por páginas que no tenían nada que ver con lo que estabas buscando?.

¿Y que me dices de ese informe que lleva días en tu mesa esperando a que hagas una determinada gestión que no acabas de hacer porque “casualmente” acabas haciendo antes otras muchas cosas?

La procastinación, (dejar de hacer aquello que crees que tienes que hacer, por hacer otras cosas distintas) si se hace de forma puntual y aislada no supone mayor problema. La dificultad deriva de hacer de la procastinación un hábito, porque es obvio que si de forma frecuente  no nos dedicamos a hacer aquello que necesitamos o que nos conviene hacer, tarde o temprano  estaremos en aprietos o, por lo menos, bastante lejos de nuestros objetivos y en ambos casos el resultado es el mismo: nos sentimos mal.

Sin embargo, ese malestar no nos sirve de mucho y al cabo de unos cuantos días es muy probable que si eres una persona con tendencia a la procastinación, te acabe sucediendo lo mismo, una vez más.procrastinar2

El post de esta semana va destinado a compartir contigo  algunos trucos para combatir la procastinación. En realidad hay bastantes técnicas que pueden ayudarte a ser constante y firme en tus intenciones, para no acabar haciendo aquello en el realidad no deseas. Se trata pues, que elijas aquellas que más se adapten a ti.

No obstante, independientemente de por cual decidas empezar, siempre hay un primer paso que tienes hacer hacer sí o sí para vencer la inercia a la procastinación. Es algo tan sencillo y a la vez tan complicado como ser sincero con uno mismo al responder a la pregunta: ¿Por qué no lo estoy haciendo?

Muchas veces  postergamos hacer algo, sencillamente porque estamos huyendo de eso, de lo que significa o de lo que nos supone.  En otras ocasiones, la emoción que se oculta tras la procastinación es el miedo: miedo a fallar, a no hacerlo bien, a no cumplir expectativas propias o de terceros…

Muchas veces, la procastinación encuentra su origen en el sencillo hecho que se trata de temas que, en realidad, nos han sido impuestos y que hemos acabado asumiendo como temas nuestros a hacer por no saber decir un “no” a tiempo.

Sea cual sea tu caso,  el saber qué emoción motiva tu comportamiento, te ayudará a entenderte y a encontrar más fácilmente una solución.

Aun así, hay muchas otras herramientas que pueden ayudarte. Algunas de ellas son:

1.-Utiliza la Regla de los Dos Minutos. Esta regla viene a decir algo así como que si estás planificando una acción que se puede hacer en menos de dos minutos, no la planifiques; simplemente hazla.

2.-Escribe en una lista las tareas que deseas hacer y comprométete a hacerlas dentro de un plazo. Anota también todas aquellas cosas que acabas haciendo  y que no habías previsto. Luego dedícale atención  a identificar qué cosas te están “robando” el tiempo ( mirar el móvil, responder whatsApps, consultar los correos,  picar algo de comer entre horas…)

3.-Fragmenta las tareas duras o difíciles. Un buen truco consiste en dividir en minitareas una tarea más compleja y plantearte hacer de una en una.  Muchas veces cuando nos planteamos hacer solo una parte, al final acabamos haciendo todas las demás, porque lo que sucede es que cuando llegas a conectar con la tarea que estás haciendo, el freno mental desaparece y coges inercia para finalizarla.

4.-Consolida rutinas. Aunque las rutinas no son siempre deseables, lo cierto es que interioritzar  hábitos y  rutinas nos puede ayudar a incorporar  determinados comportamientos en nuestro día a día.

5.-Toma decisiones. Muchas veces las tareas quedan pendientes simplemente porque no te apetece tomar una decisión.

6.- Pon en práctica decir “no”. Muchas de las tareas que acabamos posponiendo se deben a que en realidad  son compromisos que hemos asumido por no saber negarnos a tiempo.

7.- Busca tu mejor momento. Hay gente que prefiere madrugar y empezar el día haciendo cosas, otras personas tienen más energía y vitalidad por la tarde o por la noche. Conócete a ti mismo y aprovéchate de ello.

8.-Recompénsate. La idea de celebrar los logros es algo recurrente en este blog. Cuando termines esa tarea que se resiste, premiate con algo que realmente te compense. No es necesario que siempre sea algo material, puedes  optar por un baño relajante, un paseo por el parque, un ratito para escuchar música o cualquier otra actividad que te produzca bienestar.

Y recuerda:

“Aplazar una cosa fácil, hace que sea difícil. Aplazar una cosa difícil hace que sea imposible”. (Goerge Claude Lorimer).

Si te apetece profundizar un poco más, te recomiendo que escuches  a Tim Urban en esta divertida charla TED. (para acceder al vídeo pulsa aquí )