El dilema de Wendy: la otra cara de la moneda

dilema de wendy

En el post anterior hablé del Síndrome de Peter Pan, en alusión al trastorno descrito por el psicólogo norteamericano Dan Keley para referirse a las personas que  han quedado ancladas en su infancia y que evitan  cualquier tipo de rol adulto. Algo que, sin duda alguna, acaba afectando tanto al propio desarrollo personal como  a las posibles  relaciones con otras personas.

Pero ese no es el único trastorno que alude a personajes del cuento. El mismo Dan Keley, se inspiró en el personaje de Wendy para describir otro tipo de desorden: el síndrome de Wendy (o el dilema de Wendy, aludiendo al título del libro que él mismo escribió para explicarlo).

CARACTERÍSTICAS

Al igual que la Wendy del cuento, las personas que sufren este trastorno suelen ejercer un papel de cuidadoras de  las personas de su entorno, hasta el punto de acabar asumiendo en muchas ocasiones, la responsabilidad de todo, incluso de aquello que no es de su responsabilidad.

Aunque el Síndrome de Wendy también puede darse en hombres, mayormente lo sufren las mujeres y se caracteriza por una necesidad absoluta de satisfacer a los otros, de sentirse imprescindible y de proteger y cuidar a los demás.

Pero lo que a priori puede parecer una demostración de afecto y cariño, en realidad se trata de amor mal entendido, consecuencia de la propia inseguridad provocada por una baja autoestima.

El temor, a menudo inconsciente, al rechazo, a la soledad o al abandono, deriva en evitar el conflicto, en una sobreprotección de los demás y en acabar ejerciendo de madre/padre en todas las relaciones. La insatisfacción derivada de no tener metas y objetivos propios lleva, además, a intentar suplir ese vacío volcándose en atender y cuidar a los demás para sentirse útiles.

Pero a diferencia de lo que pasa con el Síndrome de Peter Pan, el Síndrome de Wendy  resulta más complejo de detectar porque socialmente durante muchas generaciones se ha reforzado ese  tipo de comportamiento en las mujeres. Aunque cada vez menos, aun hoy en día nuestra sociedad sigue atribuyendo a las mujeres el  rol de madre cuidadora y protectora que por amor se entrega con resignación y sacrificio a los demás.

CAUSAS

Una vez más la infancia juega un papel fundamental en la salud emocional de las personas. Aunque no es ni mucho menos la causa única que determina nuestro nivel de autoestima,  lo cierto es que lo que vivimos durante los primeros años de vida  establece los cimientos sobre los cuales vamos construyendo nuestra personalidad.

La personas con el síndrome de Wendy pueden haberse visto obligadas a madurar antes de tiempo y a asumir responsabilidades desde temprana edad. También se ha dado el caso de personas que siendo niños se sintieron desprotegidos y para compensar esas necesidades, de adultos intentan evitar a los demás sus propias carencias internas.

CONSECUENCIAS

Al igual que sucede en el cuento entre Peter Pan y Wendy,  en muchas ocasiones, en la vida real ambos síndromes se retroalimentan, tanto en las relaciones de pareja como en las filiales: normalmente detrás de un hijo “Peter Pan” hay unos padres “Wendy”.

ATENCIÓN

Darse cuenta que  hay un problema ya nos acerca a la solución. Pero tomar conciencia, aunque es imprescindible, por si solo no es suficiente. Cualquier cambio requiere acción y esa acción no puede ser puntual o esporádica sino que debe integrarse en el día a día, como una rutina o un hábito. Por ello, lo ideal siempre es empezar por pequeñas cosas, a poder ser concretas, tangibles, precisas.

En el caso de las personas sobreprotectoras, lo que resulta muy útil es darse cuenta que querer a alguien implica confianza en la otra persona y en sus capacidades, por ello aprender a delegar es una muestra de confianza, respeto y amor.

También puede resultar muy útil practicar el decir “no” cuando se quiere decir “no” y decir “sí” cuando se quiere decir “sí”, hasta llegar al punto de poder hacerlo sin sentimientos de culpa ni remordimientos.

El desarrollo de las habilidades para saber gestionar los conflictos en vez de evitarlos o negarlos también puede ser de gran utilidad. Y, por supuesto, el acompañamiento  de un buen profesional siempre puede facilitarnos nuestro camino de crecimiento personal y mejora continua.

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