Síndrome de Peter Pan: atrapados en la infancia

imagen sindrome peter pan

¿Recuerdas el cuento de Peter Pan y el Capitán Garfio?, en realidad la historia de Peter Pan nació como una obra de teatro escrita del puño del escritor escocés James Mattew Barrie y que se  estrenó en Londres a principios del siglo XX .

La historia, muy resumida, cuenta las aventuras de Peter Pan, un niño que nunca crece y que odia el mundo de los adultos. Siempre va acompañado de su hada (Campanilla), y el polvo de hada que ésta desprende hace que Peter Pan tenga la capacidad de volar libremente . A lo largo de la historia se cuentan  infinidad de aventuras que suceden en el País de Nunca Jamás,  una isla poblada por piratas, indios, hadas y sirenas, en la que Peter Pan vive junto a sus amigos, los Niños Perdidos.

Pero el nombre de Peter Pan va mucho más allá de ser un mero personaje literario. Al psicólogo norteamericano Dan Keley le sirvió de inspiración en los años 80 para dar nombre a un trastorno psicológico: Síndrome de Peter Pan.

Desde entonces  se utiliza este nombre para hacer referencia a esas personas que no saben o no quieren aceptar las responsabilidades asociadas a la edad adulta. Personas que han quedado ancladas en su infancia evitando cualquier tipo de rol adulto, lo que sin duda acaba afectando tanto al propio desarrollo personal, como  a las posibles  relaciones con otras personas.

El síndrome de Peter Pan es más frecuente en hombres que en mujeres, aun así no puede afirmarse que se trate de un síndrome exclusivamente masculino.

CARACTERÍSTICAS

Bajo una apariencia jovial, divertida, seductora e independiente, se oculta una fuerte necesidad de  atención  de otras personas a las que se consideran “más fuertes” y de las que se acaba generando una fuerte dependencia. Paradójicamente, también se produce la incapacidad de comprometerse, de generar estabilidad y confianza.

Las personas que padecen este síndrome se caracterizan, además, por tener una baja autoestima, lo que produce una gran dificultad para encajar las frustraciones y una sensación de insatisfacción vital, pese a los muchos logros que puedan conseguir.

La idealización de la juventud les lleva a no aceptar el paso del tiempo y el envejecimiento propio de la edad, por lo que el culto al cuerpo y a la imagen externa se convierte en una prioridad.

CAUSAS

Aunque no existe un único factor que explique la aparición del Síndrome de Peter Pan, lo cierto es que las vivencias de la infancia juegan un papel importante. La falta de límites, un exceso de permisividad y una fuerte sobreprotección, pueden contribuir a esa idealización de la infancia.

En el otro extremo, infancias muy duras con evidentes faltas de atención y cariño, también pueden provocar un deseo de recuperar en la edad adulta el tiempo perdido durante los primeros años de vida.

Pero las causas no siempre se encuentran en el exterior. Existen determinados rasgos de personalidad, como la tendencia a la evitación o la dependencia emocional, que también favorecen a la aparición de este síndrome.

CONSECUENCIAS

Aunque Peter Pan pudiera vivir en un mundo de fantasía, las personas vivimos en un mundo real. Por ello, quienes padecen el síndrome de Peter Pan experimentan importantes alteraciones emocionales y de conducta: ansiedad, angustia, tristeza e  insatisfacción son sólo algunas de las emociones más frecuentes en estas personas.

En cuanto a sus relaciones, aunque puedan ser muy numerosas, éstas son superficiales e inestables, especialmente con las parejas, con quienes les cuesta crear vínculos de compromiso.

PREVENCIÓN

Todos los padres y madres deseamos lo mejor para nuestros hijos, no obstante ello que quiere decir que evitar las responsabilidades propias de cada edad sea positivo para ellos. Justo al contrario, ayudándolos a afrontar retos asumibles y acompañándolos en la aceptación de las responsabilidades propias de cada edad, se refuerza la autoestima y la autonomía.

Parece pues, que la prevención más efectiva es aquella que basa la educación de los más pequeños de la casa en el amor y el afecto con unas pautas de conducta y valores claros y definidos.

ATENCIÓN

Asumir que se tiene un problema es, sin duda, el primer paso para empezar a solucionarlo. La terapia con un buen profesional puede facilitar el proceso de asumir responsabilidades cotidianas, la toma de decisiones y la resolución de problemas.

Cambiar la forma de interpretar la realidad,  substituyendo poco a poco el victimismo y la queja constante por la propuesta activa de soluciones y alternativas, requiere todo un proceso de entrenamiento y constancia, pero que poco a poco ayuda a aumentar la autoestima, la aceptación y la tolerancia a la frustración.

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El elefante encadenado

“Cuando yo era chico me encantaban los circos, y lo que más me gustaba de los circos eran los animales. También a mí como a otros, después me enteré, me llamaba la atención el elefante.

Durante la función, la enorme bestia hacía despliegue de peso, tamaño y fuerza descomunal… pero después de su actuación y hasta un rato antes de volver al escenario, el elefante quedaba sujeto solamente por una cadena que aprisionaba una de sus patas a una pequeña estaca clavada en el suelo. Sin embargo, la estaca era sólo un minúsculo pedazo de madera apenas enterrado unos centímetros en la tierra. Y aunque la cadena era gruesa y poderosa me parecía obvio que ese animal capaz de arrancar un árbol de cuajo con su propia fuerza, podría, con facilidad, arrancar la estaca y huir. El misterio es evidente: ¿Qué lo mantiene entonces? ¿Por qué no huye?

Cuando tenía cinco o seis años, yo todavía confiaba en la sabiduría de los grandes. Pregunté entonces a algún maestro, a algún padre, o a alguna tía por el misterio del elefante. Alguno de ellos me explicó que el elefante no se escapaba porque estaba amaestrado. — Hice entonces la pregunta obvia: — Si está amaestrado ¿por qué lo encadenan? No recuerdo haber recibido ninguna respuesta coherente.

Con el tiempo me olvidé del misterio del elefante y la estaca… y sólo lo recordaba cuando me encontraba con otros que también se habían hecho la misma pregunta. Hace algunos años descubrí que por suerte para mí alguien había sido lo bastante sabio como para encontrar la respuesta: El elefante del circo no escapa porque ha estado atado a una estaca parecida desde que era muy, muy pequeño.

Cerré los ojos y me imaginé al pequeño recién nacido sujeto a la estaca. Estoy seguro de que en aquel momento el elefantito empujó, tiró y sudó tratando de soltarse. Y a pesar de todo su esfuerzo no pudo. La estaca era ciertamente muy fuerte para él. Juraría que se durmió agotado y que al día siguiente volvió a probar, y también al otro y al que le seguía… Hasta que un día, un terrible día para su historia, el animal aceptó su impotencia y se resignó a su destino.

Este elefante enorme y poderoso, que vemos en el circo, no escapa porque cree –pobre— que NO PUEDE. Él tiene registro y recuerdo de su impotencia, de aquella impotencia que sintió poco después de nacer. Y lo peor es que jamás se ha vuelto a cuestionar seriamente ese registro. Jamás… jamás… intentó poner a prueba su fuerza otra vez…”

El Elefante encadenado
En el libro Déjame que te cuente, de Jorge Bucay

Todos y cada uno de nosotros tenemos algo de ese elefante y continuamos atados a estacas imaginarias que sabemos que nos limitan, nos incomodan, nos condicionan y aun así no hacemos nada por liberarnos, pues la creencia del “no puedo, no soy capaz” es más fuerte y nos cohíbe e inhibe de cualquier intento.

Las creencias tienen una importante función en nuestro día a día. Nuestro cerebro funciona en base a estas ideas que vamos interiorizando y que , en definitiva, acaban configurando el mapa que utilizamos para entender e interpretar la realidad y movernos por la vida, de ahí que cada persona vea una misma realidad de modo distinto.

El problema no es pues, tener creencias, sino la naturaleza de ellas, esto es: si estas creencias nos ayudan a vivir mejor y nos aportan bienestar o, por el contrario, nos limitan y nos producen malestar.

Lo interesante de todo esto es que si sabemos que nuestras creencias condicionan nuestros pensamientos y nuestro comportamiento en la vida, podemos afirmar que para cambiar un pensamiento o un comportamiento, tenemos que empezar por modificar la creencia que los motiva. En este punto es donde surge la pregunta del millón: ¿cómo?.

La PNL (Programación Neurolingüística) es una de las herramientas fundamentales que utiliza coaching. La PNL hace posible una metodología de aprendizaje basada en la comunicación, que facilita los cambios y la eliminación de barreras limitadoras, desarrollando nuevos recursos para que las personas lleguen a alcanzar los objetivos que se propongan.

Algunas de las herramientas que utiliza la PNL para trabajar valores, creencias y motivación, son los ejercicios de visualización, los anclajes, las afirmaciones positivas y las palabras clave. En este post y basándome en la PNL, te ofezco algunas herramientas para cambiar tus creencias limitadoras.

¿CÓMO MODIFICAR CREENCIAS LIMITADORAS?

PASO 1: DATE CUENTA
Se trata de eso, de pillar infraganti a tu cerebro para detectar qué creencias tienes. ¿Eres de los que te expresas utilizando palabras como: creo que….confío en que… nada me sale bien…, todo me pasa a mi…me gustaría pero no puedo… yo soy así y no puedo cambiar…Tu forma de expresarte puede ponerte en la pista. Entonces hazte las preguntas: ¿realmente TODO, sin excepción, es como dices?, ¿realmente NADA puede ser diferente?.

PASO 2: BUSCA
Consiste en recordar cómo ese pensamiento ha llegado hasta ahí. Es decir ¿por qué crees eso?, ¿qué te hace pensar que todo te pasa a ti, que nada te sale bien, que no puedes aunque quisieras?, las respuestas pueden venirte de diferentes fuentes: porque te ha pasado otras veces, porque alguien importante para ti te lo ha dicho, porque tus valores así te lo indican…es interesante cuestionarse la fuente: ¿sólo porque lo diga esa persona es cierto? ¿que te haya salido mal algunas veces quiere decir que estadísticamente el 100% de los casos te va a salir mal?

PASO 3: CAMBIA LA CREENCIA
Para cambiar una creencia limitante por una creencia potenciadora tienes que escoger claramente que creencia negativa quieres cambiar. Una vez la tengas clara, piensa qué creencia positiva quieres poner en su lugar. En este punto responde a estas preguntas:

¿Cómo puede mejorar mi vida aplicando la creencia positiva?
¿Cómo podría empeorar mi vida por esa nueva creencia?
¿Qué es lo mejor que te puede pasar si continúas con la vieja creencia?
¿Qué es lo mejor que te puede pasar con la creencia positiva?

PASO 4: CONSOLIDA LA CREENCIA.
Consolidar la creencia es, un poco, como entrenar en el gimnasio, requiere repetición y constancia. Repetirte en voz alta la nueva creencia cada día o escribirla en un papel y tenerlo visible es una buena fórmula de reprogramar el cerebro.

Y ahora que ya has leído este post, ¿ya sabes de que estaca vas a liberarte? 😉