Autoconocimiento: atrévete a mirar detrás de la máscara

Observa durante unos instantes tu reflejo ante el espejo…¿ eres capaz de decir a quién ves?
Más allá de tu sexo, tu edad o el color de tu piel…más allá de la profesión que ocupes, de los roles que desempeñes, de tu estatus social y las muchas o pocas posesiones que tengas,  ¿quién es en realidad esa persona a la que ves?

Las personas somos como cebollas, para llegar al centro debemos despojarnos de las capas que nos envuelven.

La mayor parte de nuestro tiempo dirigimos nuestra mirada hacia el resto. Al cabo de los años podemos llegar a conocer muy bien a nuestra pareja, nuestros hijos, a amigos incluso a compañeros de trabajo…pero ¿llegamos a conocernos con la misma profundidad a nosotros mismos? La respuesta acostumbra a ser no.

Llegar a conocerse a sí mismo significa saber cuales son los valores, los deseos y las motivaciones reales que rigen nuestra vida, pero también ser conscientes de las creencias que nos condicionan y las debilidades que nos limitan, y explorar en esta dirección no siempre resulta ni fácil ni agradable. Entonces, ¿por qué es importante el autoconocimiento?

6 RAZONES PARA CONOCERSE A UNO MISMO

  1. Vas a vivir contigo el resto de tu vida. Muchas personas entrarán y saldrán de tu vida pero lo que es seguro es que tú siempre estarás contigo, así que si vas a vivir contigo el resto de tu vida, ¿qué mejor motivo para conocerte?
  2. Tomar tus propias decisiones. Si no te conoces a ti mismo, es más fácil que otros decidan por ti y que acabes viviendo una vida que responda a las expectativas  de los demás y no a las tuyas propias.
  3. Relativizar la opinión de los demás. Cuando no te conoces, la opinión de los demás sobre ti adquiere protagonismo porque a través de ella ocupas el vacío del desconocimiento. Si te conoces a ti mismo tu confianza se refuerza y lo que opinen los demás pierde peso.
  4. Aprovechar el tiempo. Si sabes quien eres te resultará más fácil saber lo que quieres y cuales son las prioridades de tu vida y, por lo tanto, en que cosas debes invertir realmente tu tiempo y cuales son esfuerzos innecesarios.
  5. Refuerza tu autoestima: No se puede amar aquello que no se conoce, por ese motivo las personas que no se conocen a sí mismas suelen tener problemas de autoestima y se valoran a sí mismas en función de la valoración que reciben de los demás, oscilando entre la sobreestimación y la infraestimación, según el caso.
  6. Mejora el bienestar. Conocerse a uno mismo es liberador porque nos ahorra el esfuerzo de ser alguien que no somos y nos permite romper con falsas ataduras.

En definitiva:

Conocerse a uno mismo, más que un buen propósito se convierte en una necesidad si realmente queremos llevar las riendas de nuestra propia vida.

MANERAS DE CONOCERSE MEJOR

Conocerse a uno mismo más que un destino es un viaje. Un viaje apasionante que dura toda la vida pues siempre tendremos cosas que descubrir y aspectos a mejorar. En  este viaje es importante hacerse dos preguntas:

  • ¿Quién soy?
    Para responder a esta pregunta te puede resultar de utilidad:

    1.  Identificar tus valores. Las personas somos el resultado de la genética pero también de la educación que hemos recibido y de las experiencias que hemos vivido. Identificar cuales son los valores que priorizas en tu vida te acercará a conocerte más.

    2. Observar cómo te comportas. Date cuenta de la manera en como te relacionas con los demás, en como reaccionas y cual es la intención positiva que hay tras ello. Si por ejemplo siempre quieres ayudar a los demás quizás pienses que eres una buena persona. Seguramente es cierto, pero también puede ser porque necesites sentirte querido por los demás. Indagar en cual es la intención positiva que hay detrás de nuestros comportamientos nos ayuda a conocernos mejor. Es muy importante que esta autoobservacion la hagas de forma neutra y sin juzgarte, desde la aceptación.

    3. Silencio. Si eres de los que enciendes la tele o la radio nada más llegar a casa, cambia de hábito. Conocerse a uno mismo requiere momentos de silencio y tranquilidad, lejos de estímulos externos como el móvil. Basta con regalarte 10 minutos al día para estar contigo a solas, ya sea paseando por el parque o tumbado en el sofá, lo importante es que no hagas nada que evite fluir tus pensamientos libremente y cuanto éstos aparezcan, no te quedes atrapado en ninguno de ellos, simplemente observa que pensamientos vienen a ti, a que le estas dando importancia y que te dices a ti mismo cuando piensas en ello.

    4. A través de las personas que nos rodean también podemos conocernos más. No tanto por lo que ellas digan de nosotros sino más bien por el reflejo de nosotros que vemos en ellas. Por ejemplo, cuando algo me molesta de alguien, ¿de qué me doy cuenta? ¿por qué me molesta? ¿a qué le estoy dando importancia para que eso me moleste?

    Todo lo que te molesta de otros seres es sólo una proyección de lo que no has resuelto de ti mismo” (Buda)

  • ¿Quién quiero ser?
    Conocerse a uno mismo no tiene sentido si no va acompañado de la voluntad de mejora. Resignarnos a ser como somos, aunque no nos guste, es mantenerse en la zona de confort y resignarse a no estar mejor, ni siquiera intentarlo.
    Si identificamos en alguien esa cualidad o comportamiento que nos gustaría desarrollar en nosotros podemos modelar, es decir, prestar atención a qué y cómo hace esa persona para conseguir ese resultado que nos gusta. Por ejemplo. Si nos gustaría hablar como determinada persona, podemos fijarnos en el tono de voz utiliza,  la gesticulación que acompaña a las palabras… no se trata de imitar a la persona sino de aprender de los demás aquello que nos gustaría desarrollar en nosotros.

    De todos los conocimientos posibles, el más sabio y útil es conocerse a sí mismo. (Shakespeare)

LA MOTIVACIÓN: el combustible necesario en tu día a día

¿Te has preguntado por qué algunas cosas te resultan sencillas de hacer y otras, te cuestan tanto? En la mayoría de las ocasiones la respuesta no está  en la complejidad de la tarea sino  en la motivación que tengas para hacerla.

Como decía Gandhi:

La fuerza no viene de la capacidad corporal, sino de la voluntad del alma.

En la motivación encontramos la energía y el empuje para llevar a cabo aquello que nos propongamos. En ella se encuentra el origen de la conducta humana: Todo cuanto hacemos, lo hacemos por algo.

Por ello, el interés por conocer qué es lo que motiva a las personas y qué motivación hay detrás de un determinado comportamiento traspasa el ámbito de la psicología y también interesa a otras disciplinas como el marketing, la docencia o la política, por poner sólo algunos ejemplos.

Tipos de motivación
Hay muchas teorías y clasificaciones de las motivaciones, entre ellas  la Pirámide de Maslow (1943), la teoría del factor dual de Herzberg (1959) o la teoría de las necesidades de McClelland (1961).

  •  Una primera clasificación estaría relacionada con su origen:
    -Los estímulos motivacionales provienen del exterior (por ejemplo, la promesa de una recompensa por hacer algo).
    -Los estímulos motivacionales son internos (por ejemplo salir a correr todas las mañanas, por el puro placer que se siente tras hacer deporte.
  • Las motivaciones también se pueden clasificar según el resultado esperado:
    -Hablamos de motivación positiva cuando la persona busca un resultado agradable, o recompensa.
    -Hablamos de  motivación negativa, cuando lo que se pretende es evitar una consecuencia desagradable (castigo, desprecio, frustración…)

Cuando hablamos de motivación, además, hay que tener en cuenta que pueden darse diferentes niveles o grados: Cuanto más valor le demos al resultado, más elevado será el nivel de motivaciónPor ejemplo, si voy al gimnasio por el placer que me produce practicar deporte con mis amigas, seguramente seré más constante y regular, que si no me gusta hacer ejercicio pero lo hago porque racionalmente sé que hacer ejercicio es saludable.

Refuerza tu motivación

En la mayoría de ocasiones, el camino al éxito se encuentra en la actitud.

El trabajo y la constancia son grandes aliados para alcanzar los objetivos, pero es la motivación la que verdaderamente actúa de motor de arranque y de combustible para seguir adelante. Por eso resulta fundamental que encuentres respuesta a estas dos preguntas:

  1. ¿Qué motivación hay detrás de tus actos?
    Para encontrar la respuesta  basta con tomar consciencia del para qué haces las cosas. La respuesta a ese “para qué” es una magnífica pista para identificar nuestras motivaciones.
  2. ¿Qué puedes hacer para mantener la motivación?
    Existen muchas técnicas de motivación, aquí comparto cuatro sugerencias que pueden ayudarte a ello:

    1. Piensa en positivo. Controla tu vocecilla interna y evita usar mensajes derrotistas del tipo “es imposible”, “nunca lo conseguiré”, “es demasiado difícil”. Pon tu atención en aquello que sí alcanzas y en aquello que puedes aprender de cada situación.Nuestros propios pensamientos pueden ser nuestros mejores aliados y también nuestros peores enemigos.
    2. Usa tu imaginación. Cada día, durante varios minutos concéntrate y dedícate a imaginar el resultado que deseas alcanzar. Cuantos más detalles mejor. Cierra los ojos y disfruta imaginando el éxito y satisfacción en aquello que te has propuesto. Lo que crees, creas!
    3. Pasa a la acción. La motivación es un potente motor de arranque, así que cuando sientas esa fuerza interna aprovéchala y pasa a la acción. No esperes a tenerlo todo organizado y controlado porque muchas veces, mucho análisis lleva a la parálisis.Por otro lado, conviene tener en cuenta que objetivos demasiado ambiciosos pueden abrumarnos y asfixiar la motivación en pocos días. Si te planteas pequeñas metas alcanzables a corto plazo, es más fácil alcanzarlas y la satisfacción de haberlo conseguido será combustible extra de motivación, lo que te impulsará a plantearte nuevas metas… alimentando así un círculo de retroalimentación motivacional.
    4. Conecta con tu esencia. Anteriormente diferenciaba entre motivación interna (o intrínseca) y motivación externa (o extrínseca). Cuando nuestra motivación es intrínseca depende de más de nosotros que de los demás , mientras que si es externa, está más condicionada por el entorno. Cuando conectamos con nuestra esencia y descubrimos que es lo que realmente nos gusta, estamos reforzando la motivación interna, la que depende de nosotros mismos y, en definitiva, la que nos hace llevar las riendas de nuestra propia vida.

David McCelland y su teoría de  motivación

El psicólogo americano David McClelland  estableció en 1961 que la motivación última de cualquier persona busca la satisfacción de una de estas tres necesidades: LOGRO, PODER, AFILIACIÓN.

Si nuestra motivación última es el logro, con frecuencia disfrutaremos con los retos, las tareas difíciles y los desafíos. Seremos personas que tenderemos a tener siempre proyectos en marcha.

Si nuestra motivación última es el poder, buscaremos el reconocimiento positivo de nuestro entorno y que nuestras aportaciones sean valoradas y tenidas en cuenta. Nos preocuparemos  por nuestro prestigio y por influir sobre las otras personas, incluso más que por los resultados obtenidos.

 

Si nuestra motivación parte de una necesidad de afiliación,  valoraremos las buenas relaciones, la armonía y  la compañía de los demás. Evitaremos el conflicto y aceptaremos las normas fácilmente, si con ello se mantiene                                                             la cohesión en el entorno.

 

Espero que después de leer este post, en los momentos de bajón, cuanto te falte motivación recuerdes que:

Que no te engañen: Superwoman y Superman no existen !

En la sociedad actual querer ser una “buena” madre o un “buen” padre se convierte en una profesión de riesgo si se pretende compaginar con una carrera profesional, practicar deporte, mantener las amistades  y además todo ello sin renunciar tener un hogar limpio y ordenado.

Los hijos nos cambian la vida y las prioridades y aunque su bienestar pasa a ser lo más importante, lo cierto es que no es lo único. Somos padres sí, pero no por ello dejamos de ser pareja, hijos, amigos… y lo que es más importante, personas con expectativas, ilusiones y sueños.

Aunque durante el día puedas desempeñar muchos roles distintos, el más importante es ser tú mismo.

Ya sea por necesidad económica o por deseo de realizar una carrera profesional, lo cierto es que cada día es más necesario conciliar la vida laboral y familiar, pero que no nos engañen: Superwoman y Superman no existen y los días sólo tienen 24 horas.

Muchas madres y padres acaban los días agotados. Un agotamiento que no es sólo físico, también es mental, fruto de la tensión y la presión a la que se está sometido cuando se quiere hacer todo y, además, se quiere hacer bien. Ahí empiezan las malas contestaciones, la irritabilidad, la insatisfacción, la frustración…

SÍNTOMAS DE UNA SUPERWOMAN O DE UN SUPERMAN.

▪ Necesitas tenerlo todo bajo control.
▪ Buscas la perfección en todo lo que haces.
“Tengo que” o “debería” forma parte de tu diálogo interno habitual.
▪ Tienes la sensación que el tiempo vuela y que tus obligaciones no se acaban
▪ Te sientes culpable cuando te regalas una tarde o una noche para ti
▪ Desde que te levantas hasta que te acuesta tienes la sensación de ir en «piloto automático»

Si tu respuesta ha sido afirmativa en más de dos ocasiones es hora de cambiar el “chip” y poner en práctica algunas ideas que te pueden ser de utilidad. Aquí van algunas de ellas:

  1. Rompe la creencia.
    Ser superwoman o Superman es imposible y lo que aun es mejor: tampoco es necesario serlo para ser feliz. Si eres de las personas que buscas la perfección en todo cuanto haces y/o  te  impones muchas tareas y obligaciones, haz la prueba y antes de hacer algo pregúntate: ¿y si no lo hago, que es lo peor que puede pasar? Te sorprenderá la cantidad de veces que la respuesta será ¡¡¡¡NADA GRAVE!!!!

A menudo nuestro peor enemigo solemos ser nosotros mismos.

2. Organízate la semana.
Sentir que tú controlas tu tiempo y que no es el tiempo el que te controla a ti, aumentará tu sensación de bienestar y de control sobre tu vida. Priorizar las cosas importantes, reservarles un hueco en la agenda o planificar las tareas repetitivas como “decidir el menú de las comidas”, puede ayudar a ahorrar tiempo y energía.

3. Acepta ayuda.
Todos necesitamos ayuda en algunos momentos. No aceptarla no es cuestión de no necesitarla, es cuestión de ego. Aunque en el entorno siempre podemos acabar encontrando a alguien que nos eche una mano, la principal ayuda muchas veces viene de los propios hijos: desde pequeños conviene enseñarles a asumir responsabilidades adaptadas a su edad. Con ello contribuyen al buen funcionamiento del hogar y lo más importante, les ayudamos a ser autónomos y reforzamos su autoestima. Recuerda…somos madres, padres, no sirvientes!!! a medida que crecen pueden hacer tareas como quitar y poner la mesa, hacer su cama, preparar su maleta del colegio, recoger sus juguetes… y si además les enseñas en forma de juego, puede resultar incluso divertido!!

4. Tiempo para ti.
Disponer de un ratito al día o a la semana para lo que quieras no es ni capricho ni egoísmo, es una necesidad. Un baño relajante, un café con los amigos, una clase de fitness o simplemente media hora para echar la siesta, puede representar una válvula de escape a toda la tensión acumulada. Si durante el día te resulta imposible encontrar ese espacio, una buena opción es levantarse 30’ antes y empezar el día dedicándose un tiempo a uno mismo.

Nuestras relaciones son  un reflejo de nuestro estado de bienestar. Si tú te sientes bien, tu relación con el entorno  estará bien. Si tú te sientes mal, tu relación con los demás, también se resentirá.

5. Adiós a la culpa.
En vez de pensar en lo que no  has hecho,  felicítate por las tareas que sí  has finalizado. De esta forma en tu cerebro segregarás dopamina, una de las principales hormonas del bienestar.

Cantidad no siempre es sinónimo de calidad: más vale vestir una camisa sin planchar y una sonrisa en la cara que ir de punta en blanco a costa de enfados y discusiones.

6. Aquí y ahora.
De nada sirve estar jugando con tus hijos, pensando en la lista de la compra o en el informe del trabajo que aún no has acabado. Ni mujeres ni hombres podemos hacer varias cosas a la vez, nuestro cerebro no es multitarea- Hacer varias cosas a la vez es posible simplemente porque reducidos la atención que prestamos a cada una de ellas.

Durante el día puedes ser  muchas personas distintas:  madre, padre, pareja, profesional, hermana, amiga, hija… pero lo más importante es que siempre eres tú.

 

Espero que después de leer este post, próxima vez que alguien te pida que seas una Superwoman o un Superman, tu respuesta sea tomarte una taza del mejor TÉ:

 

 

El poder de las palabras: “Los clavos en la puerta”.

Había una vez un niño que tenía muy mal genio. Todos los días se peleaba con los compañeros de colegio, con sus padres, con su hermano… un día,  su padre decidió hacerle un regalo. El niño, al ver el paquete, lo desenvolvió con gran curiosidad y quedó sorprendido al ver lo que contenía en su interior: una caja de clavos.

Al ver la cara de asombro del niño, el padre le pidió: “cada vez que pierdas el control, cada vez que contestes mal a alguien y discutas, clava un clavo en la puerta de tu habitación”.

El primer día, el niño clavó 37 clavos en la puerta. Con el paso del tiempo, el niño fue aprendiendo a controlar su rabia, pues le era más fácil controlar su temperamento que clavar los clavos en la puerta. Finalmente llegó el día en que el niño no perdió los estribos y no tuvo que clavar más clavos.

El padre orgulloso, le entregó al niño otro regalo. En esta ocasión, el paquete contenía unas tenazas. Ante el asombro del niño, el padre le sugirió que por cada día que pudiera controlar su genio, sacase un clavo de la puerta.

Los días transcurrieron y al cabo de un tiempo el niño logró quitar todos los clavos de la puerta. Conmovido por ello, el padre tomó a su hijo de la mano y lo llevó hasta la puerta, y con suma tranquilidad le dijo: “Has hecho bien,  pero mira los hoyos… la puerta nunca volverá a ser la misma. Cuando dices cosas con rabia, las palabras dejan una cicatriz igual que ésta”.

El niño comprendió la enseñanza de su padre y descubrió el poder de las palabras.

¿Quién no se ha discutido alguna vez con alguien?.
¿Quién no ha dicho en alguna ocasión algo de lo que después se ha arrepentido?.
Por mucho que se diga lo contrario, las  palabras no se las lleva el viento. Las heridas verbales pueden seguir sangrando incluso después de mucho tiempo y pueden llegar a ser tan dañinas como una herida física. Por ello es mejor un silencio a tiempo que una disculpa demasiado tarde.

La palabra que menos hiere es la que nunca se ha dicho.

En la mayoría de los casos, la emoción que se esconde tras palabras agresivas e hirientes es la rabia y la motivación principal de una mala palabra no es otra que dejar salir todo ese malestar que sentimos dentro. En definitiva, las malas palabras, las palabras hirientes, suelen ser la válvula de escape a una emoción que no somos capaces de gestionar.

Las consecuencias de actuar de este modo todos las conocemos, y aunque en muchas ocasiones puede haber reconciliación, lo cierto es que las discusiones frecuentes pueden llegar a distanciarnos  incluso de las personas más cercanas.

Como padres, educadores, o simplemente adultos que deseamos cuidar nuestro bienestar, debemos tomar conciencia del poder de las palabras y de la importancia de saber gestionar nuestras emociones para que ellas no nos acaben gestionando a nosotros.

Aquí tienes algunos sencillos pero efectivos consejos que pueden ayudarte:

1.- “Cuando estés enfadado cuenta hasta 10. Cuando estés muy enfadado hazlo hasta 100”.
Seguro que esto ya lo has escuchado antes. Puede parecer una frase tópica y simple pero su aplicación no lo es tanto. En realidad, de lo que se trata es de encontrar un espacio para conectar internamente con un estado de calma. Centrar la atención en la respiración también puede ser una ayuda.

2.- “Identifica el detonante”.
 Muchas veces estallamos en un determinado entorno o por una determinada causa. Identificar qué es lo que nos hacer “perder nos nervios” juega a nuestro favor, porque nos facilita evitar esa situación antes de que se produzca o, por lo menos, prepararnos para no perder los papeles tan fácilmente.

3.- Expresa cómo  te sientes.
No siempre podrás evitar una discusión.  Suelen decir que la mejor defensa es un ataque, pero lo cierto es que ponernos a la defensiva o atacar con malas palabras cuando alguien nos hiere sólo contribuye a crispar más el ambiente. Es mucho más saludable, al menos para nosotros mismos, ser sinceros y expresar abiertamente cómo nos estamos sintiendo.

4.- Usa el comodín.
Imagina tu paisaje ideal, recuerda tu canción favorita, repite una frase que te motive, revive una vivencia en la que te hayas sentido en calma y con profundo bienestar… cualquier cosa sirve para usar de “comodín” cuando notes que los niveles de ira crecen. Usar el comodín ayuda a  poner distancia y disociarnos de la emoción de rabia.

5.- Encuentra tu punto de fuga.
Lo mejor para gestionar la rabia es no dejar que se acumule. Escribir lo que sentimos en un papel o hacer alguna actividad física nos puede ayudar a descargar y evitar que “el vaso rebose de lleno”.

Conviene recordar lo que decía Séneca:

 La ira es un ácido que puede hacer más daño al recipiente en el que se almacena que en cualquier cosa sobre la que se vierte.

 

Inteligencias múltiples

Al igual que físicamente cada persona es única y singular,
cada persona piensa y aprende de manera única y diferente a los demás.

Durante muchos años el coeficiente intelectual (CI o IQ), ha sido el medidor utilizado para saber el nivel de inteligencia de una persona en relación a su grupo de edad. El primer test de inteligencia se hizo en Francia, cuando en 1905, El Ministerio de Educación francés elaboró un instrumento para distinguir los alumnos que necesitaban una educación especial, respecto a los que podían estar escolarizados en aulas ordinarias.

En 1916,  en plena Primera Guerra Mundial, esta misma prueba se aplicó a más de un millón de reclutas norteamericanos, lo que contribuyó a su difusión hasta 1960, cuando los test de coeficiente intelectual (CI o IQ) se hicieron mundialmente famosos.

Ahora, décadas después, sabemos que la inteligencia no es única sino que hay diferentes tipos de inteligencia. Además sabemos que éstas no vienen determinadas de nacimiento sino que pueden desarrollarse a lo largo de la vida.

La inteligencia no es ni única, ni global, ni estática.

Teoría de las Inteligencias Múltiples
Todos en alguna ocasión hemos usado la expresión “yo soy de letras” o “a mí se me dan mejor las ciencias”. Todos conocemos a personas de nuestro entorno con gran habilidad para aprender idiomas y otras que aunque lleven años de estudiándolos, son incapaces de pronunciar correctamente una frase, sin embargo demuestran tener una gran capacidad para orientarse, para la música o para relacionarse con los demás.

Con lo niños pasa algo muy parecido. Desde bien pequeños demuestran tener más facilidad para determinadas cuestiones y más dificultades para otras. El día a día nos brinda la evidencia práctica que más que una inteligencia con varios factores, existen inteligencias múltiples.

Concretamente  en  1983, gracias a los estudios del psicólogo y científico estadounidense Howard Gardner , se habló por primera vez de las inteligencias múltiples. Gardner habla  de 8 tipos de inteligencias:

  1. Inteligencia Lingüístico-verbal. Relacionada con el uso del lenguaje, comprensión de la lectura, expresión escrita.
  2. Inteligencia Lógica-matemática.Es la que nos permite hacer racionamientos lógicos y cálculo matemático.
  3. Inteligencia Espacial.Permite formar un modelo mental en tres dimensiones del mundo. Orientación.
  4. Inteligencia Musical. Capacidad para entender, interpretar y crear música.
  5. Inteligencia Corporal kinestésica. Capacidad de usar el propio cuerpo,psicomotricidad.
  6. Inteligencia Intrapersonal. Es la que nos permite entendernos a nosotros mismos, identificar las necesidades, las virtudes y las debilidades propias.
  7. Inteligencia Interpersonal.Capacidad para relacionarse con los demás, empatizar.
  8. Inteligencia Naturalista.Es la empleada cuando observamos la naturaleza, el entorno y el concepto global más allá de la individualidad de la persona.

 

Todas estas inteligencias están presentes en cada uno de nosotros. Lo que cambia, lo que difiere de unos a otros, es el grado de cada una de ellas, por lo que cada persona es única e irrepetible.

¿Cómo estimular las múltiples inteligencias en los niños?
Como padres, educadores , docentes y, en general, adultos en contacto con niños, tener presente que cada persona tiene su manera de pensar y de aprender  nos permite acompañarles en su desarrollo y crecimiento de una manera más eficiente. Por eso comparto con vosotros algunas indicaciones que os pueden ayudar en este propósito:

1.- Observa: aunque puedes encontrar cuestionarios que te ayuden a identificar qué inteligencias predominan en un niño, la mejor manera de saberlo es prestar atención a sus intereses, a sus gustos, a sus inquietudes.

2.- Respeta: Nuestras preferencias no tienen que ser necesariamente las preferencias de nuestros hijos. Que a nosotros nos guste tocar un instrumento o jugar a un determinado deporte puede ser una oportunidad y una referencia para los niños, pero nunca una imposición. Proyectar nuestros deseos y frustraciones en ellos quizás ayude a que desarrollen ciertas habilidades, pero lo que sí está claro es que no los hará felices.

2.- Implicación: La mejor manera de aprender algo es haciéndolo uno mismo. Por ello estimular la participación y la implicación del niño es fundamental. Acompáñale en el descubrimiento del  sistema que mejor le va para aprender algo nuevo ( leyendo, escribiendo, escuchando, en forma de canción, en esquema/dibujo, solos, en equipo, practicándolo…)

3.- Integración: Fomenta la globalidad, la interrelación de las asignaturas. En la vida diaria se plantean muchas situaciones en las que debemos utilizar más de un tipo de inteligencia a la vez. Todas las inteligencias son importantes, pues todas ellas tienen su función y todas ellas son necesarias. Trabajar en proyectos o aprovechar situaciones reales del día a día, facilita esta integración de aprendizajes.

4.-Adaptación: No se trata de enseñar cosas distintas a cada niño , sino de enseñar lo mismo a todos  pero de diferentes formas, adaptadas a las características de cada niño.

5.- Hábito y constancia: Por mucho potencial que tengamos para la música, si no estudiamos y practicamos regularmente un instrumento difícilmente llegaremos a ser buenos músicos. Por muy bien que se nos den las matemáticas, si no memorizamos las tablas de multiplicar difícilmente multiplicaremos. La constancia y  el empeño, sumado al potencial es lo que verdaderamente permitirá desarrollar plenamente nuestras las capacidades.

6.- Los valores: Además de inteligente también hay que ser buena persona.  Un gran químico puede utilizar sus conocimientos para crear una vacuna que salve vidas o para crear un arma de destrucción masiva. La historia  está llena de ejemplos de personas con gran talento utilizado para fines egoístas. Por ello, contribuir al desarrollo de las inteligencias de nuestros hijos puede estar muy bien, pero de bien poco sirve si este desarrollo no va también acompañado de valores que, además de inteligentes les ayude a ser personas cívicas y solidarias.

 

Pon en forma tu cerebro: ejercicios de gimnasia mental

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Todos tenemos claro que para mantener el cuerpo en forma tenemos que hacer ejercicio y entrenar los músculos con regularidad si no queremos que éstos terminen atrofiados, pero ¿tenemos igual de claro que podemos hacer para mantener también en forma nuestro cerebro y agilidad mental?

Neuróbica, gimnasia cerebral o brain gym son solo algunos de los muchos conceptos que se utilizan para referirse a ejercicios mentales enfocados a mejorar el rendimiento de nuestro cerebro.

En el post anterior vimos cómo funciona el cerebro y de qué manera de producen las conexiones neuronales. También aprendimos cómo a través de la neuroplasticidad podíamos moldear nuestro propio cerebro, optimizando así su capacidad de adaptación y aprendizaje.

En este post encontrarás sencillas y prácticas recomendaciones que fácilmente podrás incorporar en tu vida diaria, contribuyendo así a retardar el envejecimiento del cerebro y estimular  tu concentración.

Mantener la mente lúcida es un ejercicio tan necesario como mantener la línea

Aquí recojo solamente algunas de ellas, pero ya sean estas prácticas u otras, lo interesante de todas ellas es que las practiques con regularidad. Si eres constante en poco tiempo es muy posible que empieces a apreciar cambios.

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MANO NO DOMINANTE

 

La mayoría de nosotros se nos da mejor  hacer cosas con una mano que con la otra. Un sencillo ejercicio para trabajar la lateralidad del cerebro consiste en utilizar la mano no dominante (es decir, aquella con la que te cueste más) para hacer pequeñas acciones como lavarse los dientes, coger el teléfono, escribir o utilizar el  tenedor durante la comida.

 

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COORDINACIÓN

 

Seguro que puedes dibujar  un cuadrado con una mano y después, con la otra mano, dibujar un triangulo, pero ¿eres capaz de dibujar ambas figuras a la vez, una con cada mano?

 

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Coloca las manos entrelazadas como en la imagen. Uno a uno, ves eligiendo un dedo e intenta moverlo. Difícil eh!!

 

INVENTARIO

Al finalizar el día puedes dedicar 5 minutos a repasar lo que has hecho desde que te levantaste, no tanto para revivir las emociones que hayas sentido sino para identificar todo lo que has ido haciendo.
Otra manera de practicar este ejercicio es cerrar los ojos e intentar describir el espacio que te rodea en ese momento con la mayor precisión posible.

ROMPE LA RUTINA
Cambiar la ruta por la que vas normalmente a algún lugar o cambiar la posición de algún objeto en casa (el cajón de los cubiertos o el de la ropa interior ) ayuda a tomar conciencia del momento presente y evita que actuemos en modo “piloto automático”.

PASATIEMPOS
Aunque su efectividad no está demostrada científicamente, hay corrientes que defienden que los juegos mentales también  ayudan a poner en forma el cerebro. Lo que sí está demostrado es que son una forma sana de pasar el tiempo, en tanto que evitan entrar en pensamientos repetitivos o negativos y además son una manera divertida de ponerse a prueba. Sopa de letras, sudokus, encontrar las diferencias…son quizás los pasatiempos más habituales, pero hay muchos más juegos. Te propongo alguno de ellos ¿aceptas el reto?.

1.- ¿Eres capaz de decir en voz alta el nombre del color de cada una de estas palabras?. No se trata de leer la palabra, sino de decir en voz alta con qué color ha sido escrita.

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2.- En este montón de 9 se esconde un 8. ¿Puedes encontrarlo?.

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3.- Entre tanto grano de café se esconde la cara de un hombre, ¿eres capaz de identificarla?.

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Complementariamente a todo lo anterior, hay dos factores que son claves para cuidar el cerebro: el descanso y la alimentación:

Dormir bien no significa dormir mucho, pero sí las horas suficientes para permitir a tu cuerpo y a tu cerebro que descansen el tiempo necesario. Reducir la cafeína, evitar las pantallas (televisión, tablet, móvil) por lo menos 1 hora antes de dormir o mantener un horario regular  pueden ayudarte a conciliar mejor el sueño.

La alimentación es la gasolina del cuerpo. Está demostrado científicamente que el abuso de azúcares son perjudiciales para el cerebro. Utilizar edulcorantes artificiales, como el aspartamo, tampoco es una buena solución. Lo ideal: reducir su consumo.
Niveles altos de grasas saturadas también han sido relacionadas con inflamación cerebral, causante de pérdida de memoria. Por contra, hay alimentos  beneficiosos como el omega-3 (nueces) y el té verde (antioxidante).
Y una magnífica noticia para los que nos gusta el chocolate: un poquito de chocolate negro al día no solo no es dañino, sino que es altamente recomendable para la salud cerebral. !Guay!

¿Te has quedado con ganas de saber más sobre este tema? si es así, te invito a que veas el fragmento del programa REDES, dirigido por Eduardo Punset, en el que Eduardo Punset entrevista  Shlomo Breznitz, psicólogo y profesor de la Universidad de Haifa (Israel).

Puedes ver el vídeo enlazando aquí.

 

Neuroplasticidad: moldea tu cerebro

neuroplasticidad

Las personas somos animales de costumbres. Tenemos más de 50.000 pensamientos diarios, el 90% de los cuales son exactamente iguales a los del día anterior.

Piénsalo por un instante…desde que te has levantado de la cama hasta este preciso momento ¿cuántos de tus pensamientos, cuántas de tus acciones, cuántas de tus vivencias son las mismas que ayer y que los días anteriores?

Nos levantamos por el mismo lado de la cama, seguimos la misma rutina de aseo, de peinarnos, de vestirnos…nos sentamos en la misma silla para comer y solemos recorrer las mismas distancias, por las mismas rutas, para ir a los mismos lugares.

Muchos de estos pensamientos y comportamientos los hacemos de forma consciente y voluntaria, pero otros muchos se producen de forma inconsciente, permitiéndonos incluso que nuestra mente esté concentrada en otros asuntos, mientras hacemos una tarea. ¿Alguna vez has caminado por la calle pensando en “tus cosas” y has llegado a tu destino sin darte cuenta?

¿Cómo funciona nuestro cerebro?

neuronasEl cerebro está formado por unos 100.000 millones de células nerviosas llamadas neuronas. Las neuronas no son independientes sino que se conectan y se desconectan de otras neuronas intercambiando información, es lo que se llama conexiones sinápticas.

Cuando aprendemos algo por primera vez, en nuestro cerebro se producen las conexiones necesarias entre neuronas para aprenderlo. Como se trata de un “camino” nuevo, hasta el momento inexistente en nuestro cerebro, construirlo requiere de toda nuestra atención, por ello, cuando hacemos algo por primera vez, toda nuestra atención se vuelca en ello y requiere un esfuerzo importante de concentración por nuestra parte.

No obstante, a medida que vamos repitiéndolo, cada vez nos resulta más fácil, más sencillo y requiere menos esfuerzo por nuestra parte. Ello es así porque en cada nueva repetición nuestro cerebro no construye nuevamente ese “camino” entre neuronas, sino que aprovecha el que se construyó la primera vez.

A cada nueva repetición lo que hacemos es reforzar ese camino, hasta que llega un momento en que podemos llegar a hacer algo sin apenas pensar en ello…como caminar por la calle pensando en nuestras cosas.

Con los pensamientos pasa exactamente lo mismo, cada vez que tenemos un mismo pensamiento repetitivo, lo que estamos haciendo en realidad es reforzar un determinado “camino”entre nuestras neuronas, de manera que pensar de una determinada forma puede convertirse en un hábito.

Los hábitos son comportamientos repetidos regularmente, que apenas requieren de esfuerzo racional por nuestra parte.

Tener hábitos puede ser  positivo en nuestra vida diaria y más si éstos son hábitos saludables, sin embargo también pueden ser muy perjudiciales si éstos no son tan positivos para nosotros. En todo caso, una vida llena de  hábitos puede convertirse en una vida rutinaria vívida en modo “piloto automático”, en la que es muy difícil introducir cambios, por mucho que queramos.

Neuroplasticidad v.s. neurorrigidez

Como dice el doctor Joe Dispenza en su libro “El placebo eres tú”:

“Tener los mismos pensamientos de siempre nos lleva a tomar las mismas decisiones. Tomar las mismas decisiones nos lleva a manifestar la misma conducta.
Manifestar la misma conducta nos lleva a crear las mismas experiencias.
Crear las mismas experiencias nos lleva a tener las mismas emociones y tener las mismas emociones nos lleva  a los mismos pensamientos, entrando en un bucle de repetición, siempre igual.

Lo que en el fondo nos  está diciendo esta frase es que tener  los mismos pensamientos reactivan  las mismas estructuras neuronales, gravando en el cerebro un determinado circuito o “camino” neuronal que refuerza que siempre pensemos igual.

La neuroplasticidad se presenta como la alternativa a la neurorrigidez y consiste en pensar de forma distinta a la de siempre, de manera que al hacerlo activamos nuevos circuitos neuronales, construimos nuevos caminos  y, en definitiva, vamos moldeando nuestro cerebro, optimizando su capacidad de adaptarse y cambiar cuando recibe información nueva.

“Siempre que nuestro cerebro funciona de forma distinta, estamos cambiando nuestra mente y a medida que pensamos de distinto modo, los nuevos pensamientos nos llevan a tomar nuevas decisiones y a tener nuevas conductas, experiencias y emociones.

Aplicar la neuroplasticidad en el día a día

Cambiar nuestros pensamientos y comportamientos es fácil pero requiere dedicación. Vendría a ser algo así como ir al gimnasio para perder peso: no basta con la intención o buena voluntad, también requiere ciertas acciones por nuestra parte.

El premio Nobel de medicina Eric Kandel, demostró que si un aprendizaje no se repite lo suficiente, la cantidad de conexiones neuronales que se producen con el aprendizaje se vuelven a reducir a las conexiones de antes de aprender, en tan solo tres semanas, por ello es famosa la máxima que dice que se requieren 21 días para consolidar un hábito. (En realidad para interiorizar un hábito puede hacer falta más tiempo. Según un estudio de la University College London publicado en 2009, la creación de un hábito oscila ente 18 y 254 días, según la persona, siendo el promedio más habitual 66 días.)

Algunas herramientas que pueden ayudarte a mejorar tu neuroplasticidad son:

  • Identifica que pensamientos /comportamientos quieres cambiar. Es mejor no ser ambiciosos y empezar poco a poco y no abrir muchos frentes a la vez.
  • En el caso de los pensamientos, escribe, mejor a mano que a ordenador, el pensamiento nuevo que deseas tener y coloca ese mensaje en algún sitio que sea visible para ti a lo largo del día (en una pizarra, en la nevera, en tu monedero…)
  • En el caso de los comportamientos, visualízate  actuando de ese modo que deseas, creando en tu mente todos los detalles de esa forma de actuar y prestando atención a como es tu voz, tus movimientos, tus palabras, a como te sientes y que te dices a ti mismo actuando de esa manera. Recuerda que tu cerebro no distingue realidad de ficción, de modo que si repites en tu mente un determinado comportamiento, puedes llegar a crear el “camino neuronal” necesario para que éste también se produzca en la realidad.
  • Aprende cosas nuevas: estudiar nuevos idiomas, tocar un instrumento, hacer manualidades…en definitiva, estimular el cerebro con nuevos conocimientos  y aprendizajes  reforzará tu funcionamiento neuronal.

Como decía el filósofo William James:

Cambia actitudes internas de tu mente y cambiarás aspectos externos de tu vida.